Editorial. Ya es tiempo que dejen en paz al pobre José Hernández. Pocos se opondrían a que en 2019 lleguen los premios “Ricardo Fort” o los “Guido Suller”.

Seguramente en 1959 cuando se juntaron una yunta de periodistas del espectáculo, pensaron que sería oportuno ponerle el nombre de Martín Fierro -el personaje de ficción de los gauchos con gran talento- a los premios que consagran al mejor en lo que a cultura y arte se refiere. Claro, faltaba un año para que naciera Marcelo Tinelli -el bolivariano más famoso después de Hugo Chávez y Nicolás Maduro- quien se dio a conocer por su enorme agilidad y astucia para forzar su capacidad bucal morfándose un alfajor, triple y de chocolate, en un bocado.

Qué podían saber los muchachos de la irrupción de la banalidad, como virtud, que transforma en tontería toda incipiencia de talento. Seguramente ellos intentaban motivar a los artistas con el símbolo de la pieza literaria más popular de la Argentina, después de aquella genialidad de la ciencia ficción escrita por Alberdi bajo el nombre de “Constitución”.

Imaginemos a Martín Fierro vistiendo harapos y calzando sus pies envueltos en trapos llegar a la premiación en caballo y al galope, y entre las mesas repartir faconazos a la diestra y a la siniestra -Sra. Mirtha Legrand- pidiendo lo que es debido por explotar, sin permiso, sus derechos de autor.

Ni las nalgas de Sol Pérez ni el escote de Siciliani sorprenderían al gaucho bravío tanto como una “Pampita” rubia, blanca y una tal Flor de la V… con su tranca. ¡La pucha que ha cambiado el mundo!… de aquel desierto a este incierto, ya no hay palenque ande rascarse ni un fucking boliche abierto.

Le han puesto nombre de santo al Rial y todos dicen que la cosa está dura, por eso todos le rezan al de arriba que no es Dios sino un tal Ventura.

Y hablando del tema abierto, está claro que del tema entiendo, por qué callar a mi Martín Fierro, si cualquiera la anda batiendo. Para ligar alguna china, que no sea Suárez pero sí Zorrilla… pero la pucha que fui manoseao hasta el cansancio por hacerme la estatuilla.

Así termina la imagen de Martín Fierro, agarrando la guitarra sin tocarla, rabo entre las piernas como un perro, se volvió a su historia para llorarla.

Preparados… Rusia… ¡ya!

Faltan días, horas, minutos, para colocarnos la intravenosa de suero al cerebro y consumir el sache de fútbol de refuerzo que prescriben los médicos cada cuatro años.

Es un mes y unos días -junio y parte de Julio- que dura la lobotomía. Si no hay para comer no importa, pero que no se corte el cable porque se pudre. Acá la cosa es seria: nada de dólar ni Fondo Monetario, lo que es inadmisible para el futuro es ver a un tal Ansaldi en un yacuzzi mientras tendría que hacer sentadillas para mirar los partidos desde el banco.

Y tuvieron día libre los 23, no se entiende como puede ser que todos nosotros tengamos libre tanto tiempo para hablar de un tipo que no sabíamos que existía. 24 horas desde Rusia, la mejor cobertura y los detalles de la digestión nocturna de Messi, conectados a Sampaoli cual si fuese un Dios.

Rezando para un buen comienzo para el debut con Islandia, la fuerte selección de un país de 300.000 habitantes sin sol y gobernados por un partido que se llama “Pirata”. No hay problema en atontarnos, a quién le importa volverse idiota. Si babeamos como un idiota, lo único que nos importa es traer para siempre a la Argentina, la copa.