Pidió a los empresarios de grandes petroleras que se comprometan a dar respuestas globales por el alto impacto negativo que producen la industria. Además le planteó el desafío de llevar la energía a todo el planeta.

El papa Francisco instó este sábado a directivos de las principales petroleras mundiales que consideren “el impacto ambiental” de sus decisiones económicas, reclamó “respuestas globales” para los problemas energéticos y pidió por el resguardo de la calidad del aire, el nivel de los mares y las reservas de agua dulce.

“Es siempre necesaria una cautelosa evaluación del impacto ambiental de las decisiones de naturaleza económica, para considerar bien los costos humanos y ambientales a largo plazo”, aseguró ayer el pontífice al hablar ante participantes de un encuentro promovido por la Santa Sede sobre energía y petróleo.

En ese marco, Jorge Bergoglio les reclamó que en ese proceso “sean incorporados, lo mayor posible, las instituciones y las comunidades locales”.

Durante su discurso, en la sala Clementina del Vaticano, Francisco destacó que muchos inversores globales del sector están “revisando sus estrategias de inversión para considerar los temas ambientales”.

“Los problemas ambientales y energéticos tienen un impacto y dimensión global. Por esto, requieren respuestas globales, buscadas con paciencia y diálogo y perseguidas con racionalidad y constancia”, les dijo a representantes de Exxon, British Petroleum, la estatal noruega Equinor y otras empresas líderes del sector a nivel mundial.

La reunión, a casi tres años del lanzamiento de la encíclica de Francisco sobre ecología integral, Laudato si, fue el cierre de un seminario de dos días que se hizo en la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano bajo el lema “transición energética y cuidado de nuestra casa común”.

En su discurso, Francisco recordó el “desafío” de hacer llegar la energía a todo el planeta, en un escenario en el que –según el pontífice– casi mil millones de personas no tienen aún acceso a la electricidad.

“De ahí nace el desafío de poder garantizar la enorme cantidad de energía necesaria para todos, con métodos de explotación de los recursos que eviten producir desequilibrios ambientales que podrían causar un proceso de degradación y contaminación, del cual toda la humanidad de hoy y mañana se mantendría seriamente herida”, planteó.

“La calidad del aire, el nivel de los mares, la consistencia de las reservas de agua dulce y el equilibrio de los ecosistemas delicados, no dejan de verse afectados por las formas en que los seres humanos llenan su sed de energía, desafortunadamente con grandes desigualdades”, lamentó Bergoglio.