Donald Trump decidió contribuir a su manera a la “tormenta política” británica. De camino hacia el Reino Unido, el presidente norteamericano se atrevió a insinuar que el plan de Theresa May para suavizar el Brexit no es lo que votaron los británicos.

“Parece que el Reino Unido quiere volver a involucrarse con Bruselas, al menos parcialmente”, declaró Trump, antes de su llegada al aeropuerto de Stanstead y como aperitivo a la cena de gala en su honor en el Palacio de Blenheim, la cuna de Winston Churchill.

“Creo que les gusto mucho a los británicos y que estamos de acuerdo en el tema de la inmigración, por eso votaron a favor del Brexit”, dijo Trump. “Los británicos votaron por la ruptura e imagino que eso es lo que harán… Brexit es Brexit”.

“Voy a un sitio muy caliente donde han habido muchas dimisiones”, agregó el presidente norteamericano, en referencia a las renuncias como titular del Foreign Office Boris Johnson y del ministro para el Brexit David Davis. “Me gusta Boris Johnson, siempre me ha gustado”, recalcó Trump, que no descarta hacer un hueco en su apretada agenda para verse en privado con el secretario dimisionario.

La ‘premier’ Theresa May se vio obligada a defenderse de antemano y a rebatir las palabras de su ilustre huésped. “Hemos llegado a un acuerdo que respeta absolutamente el voto popular”, declaró May, en el momento de recalcar el fin de la libertad de movimientos y la independencia de los tribunales europeos. “Estamos cumpliendo con con lo que votó el pueblo británico”.

Si mencionar a su invitado, May señaló que su visita será “un oportunidad para profundizar en nuestra relación única y para empezar las conversaciones sobre un reforzado y ambicioso acuerdo comercial en el futuro”. May pasó por alto el esfuerzo extra de 13 millones de euros y 4.000 agentes de policía (el mayor despliegue desde los disturbios callejeros del 2011) que las autoridades británicas han tenido de desplegar para blindar al presidente ante el aluvión de protestas convocadas en Londres y en Edimburgo.

El primer rifirrafe entre May y Trump se produjo en cualquier caso en el momento más inoportuno, justo cuando el nuevo ministro para la salida de la UE, Dominic Raab, tomaba la alternativa en el Parlamento en sustitución de su ex jefe David Davis. Raab tuvo de entrada la misión imposible de aplacar la impaciencia y la ira de los parlamentarios por el retraso en la publicación del Libro Blanco del Brexit.

El nuevo ministro del Brexit defendió el plan de May como “audaz, ambicioso y pragmático” y pidió a los críticos que entierren el hacha de guerra o se presenten “un alternativa creíble”. Los diputados partidarios del Brexit duro, con Jacob Ress Mogg a la cabeza, alertaron de entrada contra la letra pequeña del Libro Blanco, incluida “la continuidad de la libertad de movimientos para los inmigrantes cualificados y estudiantes de la UE”.

El Libro Blanco desarrolla los 12 puntos contenidos en el plan adelantado por la propia May tras su cónclave de ministros en Chequers, bajo el principio de “un marco regulatorio común” con la UE en productos industriales y agrícolas, pero reclamando la capacidad del Reino Unido para negociar acuerdos comerciales con otros países.

El fantasma de Boris Johnson

El plan de May contempla también la firma de un acuerdo con la UE que posibilite el funcionamiento como “un territorio de aduanas combinadas”, de modo que no haga falta controles y que el Reino Unido pueda recolectar los aranceles de los productos que entren y salgan de su suelo. En su carta de dimisión, Boris Johnson criticó esta solución como la reducción del Reino Unido “al estatus de una colonia”.

El fantasma de Boris Johnson estará presente durante la visita relámpago de Trump, a quien Downing Street reclamó de entrada que renunciara a un encuentro Nigel Farage, el ex líder nacionalista del Ukip. Farage participó el jueves en un acto de desagravio en el Parlamento, organizado por Bow Group, un “think tank” de la derecha dura.

Boris Johnson suspendió todas su apariciones públicas desde su dimisión, el pasado lunes. El embajador norteamericano, Woody Johnson, el mismo que incitó recientemente al Gobierno británico a acabar con su actitud “derrotista” ante el Brexit, declaró que un encuentro entre Boris y Trump no está de momento previsto.

“Pero el presidente hace su propia agenda y lo haremos lo posible si quiere hacer algo al respecto”, precisó el embajador. “Boris Johnson ha sido siempre un amigo del presidente, lo fue durante las elecciones y tienen una cálida relación. Si considera apropiado verse con él, tomará esa decisión”.

La casa de su embajador junto a Regents Park, donde Trump tenía previsto pernoctar el jueves, será una de la contadísimas paradas del presidente norteamericano en Londres. El programa oficial (incluido su encuentro con May en Chequers y con la reina Isabel II en Windsor) discurre casi todo el tiempo fuera de la capital británica, donde se espera que más de 50.000 manifestantes protesten contra su visita bajo la sombra del ya famoso BabyTrump. El presidente partirá el viernes con Melania hacia Escocia, donde se espera que pase el fin de semana practicando el “swing” en su campo de golf.