La oposición es para Duran Barba, más fácil que la tabla del uno. Caen una y otra vez en la trampa persiguiendo el cebo de un queso sintético sin, siquiera, aroma.

Pablo Benito

El 23 de julio pasado un decreto presidencial, el N° 683/2018, establecía una serie de modificaciones de forma, en cuanto a la regulación de actividades de la Fuerzas Armadas, que fueron denominadas con grosera exageración desde el gobierno, como de reestructuración de las FFAA.

Desde la otra vereda de la política -y aparentemente de la ideología-, se fueron a la banquina gritando como slogan que se trataba de militarizar las calles de la Argentina. Claro, mientras tanto el país se hunde en una recesión que no prevé rebotes a la vista.

Lo primero que debería hacerse, de estar uno en sus sanos cabales a la hora de anunciar “Nunca Más”, de nuevo, sería leer el Decreto. Primero el texto pelado sin entrelíneas y luego subjetivarlo. Una lectura política no puede prescindir de la coyuntura en que la misma se hace y, si es intelectualmente honesta, sería recomendable tener un juicio antes que enarbolar un pre-juicio.

 

Textual Mente

El kirchnerismo lógicamente, no puede pedir que el Decreto N° 683/2018, de Macri, pase por el Congreso toda vez que, el mismo, deroga un decreto anterior, el 727/2006 de Néstor Kirchner, que omitía la institucionalidad de la consulta legislativa en materia de rol de las Fuerzas Armadas. Claro que, según la tribuna que aliente a cada presidente, esto se verá como bueno o malo. Lo que no se puede discutir es que cualquier norma que regule la función de las Fuerzas Armadas debería ser tratada responsablemente. La historia argentina demuestra que, en esa materia, si no hay política de Estado, se está propenso al terrorismo de Estado o a las caras con betún.

El decreto presidencial a estrenar, establece una serie de prerrogativas que encuentran su límite en la legislación en materia de defensa impuesta por la Ley N° 23.554, con las limitaciones previstas en las Leyes N° 24.059 y N° 25.520. Es decir, puede estar el ejército en las calles, tanto como lo está actualmente, en algún desfile militar, pero no se trata de una Doctrina de Seguridad Nacional “vintage”.

Para hacer memoria, en vías al “Nunca Más”, recordemos a aquella doctrina bajada por los EEUU hacia Latinoamérica en el contexto de una Guerra Fría que se enfrentaba en conflictos de baja intensidad, en el territorio, en donde la oposición política al sistema tenía, como una de sus expresiones más fuertes, a la guerra de guerrillas. ¿Hay similitud entre aquellos años 60-70 con la actualidad? Claramente no.

Difícil será para la izquierda asumir que el ejército y el partido militar como expresiones presentes en la vida política nacional, fueron disueltos por el gobierno neoliberal del riojano más famoso, Carlos Menem, quien le quitó a la estructura militar, su predicamento sobre la sociedad, eliminando el servicio militar obligatorio.

Por eso es que, aunque ponga nervioso a más de un nacional y popular, Menem hizo mucho más por la desmilitarización del Estado que el propio Kirchner descolgando un cuadro de la galería de presidentes, gesto fuerte pero que no modifica un ápice lo sucedido y que bien tendríamos tener presente y no negar.

El dato es objetivo, tanto que hoy un decreto podría plantear la vuelta a la Doctrina de Seguridad Nacional, pero sería papel mojado dado que no hay cuadros militares ni logística ni presupuesto para llevar a cabo una carnicería como la implementada a mediado de los 70 y principio de los 80.

 

¿Qué resuelve Mauricio en su decreto?

En su Artículo 1°. “Las Fuerzas Armadas, instrumento militar de la defensa nacional, serán empleadas en forma disuasiva o efectiva ante agresiones de origen externo contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de la República Argentina; la vida y la libertad de sus habitantes, o ante cualquier otra forma de agresión externa que sea incompatible con la Carta de las Naciones Unidas.”
En definitiva más de lo mismo. Macri habla sin decir nada, pero esta vez lo hace en un decreto.

El propio límite que hace que la retórica sea “cháchara” es que sigue reconociendo como lineamiento a las Naciones Unidas. Fin de la cita.

Artículo 3°. “Las Fuerzas Armadas enmarcarán su planeamiento y empleo en los siguientes tipos de operaciones: Operaciones en Defensa de los intereses vitales de la Nación; Operaciones dispuestas en el Marco de la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) u otros organismos internacionales; Operaciones encuadradas en la Ley N° 24.059 y Operaciones en Apoyo a la Comunidad Nacional e Internacional. A tales efectos, ajustarán su formulación doctrinaria, planificación y adiestramiento, en la previsión de las adquisiciones de equipos y medios de conformidad a las previsiones de la Ley N° 23.554, con las limitaciones previstas en las Leyes N° 24.059 y N° 25.520 ”.
Mucho “gre gre” para decir “igual que antes pero idéntico”.

El único punto del decreto que puede resultar equívoco, es el que plantea “…el Ministerio de Defensa considerará como criterio para las previsiones estratégicas, la organización, el equipamiento, la doctrina y el adiestramiento de las Fuerzas Armadas, a la integración operativa de sus funciones de apoyo logístico con las Fuerzas de Seguridad.”

Verdad de Perogrullo resultaría recordar que las Fuerzas Armadas se encuentran absolutamente desarticuladas en su capacidad operativa y que deberían ser las Fuerzas de Seguridad las que aprovisionen a las FFAA y no a la inversa, al igual que la formación y el apoyo lógistico.

Las FF.AA., como ese hueso fósil que se encuentra escavando y limpiando con un pincel, son un gigante muerto, pero el valor que tiene es por lo que fue.

Lo que Macri necesita es terminar de liquidar el patrimonio del ejército que, sólo desde el punto de vista inmobiliario, hoy es el área del Estado con mayores bienes (sólo para dar un ejemplo cercano, imaginemos el valor de la 11 hectáreas en el que se emplaza el Regimiento 12, en el macro centro santafesino, frente al hospital Cullen).

 

“Ara, Ara, aquí me pongo a olvidar…”

Pasaron ocho meses de la desaparición del submarino ARA San Juan, en el que viajaban 44 personas y el hecho desapareció de la agenda política como por arte de pauta. Es que, precisamente, el submarino no se encontraba haciendo un paseo por las profundidades de los límites del mar argentino para divertir a sus tripulantes. La misión encomendada a las FFAA era, precisamente, impedir la pesca ilegal de buques extranjeros en jurisdicción nacional. El propio Ministro de Defensa, Aguad -conocido por su poco tacto estratégico con su verba-, manifestó en un par de ocasiones esto que no tuvo repreguntas ni polémicas en la TV de paneles y diarios que titulan con “Escándalo en…”.

La Marina, en ese caso y no en razón de decreto alguno de Macri, no patrullaba las profundas aguas del Atlántico para impedir un desembarco inglés tipo Normandía, hacía un esfuerzo inútil por tomar infraganti a los cientos de buques pesqueros que nos chorean el recurso ictícola y que están causando estragos en la biodiversidad de la costa Argentina.

No por decreto, sino por causas no determinadas, el último submarino argentino que podía desarrollar esa tarea y sus 44 tripulantes, no están más. No existe la posibilidad de que la Marina, que antes chupaba jóvenes en la ESMA y ahora intentaba morigerar la depredación ictícola, pueda hacer ese servicio a la Nación. No se estaba preparado para una invasión proveniente de Malvinas por el ARA San Juan, se estaba equipado, desde las FF.AA. para cuidar los recursos naturales propios. El Mar Argentino era un colador, ahora directamente es un chorro. Agua de nadie, pesca de todos.

 

 

Low Cost = High Gain

Así como un camión anfibio pudo asistir en nuestras trágicas inundaciones, un helicóptero especial salvar vidas en una avalancha en Salta, llegando a sitios inaccesible, o un submarino realizar tareas de preservación de recursos, no hay mayores posibilidades de aportes logísticos de las Fuerzas a la seguridad interior, excepto prestar la base aérea de Morón para que la gobernadora Vidal se sienta cómoda y segura, o brindar su logística y estructura para servir al nuevo negocio de las Low Cost que tienen su centro en la base aérea de Palomar.

Para tranquilidad de los lectores debemos decir, sin temor a equivocarnos, que lejos estamos de vivir épocas oscuras con el ejército en las calles. Podemos vivir cosas peores, pero no esa. Y si alguien pretende interpretar a Macri en sus intenciones, la forma de errarle lo menos posible es verlo por el lado económico -ya no macro, sino micro- en relación a los grupos económicos que fueron su sostén desde SOCMA a la presidencia, pasando por Boca y el gobierno de CABA. No son muchos apellidos. No es fácil comprender por “donde viene”, nunca o casi siempre, la matriz de las decisiones del gobierno de cambiemos es política-ideológica.