Editorial. La historia de los cuadernos es realmente inverosímil en su forma, pero no en su contenido. Puede que haya sido al revés, primero Bonadio y Stornelli fueron puestos en autos del procedimiento del “Club de la Obra Pública” que no era -ni mucho menos- un rejunte de patricios con extracción de sangre en la entrada para verificar si era azul.

Siquiera era necesario contar con una determinada cantidad de glóbulos K en el análisis. El único requisito exigido era que figure en la lista de donantes. Y lo sea.

Nestor Kirchner incorporó una serie de factores y tipos propios a esa lista que no le respondían directamente a él, eran él. Era la “vía de financiamento del modelo”.

Así se dio el crecimiento exponencial de diversos grupos que no figuraban en ninguna lista de “grandes”, hasta antes de 2003. Algunos más para repartir la torta con esos otros “consagrados” que nacieron de una década para otra, de un día para otro. Sea con Menem, Alfonsín y, sobre todo, con la dictadura, las apariciones de firmas importantes fueron, realmente, de un día para otro.

No solamente vinculados a la obra pública sino a toda y cada variante de disposición de patrimonio público. Sea privatizando bienes del Estado, privatizando fondos o estructuras. El Estado siempre cumplió un rol organizador de la corrupción. Se junta la plata de todo en una bolsa y de ahí es más fácil apropiarse de ella sin tener que recurrir al difícil trabajo de ir uno por uno a vaciar los bolsillos de los ciudadanos.

Se puede robar con subsidios, con una devaluación o con privilegios impositivos.

En la década ganada el sector de la obra pública, de los servicios concesionados y el sector financiero vieron crecer corporaciones novatas en el draft de las mejores posicionadas. Austral Construcciones, Indalo, Electroingeniería, Petersen, Macro, Isolux Argentina y también se consolidó el grupo de la familia Macri. Quizás para sorpresa del propio Franco un día la ruleta dejó caer la bola en la presidencia de la Nación, pero ya venían ocupando espacios de poder administrativo con el que se sentaban a negociar, como grupo, con la política que tiene la birome para la firma final del Estado. Es por eso que IECSA, fue una de las empresas más enriquecidas de los ciudadanos privilegiados de la patria contratista, hoy relacionada al “primo”, Calcaterra. Claro está, Angelo, no era un elegido beneficiario del obsequio de los Macri por ser, él, su estimado pariente.

Quizás vendría bien, a esta altura de la historia argentina, en la que no hay bandos inocentes sino que tienen la patria como destinatario de su vocación de servicio acunada en cierta infancia de actos escolares.

Sabemos que no sabemos nada, pero también que algo es evidente. Ni Macri, ni los Kirchner son enemigos en esta historia tan parecida a una historieta de previsible guion.

También se puede percibir que la crisis en la región parió un nuevo actor institucional que no es la Justicia sino que son algunos pocos tocados por la varita mágica del norte que, aunque no lo veamos, siempre está. Es Moro en Brasil, son Bonadio e Irurzun en la Argentina. También es Carrió y su grupo de porristas denunciantes que meten el dedo en donde no hay una llaga pero se termina ulcerando de tanto ir las féminas a esa herida.

Así como es notable que los Kirchner y Macri no fueron enemigos y ambos ganaron en la década del triunfo, deberemos rendirnos ante la ignorancia de quien es el dueño de Carrió, Bonadio, Irurzun y cierta facción fina de los medios de comunicación.

Tienen jefes, claro que sí, pero no sabemos cuáles. Vendrán del norte, del Asia, de Europa o con vuelo directo del Vaticano. Pero esos loros no aprendieron a hablar por correo.

No sabemos nada, porque esta composición de Poder no se vota en las presidenciales ni se ofrece controlarlas en las legislativas. Este Poder verdadero, el que tiene la llave justa para la tuerca exacta, no está en las listas que entran en las urnas -frágiles- como el cartón.

Este relato comienza ahora y lo escriben, por primera vez, con detalles del lujo, sus actores partícipes, los empresarios. Cantarán hasta morir lo que saben ­ -lo que no saben también- y el cuaderno será la concreción de la teoría de la profecía autocumplida.

De tanto mencionarla se transformó en algo parecido a lo cierto.

Es claro que aquí empezó a tejerse una historia demasiado fina como para atribuírsela al mito Bonadío. Hay una intención detrás de esta maniobra institucional ­económica y financiera, no es producto de la improvisación. Al final del camino se podrá percibir algo. Por lo pronto sabemos lo que desde esta columna venimos sosteniendo y es que cierta parte de la Justicia se transformó en la aristocracia del demos (pueblo) y en un número escaso de integrantes decide quién gana y quien pierde. Por supuesto dentro del grupo de los ganadores. Lo nuestro sigue igual. Espectando lo que pasa allá arriba con lo que producimos acá abajo.