El restaurante se llama “Oma’s Küche”, que significa cocina de la abuela. Pero parece que la abuela no quiere cenar con los nietos. El restaurante, situado al norte de Alemania, ha sido noticia al prohibir a niños menores de 14 años durante la hora de la cena.

Es una táctica que otros restauradores han intentado, a veces con mucho éxito, y, a veces, con una gran reacción negativa.

Rudolf Markl, el propietario de Oma’s Küche, dijo que la decisión ofrecería un “oasis de paz” a los turistas que visitaran su restaurante del Mar Báltico. Según el sitio web alemán DW.com, el hombre tomó la decisión de prohibir a los niños por las noches tras varios incidentes relacionados con el mal comportamiento de los más pequeños y ante la pasividad sus padres, que miraban sin hacer nada. Dijo que la regla no está diseñada para castigar a los niños sino a los padres “que no pueden controlar a sus hijos”, señaló la agencia de noticias DPA.

La reacción, como era de esperar, ha estado muy polarizada. Los comentarios en las redes sociales han sido duros, pero también hay muchas personas que se han animado a alentar a Markl a continuar con la política.

Las prohibiciones a los niños tienden a ocurrir después de que un restaurante haya observado un patrón de comportamiento inadecuado en los pequeños, ya sea por daños a la propiedad o porque los clientes se han quejado de ello. Esto es especialmente cierto en restaurantes de alta cocina, donde la gente espera un ambiente de adultos. A veces esas quejas llegan incluso de otros padres: imagina que pagas USD 120 por una niñera en una fecha muy señalada, solo para sentarte junto a otros niños pesados que interrumpen tu cena una vez más. Pero otros padres han alentado los boicots de tales lugares, diciendo que están participando en la discriminación por edad.

Cuando Hampton Station, un restaurante en Tampa (Florida), colocó un cartel de “no niños” en sus ventanas, hubo una gran protesta. El propietario del local, Troy Taylor, declaró a Today que la decisión se tomó después de un incidente con un niño en el patio del restaurante, pero se negó a dar más detalles de lo que ocurrió. “Básicamente se trata de la seguridad de los niños. Somos un lugar pequeño y local, y no podía soportar que alguien se lastimara, especialmente un niño que estaba bajo nuestro cuidado”, indicó.

En Nueva Zelanda, un restaurante llamado Little Bistro prohibió a los niños menores de 10 años porque el lugar es muy pequeño, y aquellos que juegan han llegado a lastimar a los meseros mientras caminan.

“Cualquiera que haya trabajado en la restauración siempre soñaría con tener un restaurante libre de niños”, apuntó el propietario, Richard Uttley, que dijo que su medida no había causado mucho revuelo en la zona.

Ese no fue el caso de Chart Room, un restaurante en Inglaterra que fue boicoteado después de anunciar su política de “no niños” en agosto del año pasado.

“Mi principal grupo demográfico son las personas mayores y más maduras que quieren paz y tranquilidad”, dijo el propietario Bob Higginson a Metro. “Quería que la gente pudiese venir y hablar de los viejos tiempos… tener una nostálgica charla sin niños corriendo y distrayéndolos”.

Pero algunos residentes no estaban de acuerdo con eso: “¿Prohibiría que personas con discapacidad ingresaran a sus instalaciones? ¿O personas de una raza, color o religión en particular?”, le preguntó al periódico la residente Wendy Moore.

En general, los restaurantes que prohíben a los niños tienden a capear bien las quejas. Muchos incluso ven un aumento en sus negocios. En Caruso’s, un exclusivo restaurante italiano en Mooresville (Carolina del Norte), las reservas aumentaron luego de que el negocio prohibiera niños menores de 5 años.

“Tenía varios clientes que se quejaban, se levantaban y se iban porque los niños los molestaban, y los padres no estaban haciendo nada”, señaló el propietario Pasquale Caruso al Mooresville Tribune. “Empezó a parecer que ya no era Caruso’s, sino una pizzería local”.

Pero después de la prohibición, pasó de atender a un promedio de 50 clientes a 80 clientes al día.

Markl, de Oma’s Küche, no espera que eso afecte a su negocio en absoluto. Su restaurante está lleno y hay muchos otros lugares para que los padres vayan. Y ha recibido el apoyo de otros dueños de restaurantes. “Dijo que ha estado pensando en esta idea durante 22 años y que quería hacerlo, pero simplemente no había tenido coraje”, apuntó Markl.