20 provincias tienen superávit fiscal primario, 2 permanecen en déficit (Corrientes y Jujuy) y otras 2 (La Pampa y San Luis) mantienen sus cuentas en reserva.

Por Pablo Benito

 

Es difícil explicar, para la ideología, por qué la provincia que cumplió los deberes recomendados por el FMI, para las economías periféricas, no sólo es kirchnerista sino que mantiene el apellido Kirchner, de Alicia, como jefa del Estado provincial santacruceño.

El feudo nacional y popular realizó un ajuste brutal administrativo, en dos semestres, que lo llevó de un déficit de -1,2 % a un superávit fiscal de 17 % al cierre del ejercicio de este semestre.

Macri quiere trasladar a las provincias, sin partida especial coparticipativa, los subsidios del transporte, el costo de la tarifa social de gas y de la energía eléctrica. Esto al menos en el trazo grueso escrito en un posible acuerdo, a sabiendas que, últimamente, el indicador macroeconómico tiene fecha de vencimiento en horas y lo que aparece como factible hoy, se transforma en imposible mañana. Como en la economía doméstica.

¿Por qué las provincias pasaría de pedir “flan” a la Nación, a ser quien lo paga? Algunas razones.

 

El chantaje de la crisis

La quita del Fondo sojero, de un plumazo que certifica dos cosas, la primera es que el presidente está dispuesto a negociar su pasivo, pero no discute los activos que, del lado del haber, equiparan las cuentas fiscales en los ingresos.

Las razones que podrían llevar a los gobernadores a ir en contra de los intereses de sus provincias sólo podrían ser personales o de identificación más con un proyecto político electoral que con sus representados.

El caso del subsidio del transporte, es emblemático, porque gran parte del financiamiento del mismo se extrae del impuesto a los combustibles que pagamos cuando cargamos en nuestros vehículos. Con lo que Nación, al quitar dicho impuesto podría inflar el pecho ante la ciudadanía o las petroleras por quitar el gravamen, mérito político que abonarían las provincias recortando gastos por fuera del sistema o aumentando impuestos locales. La medida, además, acentuaría las inequidades entre provincias que pueden subsidiar más o menos el transporte público, siendo que los gastos son mucho más onerosos en un interior por menor promedio en la ecuación corte de boleto, distancia recorrida.

 

Santa Fe, dice

“Es casi imposible que el gobierno (provincial) se haga cargo de todos los gastos que va a traspasar Nación. Obligaría a hacer recortes brutales en otras áreas”, dijo el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz. ”No somos responsables del déficit” y es injusto que lo paguemos”, al tiempo que advirtió que en su caso “falta un trecho para la foto con el Gobierno”, haciendo alusión a las condiciones desfavorables para una negociación mínimamente seria de renunciamientos mutuos.

“Nosotros no somos responsables del déficit nacional y es injusto que las provincias lo paguemos”, dijo el mandatario santafesino en cuanto a la intención del presidente de trasladar el déficit a la provincia para cumplir con las metas del FMI de empardar las cuentas fiscales en 0 % para 2019.

Discutible o no, la posición del santafesino, es de un sentido común meridiano al establecer que no se prestará a “un debate que puede ser razonable (sobre el Presupuesto 2019) y termine siendo un aval de todos los gobernadores a la totalidad del proyecto económico”.

 

El ajuste llegó hace rato

La “no política” nacional y la “no intervención del Estado” cedió el gobierno a un gobierno, que aparenta invisibilidad, llamado “Mercado”. No fue votado, no participó en campañas electorales, ni debió recurrir al parlamento para imponer las medidas. Sin embargo, su efectividad es innegable y su plan más que conocido.

Los efectos de la devaluación sobre la estructura económica han resultado revolucionarios y, en los próximos meses se verá consolidado un modelo que ni la peor de las dictaduras, ni la mejor de las revoluciones podrían haber logrado en tan escaso tiempo y sin tirar una sólo bala.

En el corto plazo con la bicicleta fitness obtuvieron réditos, con intereses en dólares. Durante un año jugaron un juego que no es de niños: mudarse frenéticamente del dólar al peso -vía Lebacs- con un dólar estable que, en el cambio, les permitió obtener una renta financiera única en el mundo entre 2016 y 2018. ¿Quién pagó y seguirá pagando ese flan de alto gourmet? El Estado argentino o, mejor dicho, quienes viven dentro de los límites nacionales y no comercian en el exterior y saben que el dólar es verde porque de chicos vieron Donald Mc. Pato.

En el mediano plazo, el descalabro de la economía real, fortalece el modelo que no aparece en plataformas electorales y que responde a una “misión” internacional que tiene a la Argentina dentro del capitalismo mundial y se trata de ser el patio trasero de EE.UU. y la huerta de la Europa central a la que se suman la demanda de alimentos asiáticos.

 

El cambio estructural

En el largo plazo, se acomoda a los países del cono sur a financiar con el producto de sus recursos naturales. La crisis económica más profunda del capitalismo es el rebote de la revolución tecnológica que llevó la robótica a ser la mano de obra primordial en la producción de bienes y servicios, sustituyendo, en cada unidad de trabajo a millones de trabajadores-consumidores que hacen que la ecuación no cierre.

Trump, es el representante de esta “vuelta de rosca”. Su política “socialista” tiene un objetivo claro y dos medidas gruesas. El objetivo es potenciar su mercado interno y para hacerlo necesita pleno empleo y salarios más altos. A partir de esto interviene con un Estado policía que promociona la producción nacional, con barreras arancelarias a manufactura externa y sobrevalúa su moneda para comprar más barato y vender más caro. Simple.

 

¿Macri no entiende?

Macri importa poco… y exporta mucho. Con Scioli, Massa, CFK o Altamira en el gobierno, lo que deberán enfrentar es una guerra fría comercial entre EE.UU. y el resto del mundo desarrollado que nos tiene como espectadores en la bandeja alta en donde los jugadores se ven como hormigas.

No es “fenomenal” la incursión de una nueva aristocracia, en Latinoamérica, corporizada en una Justicia que se transforma en el interlocutor válido y más dócil para disciplinar a la política (y los políticos) de los países subdesarrollados. En términos culturales, el fracaso de la “autodeterminación” como pretensión de los pueblos en vías de desarrollo se puede observar en la apatía y depresión de la población ante la pérdida de calidad de vida en forma violenta.

Las palabras del presidente Macri y la parodia del flan comunican el conformismo que se mantiene como meta. No se puede “gastar lo que no se tiene”, proviene de la retórica aleccionadora de sectores sociales que no pueden “gastar o que tienen”, porque no saben qué hacer ya con lo que sí poseen y siquiera pueden medirlo. La “meritocracia” que se impone es la que connota la verdadera brecha nacional que no es, para nada, la virtual de las redes ni la que se expresa cada dos años en elecciones formales.

El paradigma es que los que mucho tienen, más tienen derecho a tener y los que menos tienen, menos pueden pretender gastar. Medido siempre desde lo económico coyuntural, no se habla ya de igualdad de oportunidades, de acceso a derechos en la primera infancia como punto de partida de esa equidad, ni por acceso a la salud, la vivienda, la educación y la alimentación de la sociedad en general y de los sectores más vulnerables en particular.

 

Escriturar la crisis

Vertiginosamente cambió, en nuestro país, la estructura social y política. Esta vez no hubo golpe de Estado, ni desapariciones, ni tanques en la calle.

Un golpe de mercado hizo que los salarios bajen, que los servicios suban, que la deuda crezca para que el Estado se ajuste, nuevamente y reduzca gastos de su deuda social interna, para cubrir la especulativa financiera externa.

Parecen errores, pero al final de la jornada con vencedores y vencidos por la crisis, a la vista, es difícil equivocar el análisis del rumbo que va tomando la región y que la fuga de capitales es para el que los ve ir, una tragedia, pero para el que escapa de la crisis fortalecido para volver por más, un triunfo en su estrategia de acumular mayor poder a partir de la debilidad del prójimo.

El cepo, en este caso, es a la soberanía económica del país. Macri es, apenas, la cara visible de un golpe que ahora busca escribano para que transfiera los bienes formalmente.