Cómo confesión de parte, el nuevo titular del BCRA, explicó la estrategia monetaria. Sacar pesos del mercado para impedir la compra de dólares y frenar la inflación. Es decir, imprimir poco, nada o apenas…

Por Pablo Benito

El primer síntoma grave, a futuro, de la economía argentina es que desde hace ya un año que sólo se habla del sector financiero. Los posibles debates cuyo objeto son la industria, el agro, la producción o las nuevas tecnologías han sido dejados de lado y, precisamente, la variable que puede esperanzar a la ciudadanía no está en la city porteña. Más bien lo contrario.

 

El que apuesta al dólar “está loco”

De los realizadores de “hay que pasar el invierno”, el que “apuesta el dólar pierde” y “el que depositó dólares obtendrá dólares”, llega el éxito primaveral del gobierno de Cambiemos en la voz del presidente del Banco Central (BCRA), Guido Sandleris, quien estrenó la tragicomedia que promete romper las taquillas, tablitas, entre otras cosas. “Ni loco compro dólares” se desarrolla en plena recesión en el país y luego de que saliera eyectado del puesto que él hoy ocupa, el Messi de las finanzas y el héroe de los mercados, Luis “Toto” Caputo.

Sandleris, fundamentó su cordura atada al peso -y muy lejos de la divisa norteamericana-, explicando su estrategia maestra, en donde habrá “zonas de intervención y de no intervención” en lo que será una banda cambiaria de “entre 38 y 42 pesos por dólar”, margen suficiente como para que funcione, engrasada, la bicicleta financiera (aunque lo haga pedaleando sobre un aparato fitness fijo al piso pero seguro ante los desequilibrios).

La idea de secar de pesos el mercado interno puede cerrar las ecuaciones monetarias, sí, pero también la panza de los sectores más vulnerables que verían alejarse las posibilidades de moverse en la economía informal.

El tercer titular del BCRA en lo que va del año, expresó que “creemos que para la economía argentina hay beneficios importantes de que el tipo de cambio flote. No creemos en el dólar fijo. Nos parece importante definir una zona amplia de no intervención”.

Más allá de las creencias del funcionario, que no deberían ser censuradas ni censurables –sería tan cruel desdecirle como revelarle a un niño que Papá Noel son los padres– la idea de secar de pesos el mercado interno puede cerrar las ecuaciones monetarias, sí, pero también la panza de los sectores más vulnerables que verían alejarse la posibilidades de moverse en la economía informal que es la que recibe esos “pesos” que “sobran”.

De todos modos, queda claro que el relato, sea cual fuera, cambia en días, lo que era “conseguir dólares de exportaciones o inversiones para asistir la demanda de la moneda extranjera”, hoy se trata de frenar, aún más, el consumo y desangrar la actividad económica acentuando, mediante la intervención estatal, la recesión artificialmente para congelar la economía real.

 

El nuevo acuerdo con el FMI

El ministro de Hacienda de la Nación, Nicolás Dujovne, y la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, anunciaron desde Nueva York una ampliación por US$ 7.100 del acuerdo stand-by que la Argentina firmó con el organismo internacional hace tres meses. Así, el nuevo préstamo comprende desembolsos totales por US$ 57.100 millones. ¿Cuánto representa este nuevo acuerdo para la economía argentina?

Según los datos del FMI y del Ministerio de Hacienda, el nuevo total que acordó el Gobierno nacional alcanza casi el 12% del Producto Bruto Interno (PBI) para 2018, considerando el PBI que se calcula en el Proyecto de Presupuesto 2019. Este porcentaje está por encima de lo que llegaron a representar los desembolsos del organismo en marzo de 2000 (5,5%), durante el gobierno de Fernando De la Rúa (UCR), y en septiembre de 2003 (6,5%), durante el de Néstor Kirchner (FPV-PJ). Se trata, entonces, del préstamo más grande que recibió la Argentina por parte del FMI, tanto en relación al tamaño de su economía como en dólares constantes (es decir, considerando la inflación de la moneda estadounidense).

El nuevo monto del acuerdo con el FMI equivale a 255 millones de jubilaciones mínimas y más de 1.300 millones de AUH (Asignación Universal por Hijo), el programa con mayor cantidad de beneficiarios sociales en todo el país.

 

Para dimensionar a cuánto equivalen las cifras que circulan en el debate público, se puede calcular que el nuevo monto del acuerdo con el FMI equivale a 255 millones de jubilaciones mínimas y más de 1.300 millones de AUH (Asignación Universal por Hijo), el programa con mayor cantidad de beneficiarios sociales en todo el país. Se llega a estas cifras al considerar la cotización al 26/9/2018 del dólar ($39,2) que informa el Banco Nación.

Según lo anunciado por Dujovne en conferencia de prensa, además de los US$ 15 mil millones que la Argentina recibió en junio por parte del FMI el país contará con US$ 13.400 millones más este año y con US$ 22.800 millones en 2019. “Los fondos del programa ya no serán tratados como precautorios y estarán disponibles para su uso como apoyo presupuestario”, agrega el comunicado oficial que difundió Hacienda. A cambio, el déficit primario (es decir, sin contar los intereses de la deuda) de la Argentina deberá alcanzar el 0% del PBI el año que viene.

“Finalmente, como parte del compromiso presente en el acuerdo inicial de proteger a los sectores más vulnerables, se acordó que el gasto en asistencia social deberá mantenerse por encima 1,2% del PBI. Hay que destacar que el acuerdo prevé un incremento de hasta 0,2% del PBI en la asignación presupuestaria para el gasto social de ser necesario”.

 

No gastar más de lo que se tiene

Dentro de los slogans, que quedarán en la historia desde estos días, se hizo masiva la idea de que “veníamos gastando más de lo que se tenía”.

El insulto a la inteligencia consiste en esconder lo que es aplicable a la economía de un hogar cuando se revienta la carta y luego llega la cuenta.

La deuda tomada por Argentina es gasto y gasto público porque el recorrido por el shopping del “libre mercado” y las vacaciones, largas por cierto, que se toma el dinero de un puñado de argentinos y corporaciones en paraísos fiscales que, por supuesto, hace dudar la posibilidad de algún retorno al infierno doméstico en el que habría, de invertirse, que cubrir impuestos, cargas y gravámenes.