Dijo “me encantan las crisis” y no mentía. La chaqueña, ante el conflicto, se mueve como pez en el agua ¿Se prepara para 2019?

Por Pablo Benito

Para Elisa Carrio las crisis son su hábitad natural. El microclima caótico es en el que sabe “hacer” política y, si no coincide con la meteorología nacional o internacional, ella misma se encarga de crearlo a su alrededor.

Así como el peronismo es un fenómeno de la política mundial único y es estudiado como un rareza por escuelas de ciencias políticas en todo el mundo, Elisa Carrió comienza a despertar el interés de los científicos sociales; y, de más está decirlo, ya ha concitado la atención de importantes grupos de interés que la cobijan y resguardan. No es Carrió un exótico fenómeno de la argentinidad o un eslabón perdido de la geopolítica de la región. Ella ha sido elegida para replicar lo que un importante grupo piensa, desea y, ocasionalmente, persigue. De lo contrario sus palabras caerían en saco roto o no serían tomadas como “relevantes” por los grandes medios de comunicación que siguen consolidando la matriz de la opinión pública y publicada.

Elisa Carrió es “funcional”, es decir, cumple una función. Su inteligencia, de la cual nadie puede dudar, es superlativa en cuanto a su comprensión del rol que cumple ya no como persona sino como personaje.

Si se tratase de un establecimiento escolar, no sería ella directora, pero sí preceptora o celadora. Los alumnos no quisieran nunca enfrentarse a ella a riesgo de ser amonestados, las autoridades la necesitan para mantener la “paz” a mano firme y los padres confiarían en ella más que en los propios docentes.

Los entonces legisladores Elisa Carrió, Daniel Scioli y Cristina Fernández junto a Graciela Ocaña y las cajas para investigar el lavado de dinero.

 

Celadora del menemismo

Carrió, fue una de las responsables en develar la trama corrupta del menemato. Muchos participaron de aquella cruzada que trabajó con las cajas, repletas de documentos, enviadas por el Senado estadounidense que investigaba la participación del Citibank en maniobras de lavado de dinero, pero fue ella quien ocupó la centralidad mediática tras darlo a conocer en conferencia. La celadora comprendió, en un principio, el rol de la prensa en la construcción de la imagen, tanto propia -positiva- como de sus denunciados -negativa-.

Aquel comité del Senado estadounidense, presidido por el senador demócrata Carl Levin, investigaba una serie de operaciones de lavado de dinero llevadas adelante por el Citibank. La investigación salpicaba al banquero mendocino Raúl Moneta, el banquero preferido de Menem. Moneta era amigo de la infancia de Richard Handley, ex número uno del Citibank. De Moneta se decía que había sido decisivo en el nombramiento de Javier González Fraga al frente del Banco Central en el menemismo temprano. Lo cierto es que la investigación del senador Levin había detectado una serie de cuentas de los bancos República y Federal Bank, propiedad de Moneta, en el Citibank de los EE.UU., usadas para lavar dinero negro. En 1998 Moneta se había asociado al CEI (Citicorp Equity Investments, la firma a través de la cual el Citibank manejaba su participación en empresas privatizadas), a Carlos Ávila y a Editorial Atlántida para formar un conglomerado de medios (Telefe, Canal 9, Radio Continental y otros) que apoyara una segunda reelección de Menem.

La comisión antilavado se formó en mayo de 2001 y a ella le fueron giradas las famosas “cajas” con la información sobre las actividades de Moneta y el Citibank.

La comisión fue integrada por Daniel Scioli, Cristina Fernández de Kirchner y Carlos Soria por el peronismo, el tucumano José Vitar y Graciela Ocaña por el Frepaso, el catamarqueño Horacio Pernasetti y la entonces desconocida Margarita Stolbizer por la UCR, Gustavo Gutiérrez por el Partido Demócrata de Mendoza y Franco Caviglia, ex integrante del Grupo de los 8 comandado por Chacho Álvarez entre 1989 y 1990, por Acción por la República, el partido del entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Muchos, como el contador Luis Balaguer, autor de un libro sobre el Citibank en Argentina y que había colaborado con la comisión, afirmaron que el apresuramiento de Carrió había arruinado todo. Como sea, ahí estaba el informe y ahí estaba Carrió: en el centro de la política nacional.

En Santa Fe, tuvo importante repercusión el caso ya que los hermanos Rohm y Moneta habían adquirido el Banco Provincia de Santa Fe en tiempos de Menem y del gobierno de Obeid, siendo la operación puesta en el ojo del huracán Carrió por el origen de los fondos para tamaña compra por parte del Banco General de Negocios.

Carlos Rohm, fue detenido por la Jueza Servini de Cubría y estuvo detenido durante 3 años con prisión preventiva, siendo este uno de los casos emblemáticos en la detención de empresarios ligados al poder político, aunque nunca se determinó el vínculo ni se fue tras la ruta del dinero.

 

Límite Carrió

El temor a Carrió es el que se le tiene -por parte de la política los políticos- a una especie de “superhéroe” al que no le entran las balas, los plomos cargan su batería y lejos está de porder ser aniquilada. El límite, al que parece estar llegando Carrió en su relación con Macri, no es otro que el impuesto por ella misma como mesa de diálogo con el presidente. Esa frontera que el vínculo pasa y traspasa -sin pasar por aduana- no es de tránsito sino el hogar de la chaqueña para construir su política y su poder de influencia. El límite. Y es funcional, claro que lo es, porque termina acaparando el sitial que le pertenece a una oposición política, social y cultural absolutamente fragmentada y fragmentaria. Se podría decir que el escenario que pretende Carrió es el de ser ella, no Cristina Fernández, alternancia de Macri, si es que desbarranca el gobierno en los duros próximos meses que se avecinan.

Carrió eligió a Garavano y viceversa, como mensajero con Mauricio. Sabe que no será desplazado del Ministerio, pide lo que nunca va a suceder y sostiene un Juicio político que jamás impulsará porque, incluso, no tiene sustento material y real más allá de una declaración pública intrascendente al punto del conflicto que se está planteando. Su fórmula de construcción es la división para reinar y revolver el río para esperar, caña en mano, pescar lo que salga.

Ligera de equipaje, no tiene estructura que sostener y es ella su propia organización. Tal es así, que mucho le cuesta construir un discurso en plural, ya no un “pluralismo”.

En el último de los “manifiestos” coyunturales, en razón de su “conflicto” con Garavano, se hace notoria la potencia de su persona que sólo debe consensuar con su almohada sus decisiones “orgánicas”.

¿Carrió candidata?

¿Carrió se da vuelta? Quizás no sea este el momento -medido en días, semanas o meses- pero está claro que la realidad le juega a favor. Con su “oposición” a Macri, Elisa Carrio, rompe el techo y el piso de su caudal electoral en momentos en que su figura tiene un grado de conocimiento total. ¿Prepara su candidatura presidencial 2019? Es notable que sí, que puede llegar estar pensando en un “operativo clamor” lo que sería una locura, pero como la realidad también lo es, los opuestos se anulan. Hay un dato que mira de costado y no es el resultado de sus análisis químicos sino, más bien, del político mundial. La continuidad de Trump atenta contra la posibilidad de su presidencia, siempre ligada a los demócratas que incluso la impulsaron e impulsan. Carrió forma parte de un conglomerado progresista contemporáneo que lo es por oposición a la extrema derecha que hoy está triunfando en el mundo y la región.

Los ciclos tienen un periodo y sobre la ola actual de conservadurismo cuando la corriente venga en contrario la encontrará a ella rondando los 70. Edad ideal para cerrar una carrera política intensa con el mayor cargo del Estado al que puede aspirar un político. Con sólo seguir sus pasos actuales -y su itinerario inquieto por el país- queda claro que es la única persona política que está en campaña y también que esa movilidad no la tiene una persona frágil de salud como la pretenden mostrar.