Opinión. En 2022, el Mundial de Fútbol se realizará en noviembre dado el calor que hará en la sede del mismo: Qatar.

Con gran alegría y beneplácito, el presidente Macri recibió a quien considera “su amigo” personal, el Emir Tamim bin Hamad al-Thani.

Claro se trata de Qatar -un Estado soberano árabe del oeste de Asia ubicado en la pequeña península de Catar en el este de la península arábiga- una monarquía absoluta que está en manos de los Al-Thani desde el siglo XIX, incluso antes de la llegada de los británicos.

Sus reservas gasíferas y petroleras, impactantes para una superficie de sólo 11 mil kilómetros cuadrados y una población de 2.7 millones de habitantes, les permiten tener el PBI per cápita más alto del mundo, 141 mil dólares. Claro está que no es Maduro, sobre todo porque siquiera se somete a elecciones.

El Emir es el principal mandatario y es un cargo hereditario que monopolizan los miembros de la familia Al Thani. Entre sus múltiples prerrogativas el Emir elige al primer ministro y, tal y como lo elige puede después sustituirlo.

La Constitución, que entró en vigor en 2005, prevé la puesta en marcha de una cámara legislativa, el Consejo Consultivo, en el que 30 de sus 45 miembros serán “elegidos directamente por votación secreta”, mientras que los otros 15 serían designados por el Emir.

Sin embargo, no sólo no se han celebrado elecciones desde 1970 sino que no hay ningún partido político constituido como tal, ni tan siquiera líderes políticos o grupos de presión. Por el momento, el actual Consejo Consultivo tiene sólo 35 miembros, elegidos directamente por el Emir y cuyo mandato se renueva año a año.

El sistema judicial tampoco escapa al control del Emir: todos los jueces son nombrados por Decreto tras escuchar, eso sí, la recomendación del Consejo Judicial Supremo. Por otro lado, el país no ha aceptado la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional.

Los siete diarios que se publican en el país están en manos privadas, pero pertenecen a miembros de la familia real. A esto se agrega el financiamiento de la cadena internacional de noticias en árabe Al Jazeera que tiene su base en Qatar y acompañó el proceso llamado “la primavera árabe” que hoy se encuentra en un frío invierno desde hace, casi ya, una década.

 

Igualdad de Género

La Sharia es la ley que rige muchos aspectos de la vida en Qatar, especialmente por lo que se refiere al derecho familiar y personal. Las grandes perjudicadas son las mujeres.

En primer lugar, la poligamia está aceptada incluso legalmente. Un varón qatarí podrá casarse con una mujer no musulmana, pero una mujer no podrá hacerlo con un varón que no profese el Islam. También para casarse con un extranjero tanto mujeres como hombres deben pedir permiso a las autoridades, pero los varones tienen más fácil obtenerlo. Además, los hijos de un qatarí con una extranjera recibirán automáticamente la ciudadanía, no así los hijos de una qatarí con un extranjero.

Del mismo modo en las herencias los hijos varones recibirán el doble de bienes que sus hermanas; y todavía más grave: ante un tribunal es necesario el testimonio de dos mujeres para igualar el de un hombre.

La violación en el seno de un matrimonio no está tipificada como delito.

Por supuesto, y más allá de lo reconocido en los códigos legales, la igualdad de la mujer es muy relativa: aunque son libres de hacerlo a partir de los 30 años de edad, normalmente no pueden viajar sin un acompañante masculino.

 

Di versidad

Como en la inmensa mayoría de países de su entorno, la homosexualidad está castiga.

En el anterior código penal qatarí, de 1971, el sexo anal entre dos adultos merecía penas de cárcel no inferiores a cinco años. En 2004 se sustituyó esta ley por un nuevo código, pero también en éste se dedica todo un capítulo a la “Instigación del libertinaje, la disipación y la fornicación”.

Por supuesto, la sodomía sigue estando específicamente castigada (así como el adulterio femenino): se asigna una pena entre uno y tres años a quién “llevase, instigase o sedujese a un hombre de cualquier manera para practicar la sodomía”.

También se castiga, con “no más de diez años de prisión”, a quien “haga de la sodomía o el adulterio una profesión”.

 

 

La dictadura democrática

¿Qué hace entonces que un régimen de esas características, que suma lo peor del estalinismo con lo más bajo del fascismo, sea recibido con todos los honores en países occidentales, muy crisitianos y democráticos?

No hay duda, el soberano Dios sobre la tierra que todo lo ve y perdona: el dinero.

Siquiera Amnesty Internacional se puede dar una excursión por estos países ni se ha impugnado la participación de nuestros país en la tierra del absolutismo explícito.

La política expansionista, billetera en mano, del Emir ha inundado el mundo de gratificaciones y gratificados.

El Mundial 2022 será la frutilla de un postre que se viene batiendo mediante el sponsoreo de las camisetas más populares del fútbol mundial. De la mano de Messi y Barcelona Qatar Airwaiys, la potente línea aérea estatal qatarí, empatiza con un mundo que se dice democrática pero que alquila dictaduras por un rato. Es sponsor y socio oficial de la mismísima FIFA –esa que “era” corrupta- y hoy esta estampada, la marca, en la camiseta oficial del equipo del Presidente, Boca Juniors.

Régimen sin elecciones, sin partidos políticos, financistas de grupos terroristas, reprime la homosexualidad y fomenta la desigualdad de género entre otras muchas violaciones a los Derechos Humanos más elementales, pero ratifica el dicho urbano nacional de que “billetera mata galán”, en este caso “billetera mata democracia (y demócratas)”.