El economista, que asumirá como subgobernador del Banco de México el próximo 1 de enero, cree que la meta de crecimiento debe estar en el entorno del 4% “siempre que no haya recesión en EE UU”.

El nombramiento de Jonathan Heath (México, 1954) como subgobernador del Banco de México es el primer movimiento de calado de Andrés Manuel López Obrador en el ecosistema económico tras los de Carlos Urzúa (Hacienda) y Graciela Márquez (Economía). Analista independiente –una palabra que todos sus valedores remarcan con especial ahínco: no se casa con nadie– y ex economista jefe de HSBC para México y América Latina, es consciente de que tendrá que aparcar parte de su frescura tras tomar posesión el próximo 1 de enero. “Tengo muy claro que uno no puede ser tan independiente como yo he sido mientras trabaja en un banco central, pero voy a tratar de mantener mi forma de ser”, aclara en una terraza de la céntrica colonia Cuauhtémoc. Sus primeros meses en el instituto emisor serán, dice, una continua curva de aprendizaje –“no es lo mismo ser un insider que un outsider”–. Pero Heath promete, desde ya, un viraje radical en el discurso conservador del banco central ante cualquier subida del salario mínimo, uno de los más bajos de América Latina y que acumula una fortísima pérdida de poder adquisitivo en las cuatro últimas décadas: “Es un imperativo moral”.

Pregunta. El Banco de México ha sido muy cauto ante cualquier subida brusca del salario mínimo. ¿Cuál es su postura?

Respuesta. Hasta principios de los noventa, el salario mínimo era un instrumento para tratar de abatir la inflación. Una gran cantidad de precios estaban indexados a él y no podías darte el lujo de aumentarlo bajo ese esquema. Pero eso ya se cambió, se liberó de ese lastre.

P. ¿Se puede subir, entonces?

R. Sí, hay margen para aumentarlo. Y mucho.

P. El Ejecutivo entrante ha prometido duplicarlo. ¿Es posible?

R. Sí, lo veo alcanzable y factible. Hay un margen cañón y tenemos una Constitución que dice que el salario mínimo debe ser digno y no puedes ignorarla, como lleva haciéndose durante años. Respetémosla. Sin embargo, la clave es cómo hacerlo y a qué plazo: sería muy equivocado meter un decreto el 1 de enero para subirlo de una vez. Lo que hay que hacer es aumentos agresivos, pero no descabellados, y estudiar su efecto. ¿No pasa nada en el mercado? Siguiente aumento y en dos o tres años llegamos a esa meta. Si hoy estuviéramos más cerca del punto de equilibrio, mis argumentos serían otros. Pero estamos muy lejos aún.

P. ¿Se han exagerado los supuestos efectos negativos de aumentar el salario mínimo sobre inflación y empleo?

R. Sí, mucho.

P. ¿Por motivos ideológicos?

R. Más bien diría que por motivos históricos: hace 30 años todas las empresas revisaban los salarios de todos sus empleados en función de cuánto subía el mínimo. Era automático.

P. No solo el mínimo está por debajo de otros países de su entorno: el salario medio también lo está.

R. Parte de la falta de crecimiento económico tiene que ver con que tenemos un poder adquisitivo muy bajo. No soy especialista, pero quizá deberíamos estudiar el modelo chino: cómo pasó de economía agrícola, de subsistencia, a economía manufacturera con salarios miserables y, después, a una economía que paga un salario medio superior al de México.

P. ¿Habría que ampliar el mandato del Banco de México, para que velara también por el empleo y el crecimiento y no solo por la inflación?

R. Es un debate político. Desde el punto de vista económico es irrelevante: en 2009 la inflación estaba arriba del 6%, con el shock de las materias primas, y bajó la tasa. ¿Por qué? Porque estaba más preocupado por el crecimiento que por los precios. Implícitamente tiene un doble mandato ya: ve las dos cosas.

P. López Obrador ha dicho en las últimas semanas que México está “en quiebra”, a pesar de que los indicadores no dicen precisamente eso. ¿Lo comparte?

R. Creo que él hablaba de una quiebra moral, no de una quiebra financiera: creo que ni él mismo estaría de acuerdo en que hay una quiebra financiera. Habló de los últimos 30 años, desde que existe el modelo neoliberal: lo que ha dicho es que éste no ha dado resultados y que está en quiebre moral.

P. ¿Comparte la idea de que el modelo de crecimiento ha sido fallido?

R. Sí, pero con una aclaración importante: no creo que haya sido un modelo neoliberal, sino de capitalismo de cuates, con regulaciones absurdas, corrupción, falta de Estado de derecho… Eso no es neoliberalismo. Creo que López Obrador va bien encaminado en el sentido de que hay que combatir la corrupción y quitar este sistema de privilegios. Pero para tratar de corregir ese tipo de cosas no hay que decir que lo que han fallado han sido las fuerzas de mercado. La ley de oferta y demanda es como la de la gravedad: funciona y no se pueden cambiar por decreto. Las políticas económicas deben corregir sus deficiencias, pero si se olvidan de sus principios crearían un problema mayor del que quieres resolver.

P. ¿Cuál debería ser el objetivo de crecimiento del sexenio que viene?

R. Vamos a suponer que deja de caer la plataforma petrolera y que incluso, en un momento dado, puede empezar a crecer. El Gobierno entrante ha dicho que va a gastar diferente y eso es ya una buena promesa, porque el anterior lo gastó muy mal. Y creo que, con el nuevo acuerdo de libre comercio, el Gobierno entrante fácilmente puede aspirar a crecer arriba del 3%, cerca del 4% y en algún momento dado, incluso más. Siempre que no haya recesión en Estados Unidos.

P. Viendo el ciclo parece prácticamente imposible que EE UU no entre en recesión en los seis próximos años. ¿Qué munición tendría México?

R. No tengo la respuesta sobre qué podemos hacer. Le toca al Gobierno, que podría incurrir en déficit fiscal un año, pero solo temporalmente. El Banco de México está bastante bien posicionado, con las tasas en el 8%.

P. Fiscalmente, el margen de maniobra es muy escaso.

R. Entre pensiones, costo financiero de la deuda y participación a Estados y municipios se comen el 80% del presupuesto. El margen que queda es exageradamente pequeño. Lo que hay que buscar posiblemente, más adelante, es una reforma fiscal que baje el impuesto sobre la renta y aumente los impuestos al consumo para crear los incentivos correctos.

P. Imaginemos que mañana fuese su primera junta de gobierno: ¿subiría la tasa de interés, la bajaría o la mantendría en el nivel actual?

R. Soy de clavarme en los indicadores, así que me haría tres preguntas: qué ha pasado con la inflación de los últimos tres meses, qué ha hecho la Reserva Federal y si hay o no holgura. En las circunstancias actuales [en octubre] yo habría votado por mantener la tasa [como hizo el instituto emisor].

P. Los tipos han subido mucho en los dos últimos años.

R. En su momento, como outsider y sin contar con la información que tienen ellos, fui crítico. Pero en retrospectiva creo que el Banco de México ha hecho muy bien comprándose margen: mis respetos. Imaginemos lo que hubiera pasado si el acuerdo comercial [con EE UU y Canadá] no se hubiese cerrado…

P. ¿Teme injerencias políticas en el Banco de México?

R. Siempre va a haber un riesgo latente, con todos los presidentes, pero no mayor ahora que en anteriores ocasiones. Los contrapesos siempre son muy importantes en una democracia.

P. ¿Y cuál es el mayor contrapeso hoy?

R. El mercado: está bien atento y, ante cualquier cosa que haga mal el nuevo Gobierno va a reaccionar, quitándole margen de maniobra.