El empresario le transfirió US$ 150 mil al exfiscal de la causa AMIA. Las relaciones con el mundo de las finanzas oscuras.

Lo buscaron en el delta del río Paraná, también en las morgues bonaerenses y hasta en un pueblo de Paraguay, pero todavía nada se sabe de Damián Stefanini, un publicista desaparecido el 17 de octubre de 2014 que, en realidad, era un financista que supo moverse dentro del mundo de las cuevas financieras. Desde hace cuatro años todas las posibilidades están abiertas: secuestro, ausencia voluntaria y asesinato. Sin cuerpo de la presunta víctima, entonces, los investigadores continúan analizando su celular.

El fiscal federal de San Isidro, Fernando Domínguez, siguió la pista que le había llegado de otro expediente: el que investiga la muerte del extitular de la UFI-AMIA, Alberto Nisman, ocurrida el 18 de enero de 2015. El financista le giró US$ 150 mil al fiscal a la cuenta que tenía en el banco Merrill Lynch de Nueva York junto con su mamá, Sara Garkunfel, su hermana, Sandra Nisman, y con el técnico informático -procesado en la causa- Diego Lagomarsino.

Esa transferencia Stefanini se la hizo a Nisman el 23 de octubre de 2012 cuando visitaba una feria sobre embarcaciones en China con un amigo, Claudio Picón, socio de Palermopack SA, dueña del Audi S3 (patente MPC641) que manejaba el fiscal. Ese viaje lo compartieron con otro amigo, el empresario inmobiliario Hugo Schwartz.

El celular de Stefanini, sin embargo, no tuvo registro de llamados con los teléfonos de Nisman, según pudo saber TN.com.ar a partir del entrecruzamiento que los especialistas le entregaron al fiscal Domínguez, ni con los de los otros titulares de la cuenta a la que le envió la plata.

Tampoco con los de Antonio Stiuso, alias “Jaime”, exdirector de Contrainteligencia de la exsecretaría de Inteligencia (exSIDE), como había pedido averiguar el fiscal Domínguez. Imposible, en cambio, es saber si Stefanini realizaba comunicaciones “puente” con alguno de ellos a través de un tercero.

El fiscal Domínguez trabajó en silencio sobre tres millones de contactos telefónicos la semana previa a la desaparición de Stefanini en la zona donde apareció abierto su auto. Tras cuatro años, con la colaboración de especialistas, achicó al 99% la cantidad de líneas de interés.

El financista le dio plata al fiscal, pero nunca hablaron, al menos, por teléfono. Tan extraño como su desaparición.

Stefanini era desconocido para los argentinos, pero supo trabar buenas relaciones en el mundo de las finanzas, según tres fuentes con acceso a tres causas federales: coincidió con Sebastián Forza, una de las víctimas del triple crimen de General Rodríguez, en las mesas de dinero; frecuentó allí a otro financista, Jorge Fidalgo, titular de Créditos Sur; compartió vuelos con Federico Elaskar, exdueño de “La Rosadita”, al que le compró el Audi A4, patente FRF710, en el que viajaba el día que desapareció; también voló con Eugenio Ecke; tenía como “mayorista” a otro cuevero, Guillermo Greppi, procesado por evadir impuestos al cheque con Propyme; navegaba con otro empresario, Fernando Caparrós Gómez, procesado por “Sueños Compartidos”; y cambió un cheque con otro financista desaparecido, Hugo Díaz, como reveló este sitio.

TN.com.ar pudo saber de otras tres fuentes, dos judiciales y una circunstancial, que Stefanini había sido denunciado por evasión tributaria, pero finalmente fue sobreseído en 2010 por la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, querellante en la investigación por la muerte de su exmarido y jueza con competencia en la causa por la desaparición del financista.

Ni la pista del celular ni su pasado en las cuevas financieras les dieron a los investigadores una sospecha sobre lo que le pasó. Esos análisis, de todas maneras, siguen abiertos a la par de una “alerta amarilla” de Interpol.

Al principio, además, el fiscal Domínguez le ordenó a la Prefectura rastrillar el delta del río Paraná, desde la costa de Buenos Aires hasta el puerto de Zárate. Luego, le pidió colaboración al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) para revisar cuerpos sin identificar en las morgues. Y hasta siguió una pista hasta el pueblo de Ayolas, en el sur de Paraguay, del otro lado de Corrientes, la provincia de su mujer Antonella Ognio.

Ya pasaron cuatro años sin saber dónde está Stefanini. Los dos barcos que estaba construyendo, valuados en un millón de dólares cada uno, quedaron en poder de su socio, Schwartz, procesado por la jueza Arroyo Salgado por daños ambientales en Colony Park, un fallido emprendimiento inmobiliario en el delta.