El empresario estuvo con sus cuatro hijos, también acusados. Hubo abrazos y charlas. El arrepentido del caso estuvo en soledad.


A las 9:31 horas, el empresario Lázaro Báez ingresó por una puerta lateral de la sala de audiencia. Estaba acompañado por agentes del Servicio Penitenciario Federal (SPF) y vestía un jean azul, suéter naranja y zapatos náuticos. Caminó unos pocos pasos hasta la silla que le asignó el tribunal oral. Se sentó, se dio vuelta y saludó a Melina, Luciana y Leandro, sus tres hijos que estaban dos filas atrás. El cuarto, Martín, se sentó a su lado.

Así fueron los primeros instantes de Báez en el juicio oral que enfrenta por presunto lavado de 60 millones de dólares en la causa que se conoce como “la ruta del dinero K”, en la que desde este martes son juzgadas 25 personas. Es el primer proceso en su contra y lo compartirá con sus hijos, también acusados por formar parte de las empresas y tener cuentas bancarias en Suiza.

Báez, el abogado Jorge Chueco y el contador Daniel Pérez Gadín llegaron a las 6:45 a los tribunales de Comodoro Py, trasladados desde el penal de Ezeiza, donde están presos desde abril de 2016.

La sala de audiencias, la más grande de Comodoro Py y llamada “AMIA” –se inauguró para el juicio del atentado de la mutual judía–, ya estaba preparada. Se dispusieron cinco filas de asientos. De un lado las defensas, del otro la Fiscalía y las querellas. Sobre los apoyabrazos de las sillas se pusieron cartelitos con los nombres de cada acusado. Cuando ingresaban a la sala se buscaban, como si fuese la butaca del cine.

Melina, Luciana y Leandro se sentaron juntos en una punta de la cuarta fila, donde también estaba –pero en el centro– Fabián Rossi, ex marido de la vedette Iliana Calabró y otro de los imputados.

Báez, Pérez Gadín y Chueco ingresaron juntos, sin esposas y custodiados por el SPF. Se sentaron en la segunda fila. Al lado de Pérez Gadín estaba su hijo Sebastián (Pérez Gadín), también imputado.

En la fila del fondo estaban otros dos acusados centrales del juicio: el arrepentido Leonardo Fariña y el financista Federico Elaskar. Estaban separados por un abogado.

El juicio comenzó y el presidente del Tribunal Oral Federal 4, Guillermo Costabel, pasó lista de cada uno de los acusados y de los abogados, principalmente para conocerles las caras. Los imputados levantaron la mano para identificarse. El primero fue Báez.

Cuando Costabel terminó, todavía no habían llegado un imputado y un abogado. “No nos creyeron el horario pero somos muy puntuales”, bromeó Costabel e hizo reír a algunos.

Inmediatamente el juez dispuso un cuarto intermedio para esperar a los que no habían llegado. Y muchos se distendieron y aprovecharon para saludarse, sobre todo entre los familiares.

Melina, Luciana y Leandro se acercaron a su padre y a su hermano Martín. Se saludaron con abrazos y besos. Lázaro sonrió al verlos. Luego volvieron a sus asientos y estuvieron la mayor parte del tiempo con sus celulares.

Pérez Gadín abrazó a su hijo que estaba a su lado y luego fue a saludar a los de Báez. Se quedó hablando con Leandro hasta que un agente del SPF le pidió que volviera a su asiento. Pérez Gadín fue quien más activo estuvo. También habló a la distancia con Rossi. Los dos trabajaron en la financiera S.G.I. y ambos fueron grabados contando 5.100.000 dólares, uno de los hechos que se juzga.

Quien quedó ajeno a todos los saludos fue Fariña. Estuvo todo el tiempo solo, con su abogado y su custodia. Su rol en la causa no ayuda a socializar con el resto: fue quién contó como fue la maniobra de lavado y sus involucrados. “Con el peor que está es con Elaskar y los sentaron juntos”, le dijo a Infobae una persona que estuvo en la sala y que conoce de cerca esa relación ya rota.

Fariña tuvo la intención de saludar a Báez y a sus hijos, a quienes tenía delante. “No quiere incomodarlo y verá si tiene la posibilidad de saludarlo”, explicó una persona que acompañó a Fariña. Finalmente no pudo y el arrepentido se fue sin poder saludar a quién fue su jefe.

Entre el público había no más de 10 personas, entre ellas los custodios de Elaskar y de Fariña, quien está en el programa de protección de testigos e imputados. Pero había dos personas con remeras blancas que en su espalda tenían la leyenda “libertad a los presos políticos”.

La audiencia se reanudó 15 minutos después. El primer paso fue la lectura de las acusaciones. El tribunal dispuso que se leyera un extracto. Pero allí comenzaron los primeros cruces. La defensa de Báez pidió que se lea completa. Y otra defensa que no se leyera la de las querellas –que son acusadores privados y en este caso tres organismos del gobierno nacional- porque su intervención está discutida. Pero el tribunal rechazó los pedidos. Báez escuchaba por primera vez en un juicio oral una acusación en su contra.

Luego de dos horas de lectura hubo otro cuarto intermedio. Los hijos de Báez se juntaron con su padre y hablaron todos dentro de la sala. Fue en el sector del asiento del empresario porque la custodia del SPF no dejaba que salga de ese sector. Lo mismo a Pérez Gadín y Chueco.

Luego las defensas hicieron distintas objeciones sobre el juicio. El tribunal dijo que las resolverá la semana que viene y dio por terminada la audiencia. Llegaron los últimos besos y abrazos. De Báez con sus hijos y de Pérez Gadín con el suyo. Báez, Pérez Gadín y Chueco se quedaron hablando los tres hasta que los agentes del SPF los sacaron por la misma puerta por la que llegaron.

Los hijos de Báez salieron por el mismo lugar para evitar cruzarse con los periodistas. Fariña con su custodia salió por otra puerta interna de Comodoro Py. Todos se volverán a encontrar la semana que viene.