El Tribunal Supremo de Pakistán absolvió este miércoles (31.10.2018) a la cristiana Asia Bibi, juzgada por blasfemia, y anuló la sentencia de muerte que le había sido impuesta bajo la acusación de insultar al profeta Mahoma en 2009, en medio de amenazas de grupos islamistas que pedían su ejecución.

“La sentencia a muerte se anula. Asia Bibi es absuelta de los cargos”, afirmó el presidente del Supremo, Saqib Nisar, al leer la sentencia de la apelación en una sala con presencia de comandos desarmados de las fuerzas militares.

Al grito de “ahorcar a Asia Bibi” cientos de manifestantes recorren las calles de Lahore en protesta contra la decisión del Tribunal Supremo de revisar su polémico caso. (13.10.2018)

Nisar, al frente de un tribunal de tres jueces, indicó que Bibi “puede ser liberada” si no hay otros cargos contra ella.

El anuncio de la sentencia se produjo entre fuertes medidas de seguridad con efectivos de la Policía antidisturbios y especialistas en desactivación de bombas a la entrada de la sede del máximo órgano judicial.

En el interior de la sala, comandos desarmados del cuerpo antiterrorista fueron desplegados para mantener la seguridad.

Bibi, madre de cinco hijos, fue denunciada en 2009 por unas mujeres que aseguraron que había insultado al islam durante una discusión en un pozo de agua en Punyab (este) y fue sentenciada a muerte en 2010 por blasfemia.

La cristiana perdió en 2014 el recurso presentado ante el Tribunal Superior de Lahore, capital de Punyab, y en 2015 el Supremo paralizó la ejecución tras aceptar estudiar su apelación, cuya primera vista, fijada para 2016, se pospuso tras la recusación de uno de los jueces.

El Tribunal Supremo paquistaní estudió el pasado 8 de octubre la apelación a la condena a muerte de Asia y se reservó el veredicto, al remarcar que existían contradicciones en las declaraciones de los testigos.

El partido político radical Tehreek-e-Labbaik Pakistan (TLP) amenazó ese mismo día con “peligrosas consecuencias” a los jueces si Asia Bibi era declarada inocente.

Pocos días después miles de islamistas reclamaron en diferentes ciudades paquistaníes su ejecución.

El caso de Bibi ha provocado indignación internacional, pero en Pakistán se ha convertido en una causa para los grupos y partidos islamistas y ha provocado al menos dos asesinatos.

Uno de ellos, el del exgobernador de Punyab, Salman Tasir, quien fue asesinado por uno de sus guardaespaldas en 2011 por defender públicamente la causa de Bibi. El guardaespaldas fue ejecutado en 2016 y enterrado luego como un héroe.

El segundo fue el de un ministro cristiano de Minorías, Shahbaz Bhatti, quien fue asesinado a tiros en la puerta de su casa en 2011 por defender a Bibi y oponerse a la legislación contra la blasfemia.

La dura ley antiblasfemia paquistaní fue establecida en la época colonial británica para evitar choques religiosos, pero en la década de 1980 varias reformas auspiciadas por el dictador Zia-ul-Haq favorecieron el abuso de esta norma.

Desde entonces, se han producido un millar de acusaciones por blasfemia, un delito que en Pakistán puede llevar a la pena capital, aunque nunca se ha ajusticiado a nadie por este crimen.

Disturbios tras la absolución

Grupos de radicales islamistas protestaron este miércoles en varias ciudades paquistaníes por la absolución por el Tribunal Supremo de la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte en 2010 por supuestamente insultar al profeta Mahoma.

“Las protestas por la santidad del profeta han comenzado. Moriremos por ello. No daremos un paso atrás”, advirtió en un comunicado el partido islamista radical Tehreek-e-Labbaik Pakistan (TLP) que había amenazado a los jueces con “peligrosas consecuencias” si Asia Bibi era declarada inocente.

Sin embargo, el Gobierno de Pakistán envió al Ejército a las principales ciudades del país tras los disturbios que se produjeron por la absolución de Asia Bibi.

Los soldados protegieron hoy el Parlamento y los tribunales de la capital, Islamabad, después de que miles de ciudadanos bloquearan las calles y saquearan instituciones públicas. También fueron enviados militares a la ciudad de Lahore, en el este, donde miembros del grupo radical Tehreek-e-Labaik Pakistan (TLP) intentaron tomar el Parlamento.