Tras cuatro meses esperando definiciones de Salud, organismo que debe aplicar el protocolo de aborto no punible, la víctima accedió a su derecho. El abusador es un pastor evangélico que está detenido.

Reina el hermetismo en el caso del abuso cometido por un pastor evangélico contra una niña de 13 años de la etnia chorote en Tartagal. Nadie quiere hablar, hay un pacto de discreción que sopla como aire fresco sobre la caldera de violaciones a los derechos de los más vulnerables en los últimos tiempos. Y está bien que así sea. Estos silencios acompañados del cumplimiento de las leyes nos alientan como sociedad. Pero solo cuando se cumplen las leyes. Esta nota quiere reflejar eso justamente, que el protocolo de aborto no punible casi no se cumple en este caso, ya que pasaron 4 meses desde que ocurrió el aberrante hecho y mientras crecía el feto en el vientre de la niña, quién concientemente y por propia voluntad solicitó el aborto, los funcionarios que se piensan con visas para escudriñar las leyes más allá de los derechos de las personas, retrasaron este paso trascendental. Fue la intervención del ministro de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos de la Provincia, Marcelo López Arias, la que precipitó que se cumpliera el protocolo, lo que finalmente ocurrió ayer. Demoró tanto la aplicación de la ley, que el violador, un abusador de poder escudado detrás de la palabra “Dios”, está detenido hace tiempo bajo el cargo de “abuso agravado por posición dominante”.

Fuentes hospitalarias, ante la consulta puntual por el caso, hablaron en términos generales: “En razón de los derechos del niño y por ser una persona menor de edad, no podemos dar datos de ningún tipo. Nosotros aplicamos el protocolo sin ningún tipo de restricción y si es que el caso está dentro de los parámetros del protocolo. Simplemente se aplica con la mayor discreción posible en el marco de la protección de la niña y con la finalidad de no revictimizarla”.

Desde la Justicia también dijeron que “el caso es complicado, por eso se mantiene en absoluta reserva en la justicia y en el hospital. El abusador está detenido, no es de la comunidad chorote ni de otra comunidad. El tema ha causado mucho revuelo en la comunidad de Tartagal, por lo que se pide máxima discreción”.

En tanto, desde el Gobierno Provincial, algunas personas consultadas confirmaron que intervino el ministro Marcelo López Arias para pedir que se cumpla con el protocolo de aborto no punible que venía demorado por algunas observaciones interpuestas por funcionarios de los ministerios de Salud y de Asuntos Indígenas, quienes a su vez fueron influenciados por fundamentos de referentes “ProVida”.

Contundente, la realidad grita que esta niña de 13 años proviene de una familia indígena muy numerosa que vive en la extrema pobreza en Tartagal.

“Ella está absolutamente conciente del abuso que sufrió y tuvo desde el principio la decisión firme de interrumpir su embarazo, aunque por razones varias el tema se dilató por cuatro meses. Fue asistida y contenida por psicólogos, médicos y asistentes sociales”, comentaron profesionales.

El abusador, un verdadero lobo disfrazado de pastor evangélico, olvidó leer una cita básica del libro que blandió como espada para herir la libertad, la inocencia y el futuro de al menos una niña, que es el caso que conocemos: “Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino, y lo hubieran echado al mar” (Marcos 9:42).