La fuerza política más grande del Ejecutivo, el NVA, abandonó la colación gobernante.

 

Las tensiones sobre la política migratoria hicieron caer en la noche del sábado a la coalición de gobierno belga dirigida por el primer ministro liberal francófono Charles Michel. La fuerza política más grande del ejecutivo, el NVA nacionalista flamenco, de claros tintes xenófobos, está metido en plena campaña contra cualquier tipo de inmigración ante los comicios nacionales y europeos del próximo 26 de mayo.

El NVA había advertido, en otro de sus chantajes a Michel, que abandonaría la coalición si este lunes el primer ministro viajaba a la ciudad marroquí de Marrakesh a firmar en nombre de Bélgica el Pacto Migratorio de Naciones Unidas, un documento político sin valor jurídico vinculante que rechazan la mayoría de los países de Europa del este junto a, entre otros, el Estados Unidos de Donald Trump, Israel y Australia.Michel, por una vez, no cedió al chantaje y el sábado, tras la enésima reunión gubernamental para buscar una salida al conflicto, anunció que este lunes tomará el avión a Marrakesh. El Parlamento belga había votado el jueves una resolución por amplia mayoría en la que pedía al gobierno que firmara ese pacto.

Michel dijo la noche del sábado que “en el Parlamento una mayoría ha apoyado este pacto. El gobierno ya lo había aprobado. Ahora no había consenso en el seno del gobierno para poner esa decisión en duda como quería el NVA. Así que iré a la conferencia de Naciones Unidas”.

Los dirigentes del NVA reaccionaron diciendo que si Michel tomaba ese avión abandonarían el gobierno. Pero Michel firmará el Pacto Migratorio a pesar de ver con ello la caída de un gobierno de coalición que suponía el primer intento de embarcar a los nacionalistas flamencos en la gobernación del país.

Michel aseguró en conferencia de prensa que reemplazará a los ministros dimisionarios (el de Interior Jan Jambon y el de Migración y Asilo Theo Francken) por actuales viceministros. Intenta así que la coalición, ya sin mayoría parlamentaria, resista hasta los comicios previstos para el próximo mayo.

El NVA es un partido que aspira a la independencia de Flandes y que lleva años derivando hacia un populismo xenófobo cercano a la extrema derecha. Los sondeos le dan cerca de un 30% del voto en Flandes, la región más poblada del país con casi un 60% de la población belga. Ese porcentaje de voto se traduce en un 18% nacional y convierte al NVA en la primera fuerza del país. Son el apoyo político y logístico del ex presidente catalán Carles Puigdemont, huido en Bélgica de la Justicia española.

La deriva xenófoba del NVA se explica por los orígenes de muchos de sus dirigentes y porque compite con un partido aún más radical, los neonazis del Vlaams Belang –aliados en Bélgica de los franceses del Frente Nacional de Marine Le Pen o de los italianos de la Lega de Matteo Salvini-, un partido cuyos orígenes está en los flamencos que colaboraron con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

La política migratoria belga de los últimos años, al mando de Theo Francken, ha sido una constante fuente de tensiones para el gobierno de Michel y ha puesto a Bélgica más cerca de gobiernos como el húngaro de Viktor Orban o ahora el italiano de Salvini que de sus tradicionales vecinos del Benelux o de Alemania y Francia.

Francken, un joven ministro muy polémico, que se hace fotografiar con ancianos que fueron condenados por colaboracionismo con los nazis, era un desafío constante a la figura de un primer ministro cuyos orígenes –su padre, Louis Michel, fue ministro y comisario europeo- le sitúan muy lejos de la xenofobia del NVA. Francken reconoce que sus políticas se inspiran en parte en los neonazis del Vlaams Belang.

El Pacto Migratorio de Naciones Unidas apenas se dedica a nombrar objetivos políticos para que las migraciones sean seguras y reguladas. Habla de derechos de los trabajadores migrantes, de lucha contra las mafias que trafican con personas o de fomentar la integración de los migrantes en los países de acogida. Para los partidos xenófobos europeos se convirtió en una herramienta más para atizar el odio hacia los migrantes.