El cierre del Gobierno y el volantazo militar marcan el fin de año de Trump.

Al menos, un poco de normalidad, parece haber pensado la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, cuando el viernes por la tarde hizo las maletas y se alejó del ­caos de Washington rumbo a su mansión en la cálida Florida, junto con su hijo, Barron, dejando atrás a su marido. “Es tradición de la familia pasar las fiestas de Navidad en Mar-a-Lago. Sus planes de viajar con su hijo a su casa en Florida no han cambiado este año”, ha explicado su portavoz.

El fracaso de las negociaciones con el Congreso sobre el presupuesto obligaron la pasada medianoche a bajar la persiana a nueve de las quince agencias del Gobierno federal. Cientos de miles de empleados se fueron de vacaciones sin saber si el miércoles tendrán que volver a trabajar ni cuándo cobrarán. No así el presidente Donald Trump. Atrapado en una crisis fabricada en buena parte por él mismo, ha cancelado de momento sus planes de viajar a la que llama la Casa Blanca del sur, la mansión privada en su resort de lujo donde pensaba pasar las próximas dos semanas.

“Estoy en la Casa Blanca trabajando duro”, tuitea Trump, con Melania y su hijo ya en Florida

En lugar de relajarse jugando al golf, se queda por ahora en la Casa Blanca, rodeado de un pequeño círculo de colaboradores, entre ellos su hija y su yerno, Ivanka y Jared Kushner. “Estoy en la Casa Blanca, trabajando duro” para resolver el bloqueo pero “podría ser una larga estancia”, tuiteó a media mañana, quizás desde el taller del diablo, como su exjefe de gabinete Reince Priebus llama al dormitorio desde el que Trump tuitea compulsivamente a primera y última hora del día mientras sigue las noticias.

De acuerdo con Bloomberg y otros medios estadounidenses, Trump está dando vueltas a una decisión que le ronda por la cabeza desde hace tiempo: despedir al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Trump ha empezado a pulsar la opinión de sus colaboradores sobre el tema, la antesala de muchas de sus decisiones sobre asuntos de personal.

Trump ya no puede presumir de las bolsas como indicador de sus logros económicos

No está claro que tenga potestad para despedir a Powell pero sus asesores se lo han desaconsejado, porque probablemente provocaría lo que el presidente trata de evitar: más turbulencias en los mercados. Muy a su pesar, desde hace un par de meses Trump ha tenido que dejar de recurrir a las bolsas como indicador de sus logros económicos en los últimos meses. La buena marcha de la economía ha sido el colchón que ha amortiguado las múltiples crisis de su Gobierno. Pero hay señales inquietantes. La que acaba ha sido la peor semana de Wall Street en diez años y los tres mayores índices bursátiles del país acumulan pérdidas este mes que llegan a los dos dígitos, movimientos que los especialistas interpretan como nuevas señales de que la economía empieza a ralentizarse (ver más información en la sección de Economía). Contrariado por la decisión de General Motors de cerrar varias de sus plantas, algunas en territorio Trump, el presidente le echa la culpa a las subidas de tipos aprobadas por la FED. Sus asesores confían en que la idea se le vaya de la cabeza durante las vacaciones pero no está claro por cuánto tiempo se alejará Trump de las preocupaciones de Washington,

El cierre parcial del Gobierno ha sido el remate de una semana que comenzó con el anuncio del cierre de su fundación filantrópica (investigada por servir en realidad a los intereses económicos y políticos de Trump), siguió con el boicot al acuerdo presupuestario de republicanos y demócratas para salir al paso de las críticas de Fox News y otros medios de ultraderecha a su renuncia a sacarles fondos para construir el muro y culminó con el anuncio de la retirada de las tropas en Siria y la reducción a la mitad de los efectivos militares en Afganistán, decisiones que a su vez motivaron la renuncia del jefe del Departamento de Defensa, Jim Mattis, extraordinaria no sólo por su cargo sino por su rango, porque los generales no dimiten.

El Senado intentó en vano encontrar una solución al bloqueo con la Casa Blanca, pero al final decidió suspender la sesión y reunirse de nuevo pasada la Navidad. Los demócratas, que califican de “rabieta” la actitud de Trump, recordaron que hay tres propuestas pactadas con los republicanos que incluyen dinero para seguridad en la frontera (1.300 millones de dólares) pero no dinero para el muro que el presidente ha prometido construir en la frontera con México (ahora les exige 5.700 millones de dolares). Aunque los conservadores tienen mayoría en el Senado, no suman los votos necesarios para aprobar la financiación para el polémico proyecto, que la oposición considera caro e ineficaz. “Sólo usted puede poner fin a esto”, le invitó el senador Chuck Schumer, jefe de los demócratas en la cámara alta. Aunque hace pocos días Trump dijo ante las cámaras que asumiría “con orgullo” la responsabilidad de un cierre de gobierno a causa del muro, en los últimos días está intentando responsabilizar a los demócratas por este desenlace, de final incierto. En el 2013, con la Administración Obama, cuando el Gobierno cerró por 16 días el coste estimado para la economía fue de 24.000 millones de dólares. El pulso es un anticipo de los choques que se avecinan a partir de enero, cuando los demócratas recuperen el control de la cámara baja del Congreso y Washington pase a ser un entorno más hostil al presidente. El presidente está afrontando el nuevo escenario confiando más que nunca en sus instintos y menos en sus colaboradores, entre los que ha hecho una criba importante desde las elecciones midterm. Desde noviembre, se ha desprendido de una forma u otra de su fiscal general (Jeff Sessions, un senador ultraconservador), su jefe de gabinete (John Kelly, otro de sus antes queridos generales), el secretario de Interior (Ryan Zinke, una carga, por los escándalos que rodean a su gestión) y el secretario de Defensa.

Anoche (madrugada en España) la Casa Blanca hizo saber que, a la vista de la prolongación del cierre del gobierno, la primera dama y su hijo volverán de Florida para pasar la Navidad con el presidente en Washington. Adiós a las tradiciones y a la normalidad.