Los demócratas estadounidenses tomaron el control de la Cámara de Representantes el jueves, marcando el inicio de una nueva era de oposición al presidente republicano Donald Trump, quien ahora se enfrenta a un Congreso dividido.

Con un número récord de mujeres y representantes electos de minorías, el 116° Congreso de los Estados Unidos se reunió por primera vez al mediodía: 435 nuevos miembros de la Cámara de Representantes, ahora controlados por los demócratas, y 100 senadores en el Senado, que permanece bajo control republicano.

La demócrata Nancy Pelosi, de 78 años, ha sido elegida presidenta de la Cámara de Representantes esta tarde, firmando su regreso a la política estadounidense y convirtiéndose en la tercera autoridad del Estado, después del presidente Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence.

Trump rechaza una propuesta demócrata para terminar con el cierre de la administración
Los líderes demócratas del Congreso se reunieron este miércoles con Trump en la Casa Blanca para presentarle una propuesta para acabar con el cierre administrativo sin los fondos que el presidente considera necesarios para la construcción del muro.

La bancada demócrata en la Cámara Baja, con su nueva mayoría, prevé votar hoy un paquete legislativo para reabrir la Administración basado en leyes que han sido antes aprobadas por el Senado, de mayoría republicana, y otra legislación separada para autorizar fondos para Seguridad Nacional hasta el 8 de febrero.

Pelosi explicó ayer que aprobar esta segunda iniciativa “daría 30 días más” a demócratas, republicanos y Trump para negociar sobre los fondos para la seguridad fronteriza de Estados Unidos, sin la necesidad de tener la Administración parcialmente cerrada.

Tanto la Casa Blanca como el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, rechazaron la idea demócrata y Trump volvió a convocar para el viernes otro encuentro en la Casa Blanca con los líderes de ambos partidos.

La parálisis administrativa afecta a agencias de diez departamentos del Ejecutivo, incluyendo Transporte y Justicia, así como a decenas de parques nacionales, que suelen ser una gran atracción turística.

El cierre perjudica a unos 800.000 de los 2,1 millones de trabajadores federales de EE.UU., que no cobrarán mientras permanezca cerrado el Gobierno y que están a expensas de la aprobación de un nuevo presupuesto.