Un adolescente de 15 años, conducía sin casco una moto Mondial 110cc sin dominio, cruzó un semáforo en rojo a alta velocidad y perdió la vida este 2 de enero tras chocar a otra motociclista, cuya vida peligra. La mujer, de 39 años, circulaba de sur a norte por calle San Martín, cruzaba Bv. Pellegrini en una moto Guerrero 110, sufrió fracturas expuestas de pierna y brazo y un severo traumatismo de cráneo.

Por Analía De Luca

Las repercusiones no se hicieron esperar: que los padres por qué le dan una moto, que los zorros no controlan el tránsito, que los playeros te cargan sin casco…Más allá de las conjeturas, cifras demuestran que, en nuestro país, y en muchos otros, los accidentes de tránsito son todo menos accidentes: son la perfecta combinación entre la falta de educación, la falta de control y la falta de sanciones. Y, lamentablemente, la cantidad de muertos y discapacitados – sobre todo en edad productiva – crece año tras año.

La responsabilidad de los menores es un tema que también viene a colación: sumado a la inimputabilidad de los menores, la ley de tránsito es flexible en cuanto a ciertos requisitos etarios para obtener licencias. Además, civilmente, los menores tampoco pueden afrontar los costos que generan los accidentes que provocan ni sus consecuencias médicas o legales, porque, por su edad, no pueden disponer de sus patrimonios.

En este caso particular, resta ahora determinar la responsabilidad civil del adulto propietario del motovehículo, y de la mujer –quien tampoco usaba casco (de ahí su traumatismo de cráneo), porque la responsabilidad penal del menor – limitada incluso por su propia edad – concluyó con su propia muerte.

Pasa todo el tiempo, en todas partes

Tras las estadísticas, las víctimas de tránsito son personas con nombre, edad, empleos, que quedan –en el mejor de los casos- discapacitadas por las “faltas” que otros cometen al conducir.

El 16 de diciembre a la tarde, en la ciudad de Santa Fe, un reconocido empresario de 56 años atropelló con su camioneta Ford Ranger XLT a Mariana Olivera, de 42 -quien circulaba en bicicleta por Avda. Siete Jefes- dejándola gravemente herida. Según la madre de la víctima “tuvo una vértebra totalmente destruida y desplazamiento de columna, también fractura de cadera y politraumatismos en todo el cuerpo” y se salvó porque llevaba casco. Testigos pudieron recordar que el conductor tenía “aliento etílico”, sin embargo, como huyó del lugar del accidente y se presentó días después antes las autoridades, no se pudo constatar la alcoholemia, aunque, de todos modos, fue imputado por lesiones graves culposas agravadas. Su diagnóstico motriz no es alentador: podría perder parcialmente la movilidad de sus piernas en el mediano plazo.

Tiempo atrás, el 19 de febrero de 2017, Patricio Gómez, de 34 años, se conducía en su moto por 27 de febrero y Mendoza, cuando fue atropellado por el conductor de un Peugeot 207, quien, inmediatamente, se dio a la fuga. En la causa, caratulada como “Exceso de velocidad y abandono de persona”, se encuentra imputado Gino Biaggioni, de veinte años. Dos años después, Patricio no ha recuperado su movilidad a pesar de sus esfuerzos en rehabilitarse.

Horas después del fatal accidente en Santa Fe, un hombre de 40 años cayó –literalmente- con su cuatriciclo sobre un médico, el Dr. Juan Larrea, de 69 años que vacacionaba en los médanos de Orense (Tres Arroyos), quien acabó con diez costillas rotas, cuatro vértebras lesionadas y hematomas en el torso y el rostro. En este caso, inmediatamente el conductor prestó colaboración y se puso a disposición de las autoridades, y el episodio reavivó en toda la costa atlántica la eterna polémica sobre la legislación para el uso de cuatriciclos.

Responsabilidades

Por supuesto, el crecimiento exponencial de muertes y discapacidad por accidentes de tránsito no es solo un problema argentino. Según el artículo “Las muertes y lesiones causadas por accidentes de tránsito frenan el crecimiento económico de los países en desarrollo” del Banco Mundial, “cada año, los accidentes de tránsito cobran la vida de más de 1,25 millones de personas en todo el mundo”.

Siempre se puede culpar a otros, a los padres si son menores, al que manejaba alcoholizado, al peatón que cruzó por la mitad de la cuadra, al inspector coimero, al que usaba el celular o los auriculares, al que venía sin casco, al que no señalizó el bache, al que expidió una licencia o una revisión técnica apócrifa, al juez que demoró una sentencia mientras el acusado sigue conduciendo por las calles, lo cierto es que el Estado somos todos.

Esto lo ha entendido España, por ejemplo, referente mundial en reducción de accidentes de tránsito, gracias a su implementación de una política integral que convirtió las faltas de tránsito en delitos viales con penas de diez días a diez años de prisión efectiva y una gran inversión en infraestructura y concientización. En tanto, en nuestro país, un proyecto similar presentado por la ONG “Luchemos por la Vida”, con media sanción de Diputados, duerme hace diez años en el Senado, tras perder dos veces estado parlamentario.