El emérito ha dado permiso a la escritora Laurence Debray para que publique la entrevista en la que también dice que echa mucho de menos a su hermano Alfonsito.

En 2014, poco antes de que anunciara su abdicación, el rey Juan Carlos recibió en su despacho del palacio de la Zarzuela a la escritora francesa Laurence Debray y al cineasta Miguel Courtois Paternina para ofrecerles una larga entrevista que nutriría de contenido un futuro documental llamado Yo, Juan Carlos, rey de España. La cinta se emitió en febrero de 2016 en la cadena gala France 3, pero fue vetada en España debido a la infructuosa negociación de TVE con la productora del trabajo, Cinétévé, para que apareciese el testimonio de Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno. Mientras este documental inédito acumula polvo en las estanterías de Prado del Rey, don Juan Carlos ha dado permiso a Laurence Debray para que publique el contenido de sus declaraciones en la revista Point de Vue.

El rey emérito ofrece una emotiva y sincera entrevista que comienza con el recuerdo de su infancia. “Nací en Roma, viví en Suiza antes de instalarme en Portugal. No descubrí mi país, España, hasta 1948, cuando tenía 10 años. Hablé francés antes que el español”. El padre de Felipe VI también evoca cómo eran sus días en el exilio portugués. “No reinaba un sentimiento de nostalgia en casa. Siempre teníamos muchos amigos y primos con los que jugar. Los hermanos nos queríamos mucho y estábamos muy unidos a nuestros padres”.

Su abuela, la reina Victoria Eugenia, jugó un papel fundamental en la vida del monarca. “Era una mujer excepcional, con un carácter fuerte. La quise mucho. Desempeñó un papel muy importante en mi vida. Cuando mi familia se fue a Portugal, mientras yo me quedaba en el internado de Friburgo, mi abuela venía todos los jueves de Lausanne para ocuparse de mí. Los domingos, yo la visitaba en su casa. Fue como una madre para mí”. Pero don Juan Carlos también tiene muy buenas palabras para su progenitora, Doña María de las Mercedes. “Mi relación con ella era excelente. Me acuerdo de que cocinaba muy bien. Le encantaba. Cuando estábamos todos de vacaciones en el barco, era ella quien se encargaba de cocinar. En casa también lo hacía, a pesar de tener cocinera”.

“¿Cuál era su plato favorito?”, le pregunta Laurence Debray. “Comíamos de todo, a pesar de las restricciones debidas a la Guerra y a nuestros escasos medios. Recuerdo que no me gustaba la piña y que tenía que comerla todo el tiempo. En Portugal era muy barata y nos la ponían para comer y cenar todos los días. Cuando llegué a España descubrí las naranjas. Una maravilla. Hoy en día me sigue sin gustar la piña”. De sus días en Estoril, también guarda un grato recuerdo. “Estaba la familia real italiana, la francesa, la rumana, la búlgara… No estábamos solos. Portugal nos acogió muy bien. Es una especie de segunda patria para mí. Tengo muy buenos amigos y hablo portugués”.

Un homenaje a su padre

Especialmente emotiva es la parte en la que el rey emérito habla de su padre, don Juan. “Era una persona fantástica, de gran calidad humana. Fue mi mejor consejero y mi mejor amigo. Me inculcó el amor por España y por la libertad. España ha sido mi leitmotiv toda mi vida. Estoy sentado en este despacho gracias a él. Él sacrificó su posición de jefe de familia. Tras la ceremonia de renuncia a los derechos dinásticos, me dijo: “Ahora es tu turno. Adelante” Como se dice en francés: “Chapeau”. Fue un momento muy emotivo para los dos. A pesar de todo lo que se haya podido decir o escribir, he tenido una relación muy estrecha con mi padre. Evidentemente, ha habido diferencias puntuales entre nosotros, pero que nunca han perjudicado el afecto que nos teníamos. Existía una entente extraordinaria entre nosotros. Nos entendíamos con solo mirarnos. Siempre he tenido un gran respeto y una gran admiración hacia mi padre”.

A su vez, el rey analiza el día en el que tuvo que despedir a su progenitor. Un momento muy triste en el que incluso lloró. Aquella imagen dio la vuelta al mundo. “La muerte de un padre es un momento muy duro. Uno se da cuenta de que, a partir de ese momento, está en primera línea. Perder a una persona como don Juan fue un momento realmente duro, era mi aliado más fiel. Le contaba todo. Lo enterré como rey. Se lo merecía. Dedicó toda su vida a España. Me preparó para convertirme en rey, sacrificó su persona por el bien de un país. Esa es la grandeza de ese hombre. Tuve la suerte de que fuese mi padre”.

Otra de las muertes que afectó mucho al rey emérito fue la de su hermano Alfonso. “Permítame que abordemos este tema doloroso, Su Majestad. ¿Podría decirme algo sobre su hermano pequeño Alfonsito?”, le pregunta Debay. “Éramos muy cómplices. Lo quería mucho. Era muy simpático y despierto. Jugaba muy bien al golf. Lo sigo echando mucho de menos. No poder tenerlo a mi lado, no poder hablar con él, pero la vida debe continuar…”, contesta el monarca.

A lo largo de la entrevista, don Juan Carlos se detiene en otros de momentos más relevantes de su vida: su llegada a España. “Conocer por fin a tu propio país es una cosa muy fuerte. Por su puesto que mis padres, mi abuela y mis amigos me habían hablado constantemente de España, pero pisar por fin España es muy diferente. Estaba muy emocionado cuando llegué a la estación. Y totalmente aterrorizado, rodeado de personas mayores que yo no conocía”. Sobre la educación que recibió, manifestó: “Mi educación fue planificada entre Franco y mi padre. Fue como una pelota de ping pong. Cuando su relación era buena estudiaba en España, cuando era mala, lo hacía en Portugal. Ese ha sido el resumen de mi vida hasta que entré en la Academia Militar”.

“¿Esa inestabilidad le afectó?”

“Uno se acostumbra. No me quedaba otra que aceptarlo. Era así…”.

En estas confesiones que recoge Point de Vue, don Juan Carlos se explaya sobre su relación con Franco. “La primera vez que lo vi tenía 10 años. Estaba bastante impresionado con la idea de conocer a un jefe de Estado. Pero sobre todo yo era un niño. Lo que más me llamaba la atención eran las cosas raras que me encontraba sobre la mesa de su despacho. Recuerdo que había un ratón correteando entre los pies del General. Yo no podía parar de mirarlo. Agobiado, Franco me preguntó qué hacía. Yo le contesté: “¡Hay un ratón entre sus pies!”. Él se quedó muy sorprendido”. Y reivindica de nuevo a su padre. “Franco no fue mi mentor. Fue mi padre, a pesar de la distancia”. Sobre sus recuerdos del General, concluye. “Era una persona hermética que no hablaba mucho. Me escrutaba todo el rato. Intentaba descifrarme”.

Sus hijos, doña Sofía y la política

La entrevista también ofrece momentos más personales, como su boda con doña Sofía. ”El día de antes, estaba practicando judo con mi cuñado Constantino. Él es un excelente profesor. Estábamos de risas, tirándonos al suelo el uno al otro, y se me salió el hombro. Tuve que ir al hospital. El día de la boda todavía me dolía muchísimo. Me pusieron infiltraciones. Aun así pude bailar. Me quedaba el otro brazo”.

“Otro gran día fue cuando lo proclamaron rey…”, le recuerda la coautora del documental.

“No había dormido, lo que explica las ojeras que tenía aquel día. Estaba muy agobiado por mi discurso. Lo había reescrito al menos 10 veces. Mi primer discurso como rey. Un verdadero bautizo de fuego. Tenía algunos minutos lo que quería hacer: ser el rey de todos los españoles. Hay que recordar que tomaba la palabra frente a los miembros del Parlamento, totalmente rendidos a Franco. No sabía cómo iban a reaccionar”.

“En esa época lo apodaron Juan Carlos El breve…”, evoca Debray. “Santiago Carrillo me llamaba asó. La situación era muy difícil, pero gracias al pueblo español y a los dirigentes políticos de aquella época pudimos construir la democracia. Sin ellos, hubiese sido una misión imposible. Día tras día, hemos hablado, solucionado los problemas y acometido grandes avances. La clave de todo fue el diálogo”.

Para finalizar, don Juan Carlos cuenta cómo educó a su hijo Felipe, el actual monarca. “ Se ha formado como yo en el seno de tres academias militares. Pero ha estudiado más que yo. Estudió una carrera brillante en España y luego la continuó en Estados Unidos. Sobre si la infancia del actual monarca fue diferente a la suya, don Juan Carlos contesta: “Claro. Nació en su país y creció siempre en el mismo sitio”.

“Ha disfrutado de un sentimiento de seguridad…”, repregunta Debray.

“Ha nacido en palacio. Yo he nacido en Roma”.

Sobre si han existido diferencias en la manera de educar a sus hijas, dice: “Los tres han realizado estudios universitarios. Siempre he intentado estar cerca de ellos. Mis hijas se casaron y se fueron de casa. Él se quedó. Tuvimos la oportunidad de vernos a solas, de comer juntos, de comentar la actualidad, de debatir. Esos momentos privilegiados fueron muy importantes”. Y es entonces cuando llega la pregunta final: ¿Cómo se enseña “el duro oficio de ser rey?”. “Se puede transmitir valores y se puede dar ejemplos, pero hace falta aprender este oficio por uno mismo. Yo no le puedo decir: ‘Tienes que hacer las cosas así’. Son elecciones personales. Lo hará a su manera. Y lo hará muy bien”.