Subir fotos de tus hijos a la red podría afectar su futuro

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ompartir en redes sociales su primera foto de bebé, una imagen recuerdo de un bonito día en el campo, o incluso la primera ecografía. Para los padres puede ser una forma de mostrar al mundo lo orgullosos que están de sus hijos. Sin embargo, en un futuro, el ‘sharenting’ puede afectar en la reputación digital de los menores.

¿Pero qué es exactamente el ‘sharenting’? El término es una fusión entre dos palabras en inglés: sharing (compartir) + parenting (criar). Consiste, por tanto, en eso que tanto hacen los padres de hoy, que no es otra cosa que compartir fotos, vídeos e información sobre sus hijos e hijas en las redes sociales.

Fue en 2003, hace más de quince años, cuando The Wall Street Journal comenzó a utilizar esta expresión. Pero el fenómeno del ‘sharenting’ ha alcanzado tal dimensión que el diccionario británico Collins decidió incluir esta palabra en su diccionario en 2016.

Efectivamente, los datos confirman que existe una sobreexposición de los menores en internet. Así, al cumplir los seis meses de vida, el 81% de los menores ya están presentes en internet. Además, el 5% de los menores de dos años tiene incluso un perfil propio en Facebook creado por sus padres con su nombre.

El 5% de los menores de dos años tiene un perfil propio en Facebook
¿Cómo es el contenido que se publica? Pues según un estudio elaborado por la Universidad de Michigan C.S. Mott Children’s Hospital, el 56% de los padres cuelga fotos potencialmente vergonzosas de sus hijos.

Internet y las redes sociales suponen, sin duda, un avance. Siempre y cuando se les dé un uso adecuado. Por ello, como nos recuerda la campaña Por un uso Love de la tecnología, iniciativa de Orange cuyo objetivo es sensibilizar a niños y mayores sobre el uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías, los padres deben hacer frente con responsabilidad a los retos que plantean las nuevas tecnologías y conocer cómo afecta realmente a sus hijos la exposición que se hace de ellos en internet.

En este sentido, cabe tener en cuenta que, como alerta la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños (NSPCC, por sus siglas en inglés) en Reino Unido, “cada vez que una foto o vídeo es publicada, se crea una huella digital del niño, que puede seguirlo en su vida adulta”.

De este modo, la identidad digital de los menores queda ya formada sin que estos lo hayan consentido ni puedan hacer nada por evitarlo. Una simple búsqueda en internet puede dar lugar a encontrar múltiples imágenes en situaciones incómodas o fotografías que esa persona nunca hubiera compartido de haber sido consciente de ello. Por ello, es importante hacer un uso responsable de las tecnologías y ser conscientes de que este tipo de contenidos pueden afectar a las personas que aparezcan en ellas, tanto en el presente como también en el futuro, porque lo que se publica en internet siempre queda ahí.

Los riesgos del ‘shareting’
Lo que muchos padres no saben o no son conscientes de ello es que eso que a priori parece una práctica totalmente inofensiva, puede acarrear ciertos riesgos para los menores.

Compartir, por ejemplo, imágenes suyas, su nombre completo, la ubicación, etc., supone un riesgo para el niño. Los padres, sin saberlo, están proporcionando tantos detalles de sus hijos que pueden poner en riesgo su seguridad o facilitar la comisión de delitos como el robo de identidad.

Por otro lado, las redes sociales se han convertido en una plataforma donde comentar públicamente cualquier problema sobre los hijos. Son muchos los padres que acuden a internet en busca de apoyo en internet ante ciertas situaciones, como pueden ser circunstancias académicas, mala conducta o problemas de salud. Los progenitores, en ese momento, no llegan a darse cuenta que esta información puede traer consecuencias negativas a la vida personal y profesional de sus hijos.

Compartir ciertos datos privados sobre menores puede conllevar riesgos para el futuro personal y laboral de los hijos
Aunque un padre publique, por ejemplo, una fotografía de su hijo en Instagram y su cuenta sea privada, nunca se sabe dónde puede terminar esa imagen. Una foto puede ser reproducida indefinidamente y acabar en lugares poco apropiados.

Además, dado que esas publicaciones quedan en internet, se pueden proyectar en el tiempo e impactar tiempo después sobre el honor y la reputación de los menores. Esa foto tan entrañable del bebé en su primer baño puede ser mal utilizada por terceros en el futuro y tener efectos perjudiciales en el entorno social o escolar del niño, llegando en algunos casos a sufrir bullying o cyberbullying.

Por todo ello, es fundamental ser conscientes de qué materiales se comparten en redes sociales y cómo pueden afectar al futuro de los menores.