De las distintas previsiones económicas para este año, la más seria esa la del FMI, no por honestidad intelectual sino porque no analizan la realidad, la hacen.

Por Pablo Benito

 

Pocos datos indican que 2019 vaya a revertir la tendencia, de la economía mundial hacia la baja. La batalla comercial entre EE.UU., China y Rusia, no es por expandir las economías nacionales propias sino para que no se retraigan demasiado. Es decir, el contexto es de crisis y ese marco es estructural más que cíclico.

Argentina no sólo es parte de esa crisis, sino que además encabeza los números de recesión en el planeta, sea de inflación, devaluación de su moneda y, lo que es más grave, la pérdida de soberanía estructural para campear la crisis. Mientras las economías se cierran, Argentina se “abre al mundo” aunque nadie entre. La lectura de la situación, global, es que el retraimiento afecta las exportaciones de los países centrales y cada economía acuña el concepto de “vivir con lo que se tiene” pero apelando a tener más y producir mejor, en contraposición con el modelo adoptado por la gestión de gobierno argentino de recortar el mercado, el gasto y la inversión.

¿Qué dice el FMI?

1) – Las expectativas de crecimiento no se han cumplido: En los últimos dos años, el crecimiento en Europa ha sido fuerte, debido a que muchos riesgos no se materializaron. La región continúa registrando un crecimiento considerable, alimentado por una demanda interna apoyada por un nivel alto de empleo y salarios elevados. Aun así, la economía se expandió a un ritmo menor al previsto inicialmente. El pronóstico actual es que la economía de la región se ralentice de 2,8% en 2017 a 2,3% en 2018 y 1,9% en 2019.

2) – El entorno ha sido menos favorable para el crecimiento. Varias tendencias obstaculizan el crecimiento. Primero, la demanda externa (en especial, de bienes) ha caído. Segundo, el aumento de los precios del petróleo ha reducido los ingresos. Y, tercero, las restricciones de la capacidad de producción y la escasez de mano de obra son cada vez más apremiantes. Se espera que continúen estas condiciones. También, han aumentado los riesgos para la actividad económica.

3) – El aumento de los precios del petróleo ha reducido los ingresos. En el último año, los precios de la energía, incluidos los del petróleo, han subido. Los precios de las materias primas han aumentado un 7% desde el segundo trimestre de 2018, mientras que los precios del petróleo han subido en torno a USD 80 el barril en septiembre de 2018. Como resultado, los ingresos disponibles reales cayeron en promedio 0,5 puntos porcentuales del PBI en la mayor parte de los países de Europa. Los productores de petróleo, Noruega y Rusia, se beneficiaron de esta evolución.

4) – Un largo período de expansión del sector manufacturero. El sector manufacturero ha disfrutado de uno de los períodos más largos de expansión de las últimas dos décadas. Pero, en un contexto de ciclo económico maduro, las restricciones de la capacidad de producción y la escasez de mano de obra están limitando el crecimiento, en especial, en las economías emergentes de Europa. La utilización actual de la capacidad de producción ha aumentado a niveles vistos por última vez antes de la crisis financiera mundial.

 

Made in Argentina

Desde los organismos internacionales señalan una caída de la actividad económica para el presente año muy por encima del 0,5% pronosticado por el Gobierno en su presupuesto para el próximo año y que avalara el Parlamento, es decir, oficialismo y oposición.

La CEPAL alude a una caída del 1,8% y el FMI a una retracción similar del 1,7%, manteniendo la situación del presente año, que a noviembre del 2018 registra una caída del 2,2%, confirmando tres años recesivos de los cuatro de la gestión presidencial de Mauricio Macri, entre diciembre del 2015 y diciembre del 2019.

La recesión se agrava porque la menor producción de bienes y servicios derivada de la menor actividad económica, hay menos para repartir.

La caída del empleo es un dato que atañe, no sólo al propio desocupado, sino que tiene impacto directo con el empobrecimiento del mercado. Menos trabajo, menos salarios, menos consumo, menos producción… menos trabajo, y el bucle se hace infinito hasta que toque un fondo que aún no se avizora en nuestro país, ni por el lado de la dirigencia económica ni por el de la política.

La recesión se agrava porque la menor producción de bienes y servicios derivada de la menor actividad económica, hay menos para repartir.

El año que pasó en el que primó la caída del salario real de los trabajadores la paz social, garantizada por la dirigencia gremial tuvo más que ver con que no se trataba de un año electoral, que con la representación de los trabajadores golpeados duramente sin antecedentes a la vista en la historia reciente.

El empleo registrado retrocedió 1,4% en noviembre respecto del mismo mes del año anterior, con una pérdida de 172.200 puestos de trabajo, informó la Secretaría de Trabajo de la Nación. En lo que hace a los datos de noviembre respecto de octubre, la caída fue de 0,2%, lo que implica 24.700 empleos menos.

La variación mensual del trabajo registrado para noviembre de 2018 muestra una caída de 37.200 trabajadores en el sector privado (0,4%) y de 5.100 trabajadores en el sector público (0,2%) en contraposición al aumento de 4.200 monotributistas sociales (1,2%). La variación mensual del total de trabajadores registrados se explica principalmente por la caída del sector privado. La cantidad de asalariados privados se redujo en 117.700 (1,9%) con respecto a noviembre de 2017 y en 32.200 (0,5%) con respecto a octubre de 2018. El dato es tan duro que no lo ablanda, si quiera, la idea del gobierno de que “estamos generando empleos genuinos”, cuando claramente estos están cayéndose con vertiginosa rapidez.

 

Sequía de inversiones

No hubo lluvias de inversores. La inversión cayó 5,6% durante el 2018, el nivel más bajo desde 2009. En diciembre la inversión registró una caída del 19,2% interanual medido en términos de volumen físico, lo que da una contracción acumulada de 5,6% en 2018.
Asimismo, la inversión representó el 20,9% del Producto Bruto Interno (PBI) medido a precios constantes. En tanto que medido en dólares, en noviembre se invirtieron US$ 6.831 millones.

En lo que hace al rubro maquinaria y equipos, el segmento tuvo una muy mala performance, arrastrando el índice a la baja. En diciembre registró una caída de 28,1% interanual, destacándose las bajas tanto en la venta de vehículos comerciales livianos (57,3% ) como pesados (49,5% ). La inversión en maquinaria y equipos durante 2018 resultó 10,7% menor a la observada para el año anterior.

 

Costo impositivo

Nuevamente la carga impositiva que deberá pagar la producción argentina se ubica en los niveles de récord histórico establecidos en el 2015. A pesar de que se bajó el gasto público durante el 2018, los impuestos siguen aumentando, en un país que registra un 40% de economía en negro. El incremento de los derechos de exportación elevó, en 2018, en un punto la presión impositiva a nivel nacional para llevarla al 33,4% del PBI considerando los tributos a nivel nacional, provincial y municipal, según un cálculo del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).

Con los nuevos datos de recaudación y PBI de 2018, la presión tributaria totalizó 32,6% (0,02 punto más que en 2017), donde la Nación explicó 24,3% (0,01 punto menor al año anterior); las provincias, 7,2% (incluye las cajas previsionales no transferidas), y los municipios, 1,1%. Al considerar las variaciones impositivas del Presupuesto 2019, estimó que la presión impositiva a nivel nacional subirá a 25,3%, bajará a nivel provincial a 7% y se mantendrá a nivel municipal en 1,1 por ciento.

 

Borrando con el codo

Todas las previsiones que se vienen dando, en los últimos años, parecen más expresión de deseo que objetivos análisis, en pocos días, el FMI, borró con el codo lo pronosticado para este 2019 en argentina. Redujo su pronóstico de crecimiento para los años 2018 y 2019 a 3,7 por ciento, es decir, 0,2 puntos porcentuales menos que en el pronóstico hecho en abril. “La probabilidad de nuevos golpes negativos a nuestros pronósticos de crecimiento aumentó”. En cuanto a la Argentina, el FMI revisó a la baja sus pronósticos de crecimiento económico, con una caída del 2,6% en el Producto Bruto este año, y al alza los de inflación. La entidad crediticia internacional proyecta que el país permanecerá en recesión con un 20% en 2019. Mientras tanto, para 2019, el organismo espera que la economía argentina se contraiga 1,6 %. Como vemos lo único en alza, para nuestro país, es la incertidumbre.