El israelí acusado de asesinar a su madre y a su tía presentó un nuevo escrito a través de su abogado defensor. El letrado esgrime que hay un “vacío legal” que permitiría a los reclusos tener mascotas en el penal. Además, ofrece hacerse cargo de la alimentación de los felinos en caso de que prospere la solicitud.

Los excéntricos pedidos de Nicolás Gil Pereg (37) siguen sorprendiendo a las autoridades del penal de San Felipe donde se encuentra alojado. A través de un escrito presentado por su abogado defensor, el israelí volvió a solicitar que le lleven al menos dos de sus gatos a la celda donde vive aislado del resto de los detenidos.

La justificación esgrimida por la defensa de Gil Pereg es que existe una laguna legal que permitiría a los reclusos tener mascotas dentro del penal. “Mi defendido se encuentra aislado del resto de la población carcelaria, por lo que lo solicitado no afectaría a los demás habitantes del complejo”, argumenta el escrito presentado ante las autoridades de San Felipe.

Además, el escrito aclara que “será proporcionada la cantidad de alimento necesaria para la adecuada alimentación de los felinos, la cual deberá ser suministrada y fraccionada por el personal penitenciario o en su defecto por el mismo interno”.

“Pedimos al director que informe si hay animales, ya sea gatos, perros, etc. dentro del establecimiento y si considera viable y procedente lo peticionado con respecto a la tenencia de las mascotas por parte del interno Gil Pereg”, concluye el escrito.

Desde que fue arrestado por matar de tres tiros a su tía, Lily Pereg (54) , y a golpes a su madre, Pyrhia Sarusi (63), Gil Pereg está detenido en el complejo II de San Felipe. El israelí se encuentra aislado del resto de la población carcelaria y en su momento realizó una huelga de hambre y amenazó con suicidarse si no le llevaban sus gatos.

En el predio de Julio Argentino Roca al 6000 donde vivía Gil Pereg, frente al cementerio municipal de Guaymallén, el israelí convivía con una gran cantidad de gatos y perros en condiciones cercanas a la indigencia. Si bien los perros estaban desnutridos y atados al sol, Gil Pereg quería mucho a sus gatos, a los que trataba incluso mejor que a sí mismo, comprándoles medicación y comida especial.