Cristina Fernández recibió esta semana a Macarena Sánchez, la deportista que inició una cruzada para profesionalizar el fútbol femenino en Argentina. Si bien ha tomado notoriedad a partir de su posición feminista, son neutrales los motivos de su reclamo a su club y a AFA, una institución que –aunque no sobren evidencias para calificar de machista– no se puede negar que se mueve según profundas redes de interés económico.

Analía De Luca

Algo de razón tiene Macarena Sánchez. Hasta no hace mucho tiempo, la Selección Argentina de Fútbol Femenino ni siquiera podía entrenar en los mismos predios que la de varones, lo hacía en una cancha de tierra, sin vestuarios. Y cuando debían jugar, el viático solo incluía –en el mejor de los casos– ida y vuelta “en el día” en algún transporte económico, para ahorrar en hospedaje. Y eso que clasifica a mundiales y todo.

Pero Macarena no juega en la Selección, o todavía no. El caso es que después de itinerar por UNL, C. A. Colón y la Liga (en Santa Fe), llegó a Club Deportivo UAI Urquiza y, desde entonces, su categoría obtuvo cuatro campeonatos y una medalla de bronce en Copa Libertadores 2015. Ahora, según el DT, ya no cumple con los estándares deportivos y el club la dejó libre, a mitad del torneo, no solo como futbolista sino en relación a tareas administrativas que realizaba en la institución.

Entonces, asesorada por abogados particulares, realizó una demanda por fraude laboral al club y a la AFA, y declaró para Infobae: “Nosotras somos trabajadoras. Entrenamos y jugamos igual que los varones. De hecho, hacemos el triple del esfuerzo porque también estudiamos y trabajamos. Por más que no tenemos contrato, eso no hace a la profesionalización. Hay miles de trabajos ‘en negro’ y esas personas igual son consideradas trabajadoras. ¿Por qué nosotras no?”.

Inmediatamente, desató no solo una ola de críticas a través de sus redes personales sino también amenazas de muerte; a la par que obtenía el apoyo de FIFPro y legisladores como Leandro Busatto, Pino Solanas, María de los Ángeles Sacnún, y toda la Legislatura porteña y el Senado de la Nación, quienes repudiaron las amenazas. Y, mientras, en silencio, se producía la renuncia “indeclinable” de Ricardo Pinela -vicepresidente de Urquiza- a la presidencia de la comisión de Fútbol Femenino de AFA, “debido al anuncio de una restructuración de la disciplina”. Él mismo había firmado, días antes, el comunicado mediante el que el club –si bien repudiaba las amenazas- aclaraba que había desvinculado unilateralmente a la jugadora.

A todo esto, la FAA, nunca se pronunció al respecto. “Agremiados no tiene vínculo con el fútbol femenino. Ellos se basan en la profesionalización y solo la entienden a través de un contrato. Como nosotras no lo tenemos -solo firmamos un acta de fichaje de AFA-, no se hacen eco de nuestro reclamo”, explicó la jugadora.

 

¿Es machista el fútbol argentino?

Cuando las feministas quieren remover el monumento al femicida Carlos Monzón, los machistas le responden “es un monumento a Monzón como estrella del deporte”; cuando una boxeadora premiada –como Alejandra Oliveras- quiere vivir de su profesión; le dicen feminista, o empiezan a indagar en su orientación sexual.

Pero el fútbol es un mundo aparte en el deporte argentino y merece un análisis aparte. Porque no se puede decir que el “todo el deporte” sea machista en nuestro país existiendo en vóley equipos como Las Doras o en hockey como Las Leonas. Ni que el fútbol mismo sea machista, habiendo tenido que luchar lo que lucharon los mismos varones -allá por la década del treinta- para profesionalizarlo, cuando sufrían los mismos destratos que hoy denuncian las mujeres que lo practican. De hecho, CONMEBOL ya anunció que en el mediano plazo exigirá a los clubes que quieran clasificar a sus divisiones masculinas a la Copa Libertadores, deberán tener un equipo femenino de fútbol.

El problema pareciera ser AFA. Pero no solo por machismo, sino por unas tramas dinerarias que hicieron, por ejemplo, que la Inspección General de Justicia decidiera en mayo de 2016 suspender las elecciones por “irregularidades administrativas”, al tiempo que decidía una intervención por 90 días en la entidad; o como había ocurrido en 2015 cuando la jueza Servini de Cubría ordenó revisar el rol de la institución en el programa Fútbol Para Todos; o el escándalo por la venta de entradas para el Mundial de Rusia en 2018, donde ligas del interior figuraban como supuestos compradores de tickets que nunca habían solicitado o recibido.

La misma Macarena se lo había dicho a Tiempo Argentino antes de recibir amenazas: “en la UAI hay jugadoras que no cobran, otras sí en concepto de viáticos. Tenés clubes afiliados a AFA que no sólo no les pagan, sino que las jugadoras tienen que pagar cuotas. El viático no llega ni a la mitad de un sueldo básico en Argentina, y eso es como un privilegio”. “Si llegasen a obligar a los clubes a tener fútbol femenino, no les queda otra que hacer un torneo federal, y no quieren profesionalizar la disciplina. Si le preguntás a cualquier jugadora de fútbol (…) en el alto rendimiento, ninguna te va a decir que es un hobby”, había argumentado en esa oportunidad.