Las entradas para el ballet “Espartaco”, en la Ópera Estatal de Baviera, están agotadas. Probablemente también porque el bailarín Serguei Polunin interpreta el papel del antiguo héroe en Múnich. Pero para poder bailar, Polunin necesitó un permiso: el artista, como se confirmó a DW, tuvo que dar explicaciones por sus insultantes declaraciones en Instagram sobre bailarines homosexuales y personas con sobrepeso. El director de la ópera, Nikolaus Bachler, y el director de ballet, Igor Zelensky, dijeron que Polunin quiso provocar con el fin de llamar la atención sobre los peligros de la obesidad. Al mismo tiempo, el artista se distanció de la homofobia y el racismo.

Después de conocer las declaraciones de Polunin en las redes sociales, la Ópera de París canceló su contrato con el artista a mediados de enero, porque las declaraciones públicas de Polunin no se correspondían con los valores que representa la ópera. A pesar de las numerosas peticiones para que el artista se disculpara, Polunin no lo hizo en Instagram. Tampoco respondió a la petición de DW de que realizara unas declaraciones al respecto.

Aplauso en Múnich

Sin embargo, la dirección del Ballet de Múnich aceptó aparentemente el motivo aportado por Polunin y el público también, porque sus actuaciones fueron muy aplaudidas. Aunque la prensa informó sobre Polunin, la historia no causó un amplio debate en Alemania.

“En verdad, estoy sorprendida”, dijo Dorion Weickmann, de la revista “Tanz”. En Berlín o Stuttgart, este tema se habría convertido en un escándalo, según ella. La crítica de danza cree que los comentarios de Polunin son inaceptables. “Tenemos libertad de expresión, pero no se puede humillar e insultar a otros”, explicó. Weickmann además señaló que Igor Zelensky habría ayudado a Polunin a superar su adicción a las drogas hace unos años. Ella asume que Zelensky dejó claro al bailarín que tales declaraciones no deberían repetirse en las redes sociales.

¿Una campaña de relaciones públicas?

“Puedo entender a Igor Zelensky porque no quería darle la espalda a su viejo amigo”, dijo Gisela Sonnenburg, fundadora de la revista “Ballet Journal”, quien asume que las declaracines de Polunin forman parte de una campaña de relaciones públicas, pero cree que los insultos no deberían ser tolerados. Según ella, los artistas no deben ser librados automáticamente de la responsabilidad que conllevan sus declaraciones solo por el hecho de tener un talento excepcional. Sonnenburg asume que Polunin no es consciente del daño que causa al ballet con sus comentarios. “Un tercio de las personas pertenecientes al mundo del ballet es homosexual. Luego alguien, que dice que es heterosexual, insulta a todos los homosexuales. ¿Pero qué es eso?”, criticó Sonnenburg.

Con Putin en el pecho

La filósofa y periodista Catherine Newmark cree que las declaraciones de Polunin son equivocadas y desagradables. “¿Pero significa eso que tengo que rechazar completamente a una persona si tiene una cualidad que me parece muy admirable?”, se pregunta. “Los abuelos dicen regularmente muchas cosas con las que no estamos de acuerdo y, por ello, no dejamos de relacionarnos con ellos. Tenemos cierta elasticidad con respecto a las personas que conocemos y con aquellas cosas que dicen sin reflexionar”, subraya Newmark.

Según ella, no hay que olvidar las protestas de activistas ucranianos en Alemania. Exigen a la ópera de Múnich que se distancie del bailarín. Polunin nació en Ucrania, pero recientemente recibió la ciudadanía rusa. Se hizo tatuar un retrato del presidente ruso Putin en el pecho.

Según Newmark, el tema central en el caso de Polunin y otros debates similares es por dónde discurre la línea que los artistas no deben cruzar. Ella cree que los crímenes violentos deben percibirse definitivamente como una línea roja. En esos casos, la sociedad debería alejarse del artista. Al mismo tiempo, duda de que, a pesar del movimiento #Metoo, por ejemplo, los espectadores ya no vean películas filmadas en los estudios de Harvey Weinstein solo porque está acusado de delitos sexuales.

Pero tal vez en Múnich ya se agotó la paciencia con Polunin: después de “Espartaco”, Serguei Polunin, no tendrá más compromisos laborales con la Ópera Estatal de Baviera.