Central quiere cortar la mala racha en su debut frente al duro Gremio, lleva 8 sin ganar y viene de ser eliminado en Copa Argentina. El encuentro se disputará hoy a las 21.30.

El canalla pone primera nada menos que en la Copa Libertadores de América (el pasaporte lo logró por la conquista en la Copa Argentina), con todo lo que ello implica, pero lo hace enredado en una telaraña de la que se le está haciendo complejo salir, con rendimientos muy bajos en el torneo local y, lo que es peor, con una magra cosecha de puntos en el presente que ya le puso cierto condicionante al futuro. El tema es cómo despojarse de ese escenario para pensar que los tres puntos del sábado frente a Godoy Cruz tienen más valor que los tres de esta noche contra Gremio (el grupo H lo completan Libertad de Paraguay y Universidad Católica de Chile).

En aquella final contra Gimnasia por Copa Argentina en Mendoza lo que se buscaba era claramente el título que a Central se le venía negando desde hacía 23 años. La consagración valía más que cualquier cosa. Pero había una frutilla que agregarle al postre: la clasificación a la Copa Libertadores. Dicho y hecho. Hubo coronación y premio extra. Lo que muy pocos podían imaginar ya al día siguiente era que apenas un par de meses después el equipo iba a estar inmerso en una crisis tal que esa Libertadores que todos persiguen pudiera quedar relegada a un segundo plano.

No está dicha la última palabra sobre que el canalla tomará esta competencia sin mucha seriedad en sus aspiraciones. De hecho Paulo Ferrari pondrá en cancha hoy un equipo con mayoría de titulares. Pero si no hay un cambio radical fronteras hacia adentro es probable que lo que venga en la copa sea con menos compromiso que el habitual.

La Copa Libertadores no es un torneo al que se le pueda (ni deba) darle vuelta la cara. La tentación es enorme porque juegan también su partido el prestigio y hasta la cuestión económica. Pero en Central hoy sí pueden decir que el momento en el que llega no es ideal, al menos el más oportuno. Es algo así como la típica historia del vaso (en este caso la copa) medio lleno o medio vacío.

Si la competencia hubiera arrancado algunos meses antes, el entusiasmo, la adrenalina y las pretensiones hubiesen sido otras. Hoy, con el equipo luchando de manera denodada y sin haber podido lograr su primer triunfo en el año, es difícil creer que cuando se corra el telón el canalla tendrá la capacidad de actuar de otra forma para envalentonarse y creer que puede pelear con los más poderosos de Sudamérica.

El presente habla por sí solo. Hace apenas algunas semanas el cuerpo técnico liderado por Edgardo Bauza dejó de estar al frente del equipo y en un abrir y cerrar de ojos el grupo quedó bajo el ala del Loncho Ferrari. ¿Qué pasó en esa corta estadía? Demasiado para el poco tiempo transcurrido, básicamente por la eliminación de Copa Argentina a manos de Sol de Mayo de Viedma. También estuvo el empate ante Belgrano por el torneo local.

La magnitud del desafío que se abre es muy pesada. La Copa Libertadores genera una atracción especial y el anhelo de poder hacer un papel importante está siempre presente. Quizá este debut en el plano internacional le sirva al equipo canalla para lograr el despegue que tanto necesita y tal vez un resultado positivo genere un espaldarazo en lo anímico primero para después reacondicionar las cuestiones futbolísticas. Pero el grado de complejidad está también sobre la mesa.

Con enormes inconvenientes futbolísticos que generaron incluso algún cimbronazo en lo institucional, Central va por el debut copero en busca de una señal positiva. La motivación contra la realidad. Para el canalla es, en este caso, la copa media llena.