La aceleración se explica por disputas de bandas por narcomenudeo, lo que también marca como móvil la mitad de las muertes de mujeres.

Una notable alza de asesinatos en la zona sur de la ciudad disparó el año pasado un aumento en la cantidad de homicidios en comparación con lo registrado en 2017. En líneas generales, ese incremento se puede atribuir a las muertes ocasionadas en el contexto de enfrentamientos entre bandas por el control territorial del narcomenudeo. Un telón de fondo tan amplio que además de explicar la notable disparada de crímenes al sur de la avenida 27 de Febrero aparece también como móvil en la mitad de los crímenes de mujeres, en los cuales la violencia de género como agravante sólo se manifestó en ocho de 21 casos.

Según datos procesados por este diario y chequeados con fuentes oficiales, durante 2018 se registraron 199 homicidios en el departamento Rosario, que abarca la ciudad y otras localidades integradas en el ámbito de la Unidad Regional II de policía, área donde el año pasado se contaron 162 crímenes.

El aumento de los homicidios dentro de los límites de la ciudad fue tan notorio el año pasado que incluso superó esa cifra con un total de 163. En tanto, y más allá de que hayan mermado un poco los hechos en el Gran Rosario vale remarcar que varios de ellos tuvieron como disparadores conflictos originados en la ciudad que sólo pidieron prestado otras jurisdicciones como escenas de ejecuciones o hallazgos de cadáveres.

Mapa

Los enfrentamientos entre bandas, con sus vueltos y réplicas, parecen haber manejado las cifras durante 2018. Con un promedio cercano a los 15 asesinatos mensuales, abril fue el mes en el que todo pareció haberse desmadrado con 30 homicidios que triplicaron los once del período anterior.

Uno de los hechos más violentos de ese mes fue el triple crimen los hermanos Fernández y Gerardo Abregú, acribillados el 16 de abril cuando llegaban en un auto a una casa de Liniers al 2100 de Granadero Baigorria. Sin embargo, para entonces ya se habían registrado en los primeros cuatro meses del año ocho episodios de violencia con dos o más víctimas fatales; algunas habían protagonizados enfrentamientos armados y otras sólo fueron blanco de balas que tenían otro destino.

Si se miran los homicidios según las zonas, los 21 registrados en la zona norte que duplicaron los once del año anterior dan cuenta de la aparición de un violento conflicto con un mapa delimitado y apellidos que se repiten en los testimonios recabados en cada caso.

Sin embargo, los aumentos más notorios volvieron a darse en el sur rosarino, también escenario de la mayoría de los crímenes cometidos durante 2017. Esa tendencia se consolidó el año pasado, en el que el área correspondiente al distrito Sur pasó de 37 a 47 asesinatos. Los crímenes aumentaron también en la zona sudoeste, aunque un poco menos: de 17 a 22.

La disparada más grande, en ese sentido, se verificó en el área del distrito Oeste que abarca las seccionales 13ª, 14ª, 19ª, 32ª y 33ª: en esa zona que durante 2017 había registrado 26 crímenes la cifra trepó a 43.

Fuera de los límites de la ciudad el panorama no cambió mucho en cuanto a los números registrados. En Villa Gobernador Gálvez y Granadero Baigorria aumentaron pero no notablemente, teniendo en cuenta que en la primera de esas ciudades ya se habían duplicado los casos entre 2016 y 2017.

Por otra parte algunas poblaciones prestaron sus locaciones para homicidios con protagonistas y motivos made in Rosario: caminos rurales de Pueblo Esther, Fighiera, Soldini e Ibarlucea fueron escenario de cuatro hallazgos de cadáveres asesinados en contextos mafiosos o de venganza.

Desde vehículos

El uso de armas de fuego aumentó proporcionalmente de un año de otro: en 2017 fueron 123 crímenes y el año pasado 57. Curiosamente, se mantuvo en 21 el número de casos registrados con armas blancas y se verificó un pequeño aumento de asesinatos a golpes.

No obstante, la lectura más interesante para hacerse en este sentido podría estar en la modalidad cada vez más instalada de disparar sin mirar desde vehículos en movimiento. Eso podría explicar el aumento de personas ajenas a los conflictos que pierden la vida en medio tiroteos o la cada vez más frecuente situación de quienes mueren adentro de casas acribilladas en hechos de intimidación que terminan siendo mortales.

Estos hechos vienen recrudeciendo al punto que el año pasado costaron la vida de al menos siete mujeres —entre ellas una niña de cinco años—, una cifra bastante cercana a los ocho hechos que en principio se investigan como femicidios, es decir casos en los que el crimen se da en una situación de violencia de género.

Al respecto, mientras en los últimos años la cantidad de mujeres asesinadas en el departamento Rosario se mantiene alrededor de la veintena por año, la cantidad de femicidios sigue fluctuando: en 2016, fueron seis casos sobre 22 asesinatos; en 2017, una decena sobre veinte hechos. Y el año pasado se registraron al menos ocho de 21.

Múltiples

Si bien pueden ayudar a entender la violencia que se expresa a través de los homicidios dolosos, los números no dejan de ser una herramienta más. Una diferencia de casi 40 homicidios de un año a otro puede ser también fruto del azar, teniendo en cuenta que el factor suerte muchas veces decide entre la vida y la muerte de una persona atacada con armas o a golpes.

Por eso, más allá de los lugares y contextos, y mientras los homicidios en ocasión de robo se mantienen o incluso disiminuyen desde su histórico 20 por ciento, la escena requiere analizar en qué situaciones se producen los homicidios. Como dato que puede aportar a la lectura de nuevas formas de ejercer la violencia se puede mencionar que durante 2018 se registró una docena de doble homicidios y dos triple crímenes; es decir catorce hechos con más de un muerto, en su mayoría en escenarios de narcocriminalidad.