OPINIÓN. A raíz de declaraciones de la mediática Jimena Barón, esta semana una nueva movida en redes sociales impuso el hashtag #yocríosola. En un intento por parecer más feministas, estas mujeres reivindican el machismo y, sobre todo, el patriarcado contra el que luchan, de la manera más ingenua, haciendo público lo privado y privado lo público.


Analía De Luca

 

La nueva ola feminista en redes sociales deja entrever que hay dos maneras de ver la vida. Una, la que está basada en lo social, la ley, la convivencia; y, otra, la que se apoya en el “yo”, en lo virtual y la necesidad de un mundo a medida. “Yo crío sola” es, al final, como el “aborto libre”: en lugar de luchar para corregir lo que está mal, una reivindicación en primera persona de los roles que alimentan el círculo vicioso del patriarcado. Es decir, asistimos reforzando a la “madre guerrera y luchadora que es madre y padre a la vez”, cuando en realidad deberíamos trabajar contra el abandono afectivo y económico de los niños.

 

En esto, por supuesto, interviene lo que las feministas radicales consideran “patriarcado”, estructuras centenarias que favorecen conductas machistas: madres solteras, padres ausentes, abandono del hogar, deudas alimentarias, violencia familiar. Y el Estado, por acción u omisión, contribuye a la perpetuación de estas conductas.

 

Asistimos reforzando a la “madre guerrera y luchadora que es madre y padre a la vez”, cuando en realidad deberíamos trabajar contra el abandono afectivo y económico de los niños.

 

Así, algunas mujeres, en vez de hacer valer sus derechos y los de sus hijos, sustituyen la justicia por el escrache en las redes sociales. Estas mujeres también son el Estado, y su obligación como madres es hacer valer los derechos de sus hijos. Y, si bien es cierto que la justicia es lenta y -en algunos casos- hasta ineficaz, el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación establece claramente las obligaciones de los progenitores en cuanto a la filiación, crianza, educación y manutención de los hijos.

 

Además, también es cierto que el Poder Ejecutivo tiene la obligación de articular los mecanismos para que estas mujeres conozcan sus derechos; y para que las decisiones del Poder Judicial -si las hubiera- se cumplan; y, en este sentido, hay todavía grandes fallas burocráticas. Porque, aun en el caso de que el progenitor, en este caso, masculino (porque también hay madres que abandonan a sus hijos), no desee tener relación con sus hijos, el vínculo está establecido biológicamente y toda la familia directa en línea ascendente del padre puede suplirlo en el cumplimiento de sus obligaciones (según lo establece el Art. 537 de Código CCCN).

 

Los medios de comunicación, también parte del Estado, toman y replican las declaraciones de algunas mujeres, sobre todo las mediáticas, sin acompañarlas de un análisis profundo y correcciones. El “periodismo de declaraciones” abunda, contribuyendo irresponsablemente a la instalación de un modelo comunicativo insano, donde cualquier cosa que cualquiera diga se instala en agenda. Lo hemos visto, recientemente, con la emergencia de una teoría pseudocientífica que postula que la Tierra es plana.

 

Y así como con el caso del pedido del aborto libre, el “yocriosola” se instala como una hazaña feminista, cuando, en realidad, es una reivindicación machista: la lucha, si se quisiera luchar, debería orientarse a presionar al Estado para que ningún chico argentino se quede con derechos por cumplir. Jimena Barón podría haber recurrido al Poder Judicial para hacer valer lo establecido en el Art. 642 del CCC, en relación a los desacuerdos entre ambos padres en relación a la crianza de su hijo: “(…) puede acudir al juez competente, quien debe resolver por el procedimiento más breve previsto por la ley local, previa audiencia de los progenitores con intervención del Ministerio Público”. Sin embargo, eligió las redes sociales.

La lucha, si se quisiera luchar, debería orientarse a presionar al Estado para que ningún chico argentino se quede con derechos por cumplir.

Además, una madre que se jacta de ser guerrera y luchadora, mientras que el padre no aporta dinero, cariño o contención a sus hijos, le está dando un mensaje ambiguo a sus hijos: lo correcto, entonces, pareciera ser que, ante el avasallamiento de los derechos de una persona, corresponde hacerse cargo solo del problema, sin pedir ayuda y sin recurrir a un Estado.

 

Incluso para los casos en que las mujeres se escudan tras el argumento de que el padre del niño no lo quiere, lo maltrata físicamente o “se lo pone en contra”, el CCCN prevé, en su Art. 647 que “(…) Se prohíbe el castigo corporal en cualquiera de sus formas, los malos tratos y cualquier hecho que lesione o menoscabe física o psíquicamente a los niños o adolescentes” y que “Los progenitores pueden solicitar el auxilio de los servicios de orientación a cargo de los organismos del Estado”.

 

La elección de criar a un hijo sola es válida. Sin embargo, los niños también tienen derecho a que sus padres los críen. Y feminista sería utilizar las herramientas legales para obligar a aquellos hombres machistas a cumplir sus obligaciones.