El pájaro voló…

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La memoria no es inocente, no es pasiva, mucho menos, obediente. De memoria no se aprende, sólo se repite y de tanto repetirse el relato yace como historia. Este tipo de relato no se ha repetido – lo suficiente- como para ser parte activa de la construcción de la historia.

Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón

Incluso la discusión de los 30.000 desaparecidos – de la cifra-, ha parido la banalidad de la tragedia para darle dimensión cuantitativa al horror que sólo puede ser mensurado desde la vivencia individual, desde el sufrimiento de la persona venciendo al personaje y retirando al personaje del relato épico y heroico de una generación que dio su vida por las utopías que pretendían revolucionar y sub-vertir el orden de un sistema.

Horacio Maggio y Norma Valentinuzzi, mimando a Facundo, nacido en agosto del `72

El Nariz

“El pájaro voló” es un relato colectivo -documental y documentado- alrededor de la vida de una persona.
Horacio Domingo “Nariz” Maggio, es un detenido-detenido-desaparecido cuyas vivencias, durante los años de lágrimas, plomo y sangre, pueden ser inscriptas, fácilmente, en la trama de un relato heroico y plagada de adjetivos épicos para quien fue el único “chupado” por la patota militar que logró, fehacientemente, fugarse de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), denunciar lo que estaba sucediendo en los centros clandestinos de detención, exponer al mundo el horror de una dictadura militar que había tomado el poder el 24 de marzo de 1976 y contó con el beneplácito de sectores empresarios, sindicales y políticos.
Maggio, se fugó el 17 de marzo de 1978 y fue abatido, en un enfrentamiento contra un grupo de tareas, el 4 de octubre de ese mismo año siendo su cuerpo ultrajado y exhibido a sus propios compañeros de calvario en la ESMA, como muestra de lo que pasaba con quien pretendía huir del horror.
Imposible eludir los adjetivos vinculados a la valentía, el coraje, la heroicidad de quien culmina, luego de un intenso tiroteo, enfrentando a sus captores a los cascotazos una vez agotada su escueta reserva de proyectiles.
“El Nariz”, en lugar de planificar su exilio se quedó en el país, elaboró una minuciosa carta describiendo sus vivencias dentro de la ESMA y denunciando los nombres de mucho de los que habían sido “chupados”.

La carta

“Fui secuestrado el 15 de febrero de 1977… sometido a salvajes torturas por espacio de 15 días. En una de esas sesiones se me produce un paro cardíaco y un ´médico´ intenta mi recuperación para seguir aplicándome, entre otros métodos, la picana o máquina y el submarino (colocan bolsas de polietileno en la cabeza que no permite respirar)”
La crueldad de los verdugos quedaba al descubierto y, sobre todo, comenzaba a caer el velo internacional de lo que no se veía – o no se quería ver- en el exterior de lo que estaba sucediendo en la Argentina, a días de realizarse un Mundial de Futbol y a metros de donde se jugara la final que coronó campeona a la selección nacional y que obligó a los militares a impulsar la perversa campaña “Los argentinos somos derechos y humanos” en oposición a lo brutal violación de los más elementales Derechos Humanos por parte del gobierno de facto.
Maggio, golpea la apatía mundial frente a lo que estaba sucediendo, denunciando la presencia, en la ESMA, de las monjas francesas Alice Domon y René Duquet, además de la ciudadana sueca, Dagmar Ingrid Hagelin, por quien el propio presidente estadounidense, Jimmy Carter y el papa Juan Pablo II, pidieran luego de la acción de Horacio Maggio.
El documental
El documental “El Pájaro voló”, realizado por la productora DeSantaFe.aR y la Asociación Civil Democracia Directa, hace referencia a la acción por la que, inmediatamente después de su fuga, “El Nariz”, hace saber a su madre que se había fugado y estaba vivo sin comprometer la situación de su familia. Un familiar es el encargado de dejar el recado, cifrado, en un llamado que eludía la desesperada búsqueda, del fugado, por parte de los militares que temían lo que, fehacientemente, realizaría Maggio. Develar, con precisión, el terrorismo de Estado que reunía lo peor de las experiencias históricas del genocidio.
“El Pájaro voló…” fue el mensaje que dio la certeza, a una de las miles de madres desesperadas buscando sus hijos, de que su hijo estaba vivo y libre, aunque en un latente peligro dada las condiciones existentes en el país como por la temeridad de un Maggio que se daba el tiempo, para llamar desde distintos puntos del país a la ESMA para recordarles a los torturadores que “van a tener su propio Nüremberg”, en mención al juicio a los jerarcas responsables de los campos de concentración en la Alemania nazi.

Ailin Benito, en una profunda charla con Facundo Maggio (Escena de la película “El Pájaro voló”)

 

El tiempo todo lo transforma

La pregunta que hoy cabe hacerse, desde la mayor distancia del tiempo, es la que se hace Ailin, una joven adolescente que elude la épica, los estigmas y la nostalgia de lo que nunca sucedió. “¿Cómo era la vida cotidiana en medio de tanto horror?” e indaga a las personas gambeteando personajes, naturaliza a su interlocutor, Facundo Maggio – hijo de Horacio y de Norma Valentinuzzi, también desaparecida- y la conversación viaja a la visión de un niño que rebota como un pinball, de casa en casa, de ciudad en ciudad. De país en país ¿Había cotidianidad en medio de tanto desastre? Si la había y se plasma en la contradicción de quienes vieron como sus padres fueron en busca de una utopía, una y mil veces, con un convencimiento rayano a la temeridad y que nunca fue revisado. Ni por propios, ni por extraños.
“El Pajaro voló…” pero no quiso o no pudo escapar del horror. La valentía pierde sustento, como valor, cuando esta depende del horror y el abuso de un aparato represivo que no escatimaba en crueldad. La cobardía deja de ser un desvalor, por lo mismo.
Los fantasmas con cuerpo

Es el momento, quizás exacto, de revisar la historia de las víctimas sin el peso del heroísmo como distorsión de lo que realmente sucedió y sucede con ese terror que hoy se hizo feriado. El testimonio útil es el de aquello que pueden transformar, su relato, en el “Patrimonio Vivo” sobre el cual las nuevas generaciones puedan construir su identidad sin la distorsión de la omisión incomoda que, necesariamente, las víctimas del terrorismo de Estado se vieron obligadas a construir para sobrevivir al “Recuerdo de la Muerte”, tal como tituló Miguel Bonasso a su libro que comenzó una aproximación a un análisis que luego se vio truncado por la necesidad de esas víctimas de vivir de una manera lo más cercana a lo normal y conviviendo con una multitud de fantasmas que nunca los abandonó.

Los fantasmas con cuerpo

Es el momento, quizás exacto, de revisar la historia de las víctimas sin el peso del heroísmo como distorsión de lo que realmente sucedió y sucede con ese terror que hoy se hizo feriado. El testimonio útil es el de aquello que pueden transformar, su relato, en el “Patrimonio Vivo” sobre el cual las nuevas generaciones puedan construir su identidad sin la distorsión de la omisión incomoda que, necesariamente, las víctimas del terrorismo de Estado se vieron obligadas a construir para sobrevivir al “Recuerdo de la Muerte”, tal como tituló Miguel Bonasso a su libro que comenzó una aproximación a un análisis que luego se vio truncado por la necesidad de esas víctimas de vivir de una manera lo más cercana a lo normal y conviviendo con una multitud de fantasmas que nunca los abandonó.

La carta completa: