El presidente de Brasil ha llegado este domingo a Jerusalén sin despejar del todo la incógnita sobre el traslado de la Embajada.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha aterrizado este domingo en Tel Aviv donde fue recibido a pie de pista por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y varios ministros de su gabinete. “Estamos haciendo historia. Tu llegada abrirá una nueva era en las relaciones entre nuestros países”, le ha dicho Netanyahu nada más descender del avión.

Netanyahu fue el invitado más preciado del presidente de Brasil en su toma de posesión y Bolsonaro le devuelve ahora el gesto con su visita. El intenso idilio político de Bolsonaro con Israel y con Netanyahu empezó como empezaban antaño muchos noviazgos. Con una carta. Una misiva que el entonces diputado del bajo clero envió a la Embajada israelí en Brasilia pidiendo perdón porque la presidenta Dilma Rousseff consideraba “desproporcionada” la represalia en Gaza por los ataques de Hamás. En aquella guerra murieron más de 2.000 palestinos, la mayoría civiles, y unos 70 israelíes, casi todos soldados. Cuando Roussef llamó a consultas al embajador, Israel respondió con chulería: calificó a Brasil de “enano diplomático” y se mofó del humillante 1-7 en el Mundial. Ese el primer contacto del actual presidente de Brasil con Israel del que tiene constancia Guilherme Casarões, profesor de la Fundación Getulio Vargas.

Con aquel gesto, Bolsonaro marcó sobre todo su perfil opuesto radicalmente al Partido de los Trabajadores. Pero su relación con Israel se fue estrechando hasta el punto de que en campaña prometió el traslado de la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Está por ver que ocurra porque, explica Casarões, el Gobierno está dividido en facciones con opiniones muy dispares. Son partidarios del traslado los que tienen “una percepción más ideológica de la política exterior”, los antiglobalistas; el área económica “no está interesada al menos por ahora” porque temen por el monumental negocio de venta de carne halal (que cumple las leyes del islam) a los países árabes, y los militares quieren preservar la tradición diplomática.

Bolsonaro no ha despejado aún la incógnita de si anunciará el traslado de la embajada brasileña a Jerusalén, como espera el líder hebreo y anunció durante su campaña electoral, o si simplemente dará a conocer la apertura de una oficina de negocios brasileña en la Ciudad Santa.

“Uno de los problemas de acercarse mucho a Israel es alienar a los socios árabes y poner en peligro la tradición diplomática brasileña” de apostar por mayorías y la defensa de la legislación internacional, explica Casarões. Desde hace décadas Brasil trabaja para tener relaciones con todos y evitar los bandos. “Eso no significa que sea antisraelí, pero sí muy consistente en la crítica a las violaciones de los derechos de los palestinos”. Sin embargo, Brasil ha empezado a votar con Israel en el consejo de derechos humanos de la ONU. Son gestos mutuos. Un equipo de rescate israelí cruzó medio mundo para llegar a Brumadinho tras el desastre de la mina.

Los evangélicos juegan un papel clave en esta alianza. Para este grupo amplio y compacto de preciados electores brasileños, el apoyo a Israel está vinculado a “una profecía bíblica”, recalca el experto de la Getulio Vargas, que solo contempla la resurrección de Jesús si Jerusalén está bajo dominio judío. El pastor Marcos Galdino, de la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios en São Paulo, es parte activa de esa relación especial. “Somos amigos de Israel y rezamos por Israel”, recalca, en referencia a los Salmos 122.6. En lo terrenal, este bolsonarista lo considera un modelo por su avanzada tecnología y enorme desarrollo. “En una región con tan pocos recursos, mire en qué se ha convertido Israel. Y mire lo que es Brasil pese a toda la tierra y los recursos naturales que tiene”, sostiene Galdino, que cada año peregrina a la Ciudad Santa con medio centenar de sus feligreses.

Aunque el líder evangélico da escasa relevancia a que el católico Bolsonaro se bautizara en el Jordán en 2016, aquella fue una de las primeras ocasiones en que Bolsonaro expresó en una retransmisión en directo vía Facebook su intención de concurrir a las elecciones. Para el experto en Relaciones Internacionales, “quería capitalizar el simbolismo de Israel”.