El actor aclaró que al contrario de la creencia popular, no es millonario y se fija mucho en sus gastos.

Paola Krum, Rodolfo Ranni, Georgina Barbarossa, Flor Peña. Son muchos los actores que decidieron dejar de lado su imagen glamorosa y hablaron de la realidad que viven cuando se apagan las cámaras. Federico Bal se sumó a esa lista y contó que, al igual que sus colegas, tuvo que ajustarse para que le cierren las cuentas. Ya no planea viajes por el mundo, apenas sale a cenar afuera y se convirtió en un “inspector” de las facturas.

En diálogo con Teleshow, el actor se refirió al tema al evaluar el panorama político para las elecciones de octubre. Comentó que todavía no encuentra un candidato viable, que a su criterio debería enfocarse en los conflictos reales que afectan a la gente, como la inflación. “¡No puede ser! Fui al chino el otro día a comprar una crema de enjuague, compré tres aguas y gasté 500 pesos”, reprochó.

Entonces, aclaró que el mito popular de que los famosos son millonarios es eso, puro mito. “La gente tal vez del otro lado dice: ‘Ah, está en la tele, gana millonadas’. Y yo no gano millonadas. Realmente muchas veces me cuesta llegar a fin de mes -contó-. También tengo deudas. Estoy pagando un auto que compré hace dos años, me cuesta. Y agradezco haber cerrado el plan cuando el dólar estaba a menos porque me fijaron la tasa. Tengo problemas reales”.

Una de sus formas de cuidar el dinero es mirar detalladamente los gastos. Por ejemplo, las expensas, que examina para ver si los gastos del edificio son reales. “Llamo al administrador cuando digo: “¿Ocho lucas de expensas? No sé qué, el gas, pará… ¡¿qué?!”. No se puede creer. No entiendo. Hago las cuentas y no me puedo dar un lujo. No me voy de vacaciones. Para empezar, porque tengo deudas que pagar y no puedo darme el lujo de viajar. Es algo que no puedo ni verlo con el dólar a 44″, continuó.

Por último, Fede señaló que también suele mirar con detenimiento las cuentas en los restaurantes para ver si la adición es correcta. Pero dijo que cada vez sale menos a comer afuera, porque se siente “robado” cuando llega la factura y sólo comió un bife de lomo con papas fritas. “No es de rata, es por cuidar, porque si no, realmente no me alcanza. Hago teatro, hago tele, hago cine, tengo proyectos para hacer, dirigir otra obra de teatro y, así y todo, trato de acotarme y no comprarme ni darme los gustitos, que tal vez son ir a comer rico en algún lugar”, cerró.