De acuerdo a una nueva investigación, ambos hábitos alimenticios combinados aumentan entre cuatro y cinco veces las probabilidades de padecer un problema coronario.

Saltearse el desayuno es desaconsejable, por múltiples razones: por ejemplo, duplica el riesgo de arteriosclerosis y en los chicos puede provocar falta de hierro y calcio. Ahora, un grupo de investigadores descubrieron que si a este hábito se suma una cena justo antes de ir a dormir, las personas que ya tuvieron un evento coronario aumentan el peligro de repetir una enfermedad cardíaca.

De acuerdo al artículo publicado en la revista científica European Journal of Preventive Cardiology, (perteneciente a la Sociedad Europea de Cardiología), la gente que combina estas dos costumbres alimenticias tiene cuatro a cinco veces más probabilidades de morir, de sufrir otro ataque cardíaco (si ya tuvieron uno) o de desarrollar una angina de pecho dentro de los 30 días de haber sido dada de alta luego de un infarto.

Este es el primer estudio que analiza los efectos nocivos de estos hábitos en pacientes coronarios. Para realizarlo, convocaron a 113 pacientes que salieron airosos de un infarto de miocardio con elevación del segmento ST, dado que es uno de los ataques más graves y uno de cada diez muere dentro del primer año de enfermo. El 73% de los participantes eran hombres y la media de edad fue de 60 años. A todos se les consultó acerca de sus costumbres alimenticias al momento de ser hospitalizados.

“Nuestra investigación demuestra que las dos conductas –no desayunar (entendido como la no ingesta de alimentos hasta el mediodía, al menos tres veces a la semana) y cenar tarde (dentro de las dos horas antes de ir a dormir)– están asociadas de forma independiente con peores resultados en caso de producirse una enfermedad cardíaca. Si las combinamos, la situación es aun peor”, señaló Marcos Minicucci, uno de los autores del artículo, en un comunicado.

El investigador advirtió que las personas que trabajan hasta tarde pueden ser más susceptibles a realizar la última comida del día justo antes de irse a dormir y, por ende, a levantarse sin hambre. En este sentido, aconsejó cenar como mínimo dos horas antes de irse a la cama. “Se dice que el mejor estilo de vida es desayunar como un rey. Para esto es preciso tener productos lácteos (leche descremada, yogur y queso), carbohidratos (pan, cereales) y frutas. Debería representar del 15 al 35% de las calorías diarias”, explicó. “La nutrición es una forma relativamente barata y fácil de mejorar la prognosis”, concluyó Minicucci.