Jair Bolsonaro dice que si no se aprueba su reforma de las jubilaciones, Brasil se parecerá a Argentina. El presidente afirmó que si no se logra con esa medida un ahorro sustancial, “la situación explotará en 2022”.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro afirmó este jueves que, si la reforma de las jubilaciones que se está debatiendo en el Congreso representa un ahorro inferior a 800.000 millones de reales (cerca de 200.000 millones de dólares) en 10 años, el país terminará en una situación parecida a la de la Argentina.

Bolsonaro desayunó con periodistas en el Palacio presidencial del Planalto, mientras en la Argentina los mercados se sacudían y el dólar y el riesgo país escalaban a alta velocidad.

Y dijo que el piso de 800.000 es una cuenta del ministro de Economía, Paulo Guedes, según informó el portal G1 de la red Globo. Según el presidente, Guedes le ha dicho que un ahorro en ese valor representaría un “punto de inflexión” positivo en el camino del país.

Según Globo, el equipo económico hace una proyección de el Estado podrá ahorrar 1.600 millones de reales (unos 400.000 millones de dólares, al cambio de este jueves) con la reforma en una década. El texto recién está dando sus primeros pasos en la Cámara de Diputados y debe pasar por el Senado. Pero en ese camino, puede haber cambios en el texto que pueden reducir el impacto de la reforma, según los medios brasileños.

En el encuentro con la prensa, Bolsonaro dijo que si la reducción de los gastos queda por debajo de los 800.000 millones de reales, “la situación va a estallar en 2022”.

La polémica reforma al régimen previsional fue enviada por el gobierno del ultraderechista Bolsonaro al Congreso en febrero, y es la herramienta principal con la que busca reducir el déficit fiscal y seducir a los mercados.

El texto, que propone un endurecimiento de las condiciones para obtener la jubilación, superó el martes la primera barrera al ser avalada por una aplastante mayoría en la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara Baja de Brasil.

Bolsonaro, en el poder desde el pasado 1 de enero, agradeció en un mensaje televisado el miércoles a la noche, “el empeño” de la mayoría de los integrantes de esa comisión y “el compromiso” del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, con el que tuvo sus diferencias semanas atrás con cruces de declaraciones que hicieron temer el trámite de la reforma.

El proyecto tendrá ahora que someterse al análisis de una segunda comisión, que lo evaluará desde el punto de vista político y económico.

“El gobierno continúa contando con el espíritu patriótico de los parlamentarios para aprobar el nuevo sistema de jubilaciones en esta segunda etapa y posteriormente en el pleno de la Cámara de Diputados”, afirmó Bolsonaro en su breve mensaje al país.

En caso de que esa segunda comisión lo apruebe, la reforma pasaría al pleno de la Cámara Baja, y solo después de ser apoyado por una mayoría calificada de los diputados llegaría al Senado, que tendría la última palabra.

Bolsonaro advirtió que si la reforma no se aprueba, el país “no tendrá recursos para garantizar las pensiones de todos los brasileños” y “no habrá condiciones para invertir” en áreas como “salud, educación y seguridad”.

“Tenemos certeza de que el nuevo sistema de Seguridad Social permitirá a Brasil retomar el crecimiento, crear empleos y, principalmente, reducir la desigualdad social porque con la reforma los más pobres pagarán menos”, agregó. Por eso, dijo, “Brasil tiene prisa”.

El proyecto, presentado por el gobierno como una enmienda a la Constitución, plantea endurecer gradualmente el acceso al actual régimen de reparto, en el que el Estado gestiona las contribuciones de los trabajadores y las distribuye entre los jubilados.

Al mismo tiempo, dejaría allanado el camino para adoptar un régimen de capitalización individual privado, similar al chileno, en el que la jubilación dependerá de lo que cada trabajador haya podido ahorrar a lo largo de su vida.