Surgió en Gran Bretaña en 1992 y se fue expandiendo a otros países. La obsesión por el peso y la figura corporal puede llevar a desórdenes alimentarios.


Es frecuente que las personas al menos una vez en su vida -si no varias- se sometan a dietas estrictas (“la única manera de perder kilos es cerrando la boca”, se suele escuchar). En la adopción de esos métodos se busca cumplir con el ideal de belleza predominante, el de la delgadez. Pero las consecuencias, sobre todo para los más jóvenes, pueden ser dramáticas. Para alertar sobre los peligros de adherir a ese tipo de regímenes, desde 1992 se conmemora el Día Internacional Sin Dietas.

La iniciativa “Diet Breakers” surgió en Gran Bretaña, de la mano de la feminista Mary Evans Young y, con los años, se fue expandiendo a otros países. Uno de principales objetivos es el de alertar sobre los riesgos de la anorexia y otros desórdenes alimentarios, muchas veces asociados a la exigencia de encajar en el ideal de belleza única.

“Mary Evans Young, ha sido una de las tantas víctimas de anorexia nerviosa, un trastorno alimentario que provoca rechazo de la ingesta de alimentos por desarrollar un miedo irracional al aumento de peso. Feminista y escritora, ayudó a las personas que padecían pensamientos desordenados relacionados con la comida, la imagen, sus cuerpos, las relaciones sociales y la salud”, explica la médica especialista en nutrición Virginia Busnelli en una columna publicada por la agencia de noticias Télam. “Hoy el Día Internacional Sin Dietas es un evento mundial que tiene como objetivo, sensibilizar a la población acerca de la discriminación, erradicar las fobias con los que sufren exceso de peso, acabar con las obsesiones sobre el peso corporal y la forma, honrar a las víctimas de trastornos de la alimentación e informar sobre la falsas predicciones de las múltiples dietas”, añade la directora del Centro de endocrinología y nutrición CRENYF.

“Desde hace muchos años se ha comprobado científicamente que frente a la restricción, ya sea calórica o de placer -es decir las dietas extremas en calorías o que retiran lo preferido-, se pone en marcha una respuesta psiconeuroendocrina (psicológica, neurológica y hormonal) que se opone al descenso de peso. De hecho, en el último Congreso Europeo de Obesidad, que terminó hace pocos días, fue un eje central el tema de que no hay una dieta mejor que otra y que lo más importante es la adherencia. Y para la adherencia a largo plazo, las dietas tal como las conocemos, las ortodoxas, en general no funcionan, salvo por poco tiempo”, afirma a Clarín Mónica Katz, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, impulsora en Argentina del movimiento No Dieta y autora de un libro con el mismo nombre.

En la misma línea, Busnelli, resalta que que las dietas y la regulación excesiva de los alimentos pueden causar graves daños a nuestra salud física y mental. “Estudios han demostrado que las dietas tienen una tasa de fracaso del 98%. Una dieta no es más que una negación de una nutrición saludable para nuestro cuerpo, no es más que la vía de comercialización global que abusa del término para hablar de un cuerpo y una vida mejor, pero negociando con el grave problema de la obesidad”, precisa.

¿Cómo reconocer estos métodos que pueden transformarse en boomerang?
Busnelli dice que el formato de estas ofertas “milagrosas pero altamente dañinas” va cambiando de slogan, de propaganda, de moda o de lugar, pero todos tienen puntos en común:

  • Prometen una pérdida acelerada de peso en poco tiempo y sin ejercicio físico
    No ofrecen características particulares para cada paciente según su vida, sino que es el mismo plan para todos
  • Fomentan la realización de ayunos, que tienen un fuerte impacto negativo en nuestra salud
  • Consideran a la comida un problema reemplazándola por suplementos
  • Santifican algunos alimentos y satanizan otros
  • Prohíben algunos alimentos en relación a los horarios y le atribuyen propiedades mágicas a otros, motivando un patrón de alimentación absolutamente restrictivo e imposible de sostener

“Entonces llega el fin de la dieta y el momento en que ya no se puede ejercer el control empezando a comer en exceso, acompañado de fuertes sentimientos de fracaso y frustración por no haberlo logrado una vez más. Esto, en combinación con una vulnerabilidad genética, un aparato psíquico devaluado y el gran dolor de no lograr el cuerpo deseado puede llevar a muchas personas directamente a un trastorno alimentario”, explica.

Los especialistas acuerdan en que una manera saludable de bajar o mantenerse en peso es llevar una dieta equilibrada (que incluya al menos cinco porciones de frutas y verduras, granos integrales, carnes y huevos, legumbres, lácteos), controlar las porciones, preferir agua segura para beber y realizar actividad física todos los días.