La reina Máxima de Holanda es una mujer todoterreno, capaz de adaptarse a cualquier tipo de situación y de lugar. Lo ha vuelto a demostrar en su viaje a Etiopía.

Con un discreto vestido de color beis de Polo Ralph Lauren con cordones cruzados en el escote ceñido a su cintura con un cinturón de tejido natural y hebilla ancha comenzó el martes su intensa agenda de dos días en el país al que acude como asesora especial del secretariado general de la ONU.

Con unos grandes pendientes, un bolso de paja de Marina Raphael y unas sandalias de tacón alto de Gianvito Rossi, comenzó su jornada. Pero la reina observó pronto que sería incapaz de moverse con la agilidad y la libertad que requería el terreno en semejantes tacones, y decidió quitárselos.

Con bailarinas todo fue mucho más fácil. Recorrió campos, se detuvo a hablar con los ciudadanos interesándose por sus cultivos -no pudo rechazar un manojo de zanahorias recién sacado de la tierra-, sus problemas, y tomó notas en una libreta roja de todo cuanto observó y oyó.