Ankara llegó a este acuerdo con Moscú luego de la polémica compra de misiles antiaéreos rusos S-400, que exacerbó la tensión con Estados Unidos.

 

El acuerdo sobre la compra de estos últimos puso a prueba las ya tensas relaciones con Estados Unidos. Washington advirtió en repetidas ocasiones a Ankara sobre los riesgos de sanciones que implicaría esta compra.

Turquía “no dará de ninguna manera un paso atrás en la compra de los S-400. Es un negocio cerrado”, aseguró el presidente turco en Estambul.

“Habrá una producción conjunta de S-500 después de los S-400”, afirmó ante un auditorio de jóvenes que le planteaban preguntas.

Estados Unidos afirma que el acuerdo entre Rusia y Turquía, país miembro de la OTAN, supone una amenaza para la defensa occidental. Washington instó a Ankara a elegir entre los sistemas de defensa rusos y los aviones de combate estadounidenses F-35, de los que Ankara quiere adquirir 100 ejemplares.

Pero Erdogan insistió en su voluntad de adquirir el sistema ruso S-400.

Estados Unidos teme que la tecnología con la que cuentan los sistemas S-400 sirva para recopilar datos tecnológicos sobre los aviones militares de la OTAN, y que Rusia pueda acceder a ellos.

Según Erdogan, estudios técnicos llevados a cabo por Turquía muestran que los S-400 y los F-35 son compatibles.

El presidente turco afirmó que “tarde o temprano”, Turquía recibirá los F-35. También insistió en que recibirá la entrega de los S-400 en julio. “Pero podría adelantarse”, añadió Erdogan.

Las relaciones entre Turquía y Estados Unidos, aliados en la OTAN, se tensaron debido a múltiples cuestiones.

Una de ellas es el apoyo norteamericano a las Unidades de Protección Popular (YPG), un grupo armado kurdo en Siria, considerado terrorista por Ankara. Otro motivo es el rechazo de Estados Unidos a extraditar a Fethullah Gülen, un predicador musulmán acusado de orquestar un intento de golpe de Estado contra Erdogan en 2016.