A pocas horas de la decisión informada por la ex presidenta, Cristina Fernández, de integrar una fórmula presidencial que la llevará en segundo lugar y a Alberto Fernández como primero, se instaló la palabra “Jugada” para describir el movimiento realizado. La palabra tiene una acepción que convoca, inevitablemente, a lo lúdico. Al juego. Entonces… juguemos.

Pablo Benito

Cristina Fernández, es jugada, está jugada y será juzgada. Tres elementos que definen la impronta del personaje que no se impone a la persona, sino que, prácticamente, la aniquila. Nada sabemos de la persona y eso es un logro del personaje que oculta, sin fisuras, a la mujer.

Siquiera sus detractores dudan de la enorme capacidad intelectual de Cristina. Esto no es un juicio de valor sino un dato incontrastable con la realidad. Esa innegable sapiencia, hoy, posee de un elemento vital que es el tiempo. Cristina tiene un tiempo que en 12 años no tuvo para hacer lo que realmente sabe y consiste en “pensar”. Ni un presidente, ni un ministro cuentan con ese espacio que nada tiene que ver con lo que mensura el reloj sino con la limpieza de pre-ocupaciones que dividen la atención de una mente ejecutiva y de alto rendimiento en el hacer político.

Como en todo análisis del discurso ajeno, siempre está la tentación de consagrar ese con-texto de especulaciones como protagonista vanidoso y relegar al propio texto y objeto de estudio, que es lo que se dice. La propuesta en el juego, entonces, es mover fichas que fueron puestas, en el tablero, por la propia CFK y no apartarse, demasiado, del “que”.

 

El Bronce

“Nunca me desvelaron los cargos políticos, ni tampoco fueron mi principal motivación. Tal vez, porque pertenezco a una generación que no buscaba un lugar en las listas, sino un lugar en la historia. Sin embargo, también esa misma y por momentos trágica historia, me hizo comprender que los cargos también son herramientas para llevar adelante los ideales, las convicciones, las utopías. Es cierto que no las únicas, pero después de todo, son herramientas al fin, siempre.

Después de haber sido dos veces presidenta de este país -primera mujer electa como tal- y de haber ocupado distintos cargos legislativos, siempre por voluntad popular expresada en las urnas, sigo más convencida que nunca que la expectativa o la ambición personal tienen que estar subordinadas al interés general.”

Cristina mueve el eje de la hegemonía cultural de moda en cuanto al individualismo y el miedo al Otro. Lo tiñe de una épica que, no necesariamente, se ajusta a la realidad.

Cristina mueve el eje de la hegemonía cultural de moda en cuanto al individualismo y el miedo al Otro. Lo tiñe de una épica que, no necesariamente, se ajusta a la realidad. Por respeto no podríamos discutir su deseo expresado desde lo personal, pero si en referencia a “una generación que no buscaba un lugar en las listas, sino en la historia”. Esa generación, es contemporánea a quienes instalaron el andamiaje del “fin de la historia” y el Ego como supremo secular de la pulsión personal –versión posterior a Dios.

Se mantiene la construcción idealizada –más que idealista- de los últimos meses de mandato en donde recibía, desde el balcón, el “Cristina corazón, acá tenés los pibes para la revolución”. Lamentablemente esa “generación maravillosa”, nunca fue vista desde la tierra y con sus contradicciones, que se llevó 30.000 desaparecidos y preservó a sus comandantes, cayó en la trampa de la “nostalgia de lo que nunca sucedió”.

Los líderes sobrevivientes de esa generación, sí fueron por los cargos, sí fueron por la vulgaridad del lujo, sí viven en Puerto Madero, sí son millonarios y si se confundieron –quizás por la dureza del golpe y la domesticación de la picana- pero nunca fue analizada fuera de la épica “ESA” generación.

“Yegua herbívora”

“El apabullante e innecesario endeudamiento del país, empieza a mostrar en este presente los primeros síntomas de una realidad que será muy difícil de revertir… Sobre todo, si anteponemos los nombres y las ubicaciones personales al desafío de construir una coalición electoral no sólo capaz de resultar triunfante en las próximas elecciones, sino también que aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido. Aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido.

Y esta última cuestión no es menor. Es un principio fundamental entonces, evitar sumar a la frustración actual producto de la estafa electoral que facilitó la llegada de Mauricio Macri al poder, una nueva frustración que, no tengo dudas, sumergiría a la Argentina en el peor de los infiernos.”

“Innecesario endeudamiento”, puede ser visto como un guiño al propio presidente. Podría haber incluido un “funcional endeudamiento” y estaría hablando de un modelo que no fracasó, sino que cumplió con lo que debía cumplir. El mensaje es también a los acreedores, “innecesario”, es un error, muestra la intención de no investigar los entretelones de la generación de una deuda sin precedentes y que hoy es un instrumento efectivo de carencia de soberanía económica y política del país y por muchos años.

“innecesario”, muestra la intención de no investigar los entretelones de la generación de una deuda sin precedentes y que hoy es un instrumento efectivo de carencia de soberanía económica y política del país y por muchos años.

Uno para todos y todo para ellos

“Ese nuevo contrato social no es más ni menos que la búsqueda de una mirada práctica que genere una base de orden. Un nuevo orden que permita el desarrollo individual de las personas dentro de las condiciones humanas y espirituales pero siempre, siempre en el marco de una realización social colectiva para evitar que el esfuerzo de cada argentino y cada argentina termine devorado siendo por el egoísmo y el individualismo.

Tenemos que entender de una buena vez y para siempre que el descontento o el enojo individual nunca modificaron el status quo, nunca transformaron la realidad. Pero si ese descontento adquiere etapas superiores de unidad y coordinación, va a abandonar el camino de la queja para transformarse en el camino de la propuesta.”

Desde lo político, el contrato social es comprensible. Desde lo económico ese contrato cuenta con partes desiguales. Hoy el mango lo tiene el sector financiero externo –o externizado con empresarios nacionales- un con-trato sería, inevitablemente, negociar un des-trato lo menos perjudicial posible para quienes habitamos en el sartén, los muchos nadies que la vimos por TV.

A la lapicera -y hasta las dos firmas- hoy la tiene el FMI y los nuevos buitres de este ciclo que se repite: deuda, devaluación, privatización y entrega de recursos naturales. En síntesis, en términos estructurales, ya somos Venezuela. Sin soberanía alguna, con malvivir de la población y una cinta transportadora con lingotes de oro que terminan en Rusia, China y Turquia y depósitos incautados en Reino Unido, además del liso y llano robo de fondos de los EE.UU. embargando cuentas de PDVSA. ¿Maduro? A quien le importa si, finalmente, la extracción de la riqueza se ha logrado y en Venezuela sólo quedó el folclore chavista como pésima versión estética de una novela de los 90.

Por último, en cuanto a definiciones políticas, económicas y sociales, más allá del resto de un mensaje, necesariamente plagado de arengas y retóricas que no esconden el nudo principal de tamaña táctica electoral con algo de estrategia de gestión que algo revela.

 

No “me verás volver”

“Reitero, más que ganar una elección, necesitamos de hombres y mujeres que puedan gobernar una Argentina que se encuentra en una situación de endeudamiento y empobrecimiento peor que la del 2001. Y que tenga la suficiente amplitud de ideas y de sectores políticos para representar con compromiso el interés nacional, repito, para representar con compromiso el interés nacional, y dar respuesta a las necesidades más urgentes de nuestro pueblo.

No se trata de volver al pasado ni de repetir lo que hicimos del 2003 al 2015 -y de lo que más allá de aciertos, críticas o errores nos sentimos muy orgullosos-, pero el mundo es distinto y nosotros también”

Es el anticipo de “sé que nos van a insultar” y el anticipo que, “de ser gobierno”, la fórmula pesada herencia podrá ser “insostenible deuda” pero que sería un gobierno conducido con espejo retrovisor, al menos, en los primeros años.

Dicen también, que los discursos políticos dicen más por lo que callan que por lo que expresan. Pues bien, Cristina no dio una sola pista de lo que propone la fórmula para revertir la situación. En eso se parece al Macri de 2015. Las falsas promesas son tan perversas como la falta de ellas. Seguramente tiene que ver con esos tiempos que Cristina viene usando para construir esa estrategia, primero de preservación, personal y, por último, de ofensiva geopolítica porque, hoy la política nacional se trata de eso. No nos abrimos al mundo… el mundo nos abrió.

Las falsas promesas son tan perversas como la falta de ellas. Seguramente tiene que ver con esos tiempos que Cristina viene usando para construir esa estrategia, primero de preservación, personal y, por último, de ofensiva geopolítica porque, hoy la política nacional se trata de eso. No nos abrimos al mundo… el mundo nos abrió.

El tiempo a favor de los pequeños

Ese tiempo, hoy, juega a favor de Cristina… pero también a favor de Alberto Fernández, el político más parecido a Néstor en cuanto a su absoluta ausencia de compasión hacia propios y extraños. Cualidad psicópata que, en círculos de poder, de alto impacto, son más una virtud que una patología.

“El Alberto”, sacrificará a Cristina cuando ya no le sirve, lo debe hacer y sabe cómo. Si alguien sabe de eso es el kirchnerismo originario –del cual Alberto Fernandez fue principal operador- el doble comando, en la Argentina, es peligroso. Por eso Néstor, le dio cinco balazos en la bolita del ojo a Duhalde. Aquella teoría freudiana de “matar al padre para superarlo” es interpretada a la perfección por la alta política. Macri también lo hizo de manera impecable y sin fisuras. Hay que reconocérselo… para ser Franco.