El miércoles 22 fue un día de récord: más de 200 personas alcanzaron la cima de la montaña más alta del mundo. Pero dos de ellas fallecieron en el descenso


Miren la fotografía y piensen en el ser humano. La ambición del individuo: el techo del mundo, bajo mis pies. La ambición de la especie: la Tierra, para nuestro consumo. Un año más el Everest como símbolo.

El pasado miércoles 22 fue un día de récord: más de 200 personas alcanzaron la cima de la montaña más alta del planeta, la mayor cifra jamás vista allá arriba. Aunque por la vertiente norte (China) aún se estaban colocando los últimos tramos de cuerda fija, por la vertiente sur (Nepal) se repitieron las colas durante toda la mañana hasta completar el registro único. Gracias a la ayuda de los sherpas, al oxígeno embotellado y a las rutas marcadas con cuerdas y escaleras, por unos 60.000 euros casi cualquiera puede hollar el Everest y realmente cualquiera lo hace. Cada temporada, los escaladores expertos, que buscan rescatar la montaña, se quejan de la cantidad de novatos que intentan la subida. Y nadie les hace caso. Y deberían.

Porque miren la fotografía y piensen en los riesgos. Decenas de personas agolpadas en un lugar inhabitable. Decenas de personas exponiéndose a la muerte. Un año más el Everest como cementerio.

Porque el récord dejó dos tragedias: el estadounidense Don Cash y la india Anjali Kulkami murieron el mismo día 22. Todos los avances del alpinismo han hecho de la montaña más alta del mundo un lugar alcanzable, pero nunca asequible. Por mucho que lo parezca. Después de estar expuestos durante demasiado tiempo a la altitud y a la falta de oxígeno, los dos fallecidos perdieron la vida en el descenso sin mediar accidentes. Don Cash, vecino de Utah de 55 años, ex ejecutivo de BMC Software y Adobe, murió cuando tomaba fotografías después de alcanzar la cumbre, a unos 8.700 metros de altitud, y Anjali Kulkami, india de 54 años, falleció poco antes de alcanzar el campo IV, a 7.920 metros. Ambos se habían encontrado indispuestos minutos antes y habían sido ayudados para intentar un descenso rápido, pero ninguno de los dos casos se pudo evitar la desgracia.

Los responsables de la expedición de Kulkami, los dueños de la empresa Arun Treks, de hecho, no dudaron en culpar al atasco en la cima de la muerte de su clienta. “Tuvo que esperar demasiado tiempo para descender. En un punto de la bajada ya no podía andar y falleció cuando los guías la tumbaron en el suelo”, comentó Thupden Sherpa.

Con Cash y Kulkami ya son cuatro los fallecidos este año en el Everest. Y en los próximos días podrían ser más. En 2017 hasta 715 escaladores subieron al techo del mundo, el año pasado la plusmarca se fue hasta los 807 escaladores y esta temporada la cifra podría empezar a asomarse al millar. Según las autoridades, más de 750 aspirantes han obtenido permiso para atacar la vía nepalí y al menos otros 140 lo harán por la vía china. La ambición del ser humano no tiene límites. Los riesgos a los acepta exponerse tampoco.

Ahora vuelvan a mirar la fotografía. ¿Qué piensan?