En 2014, los príncipes herederos Haakon y Mette Marit de Noruega levantaron una polémica al decidir que su hija mayor, la princesa Ingrid Alexandra, abandonara la educación pública y empezara a estudiar en el caro y exclusivo colegio Oslo International.

Por primera vez, la familia real noruega rompía la tradición de que sus miembros se educaran en una escuela pública, una manera de probar su confianza en el sistema educativo de su país.

Cinco años después, sin embargo, la casa real de Noruega ha enmendado esta polémica al anunciar que, el próximo otoño, “Su Alteza Real la princesa Ingrid Alexandra comenzará en la escuela Uranienborg de Oslo su décimo curso”, es decir, el último de la educaicón secundaria en Noruega. De esta manera, la nieta mayor de los reyes noruegos, que de 2010 a 2014 estudió sus cuatro primeros cursos en el colegio público Janslokka School, terminará su paréntesis de cinco años en la Oslo International y regresará a una escuela pública.

El comunicado no explica las razones de esta decisión de los príncipes Haakon y Mette Marit. Es de suponer, sin embargo, que los padres han querido que su hija mayor complete finalmente sus estudios en un centro público, satisfaciendo, aunque cinco años tarde, a los críticos que protestaron contra su decisión de matricularla en uno privado. El mismo tipo de educación, por cierto, eligieron también entonces los príncipes para su segundo hijo, el príncipe Sverre Magnus, que sigue estudiando en el colegio privado Montessori de Oslo.

“Ha sido difícil para nosotros tomar esta decisión, pero hemos llegado a la conclusión de que es lo mejor para nuestros hijos. Van a necesitar pensar, hablar y escribir en inglés en un futuro”, explicó en 2014 el matrimonio de príncipes a raíz de las numerosas protestas que suscitó su decisión. Las clases en el Oslo International School, en efecto, se imparten en inglés y cerca del 70% de su alumnado es extranjero, condiciones que los príncipes herederos entendieron como ventajas para la educación de una joven que algún día será reina. Es la misma decisión, por ejemplo, que tomaron el año pasado los reyes Felipe y Matilde de Bélgica al enviar a su hija mayor, la princesa heredera Isabel, a un exclusivo internado en Gales.

Sin embargo, no todos los noruegos compartieron su opinión, y muchos fueron los políticos que criticaron a Haakon y Mette Marit de Noruega tanto por dar a entender que el sistema educativo público no era lo bastante bueno para dominar el inglés como porque la princesa Ingrid creciera sin el contacto suficiente con otros jóvenes noruegos de su edad.