Los “chuteros”, como son conocidos los contrabandistas, ofrecen autos importados ilegalmente y robados, con ofertas de hasta un 50% menos que en el comercio formal. “Le puedo conseguir placas originales”, dice un vendedor. La mayoría de los vehículos provienen de Chile.


“Vendo Suzuki Swift modelo 2008. Recién llegó el martes”, ofrece en las redes sociales un hombre que se identifica como Ronaldo. Es uno de los tantos “chuteros”, como son conocidos los vendedores de vehículos ilegales en Bolivia. La oferta es irresistible: menos de US$ 3.000 por el vehículo sin documentos que en el mercado formal supera los US$ 5.000. “Le puedo conseguir placas originales o hacer ‘gemelear’ -copia de documentos legales-, pero eso sale US$ 500 más”, aclara.

El mercado de los autos “chutos” es “grito y plata” en Bolivia. Camionetas, furgones, jeeps, sedan. De distintos colores y años son vendidos por contrabandistas que burlan el decreto 2232 del año 2014 que prohíbe el ingreso de autos con más de un año de antigüedad a Bolivia. Sin embargo, los “chuteros” realizan grandes ferias, como la “Nueva Challapata”, a 400 kilómetros de La Paz, conocida como la “meca de los autos indocumentados”, donde cada miércoles y sábado cientos de vehículos, la mayoría provenientes de Chile, son ofrecidos al mejor postor.

Según el Instituto Nacional de Estadística boliviano, el parque automotor en 2017 fue de 1,8 millones de vehículos, por lo que los analistas estiman que actualmente sería de 1,9 millones. De ese total, al menos 450.000 son “chutos”. El diario Los Tiempos, de Cochabamba, sostiene que existen tres tipos de venta ilegal: compra inmediata en efectivo sin documentación; si el comprador desembolsa cerca de US$ 400 más puede obtener una patente y los documentos del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT); y desde US$ 250 más entrega a domicilio.

Contrabando
Los autos “chutos” son los ingresados vía contrabando a Bolivia. Los vehículos robados provienen de Chile, Brasil y Paraguay, pero también incluye a los “grises”, vehículos importados ilegalmente que tienen placas, el volante al lado derecho y circulan de forma legal en ciudades bolivianas.

“Un importador compra a Japón un Nissan y lo lleva a Iquique. Ahí es vendido a un usuario de la zona franca con RUT chileno. Como no tienen, les piden a indigentes u otras personas que figuren como compradores a cambio de un pago. Ahí es cuando se hacen traspasos internos para perder la identidad de la persona que entró el auto a la zona franca. Luego se emite una factura de reexpedición de menor valor para pagar menos impuestos, que reemplaza a la original y un poder para llevarlo a Bolivia, donde es nacionalizado y pasa a ser legal, aunque es ilegal porque tiene documentos adulterados y engaña al estado por millones”, señala a La Tercera Luis Encinas, gerente de la Cámara Automotor Boliviana (CAB). Encinas aclara que en la compra existe lavado de dinero que puede ser del narcotráfico, tráfico de armas u otro.

En 2011, el gobierno de Evo Morales promulgó la ley “Saneamiento Legal de Automotores”, que de cierta manera “nacionalizó” los autos indocumentados o “chutos” que estaban en Bolivia mediante un registro. La aduana boliviana tiene ocho años desde el ingreso del vehículo al país para realizar fiscalizaciones y tal como indica la norma, pueden decomisar y destruir los contrabandeados.

“Vendo Nissan Wingroad a US$ 3.000, conversable”, ofrece otro “chutero” en las redes. “Está en el cruce Ventilla, tendrías que venir a buscarlo. Yo te prestó las placas para el camino, pero te aconsejo que vengas el sábado porque muchos saldrán de acá en caravana ese día y así es más seguro”, agrega.

A pesar de los intentos de la policía y el Ejército boliviano para evitar los autos “chutos”, una vez que los vehículos de contrabando cruzan la frontera es casi imposible detenerlos. “Es vox populi que los autos que ingresan de contrabando lo hacen, principalmente, desde territorio chileno, aprovechando la extensa frontera y la dificultad de control. No es un tema menor que existen poblaciones fronterizas bolivianas que responden a intereses de los contrabandistas”, sostiene a La Tercera Gary Rodríguez, gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior.

En esto coincide Luis Encinas. “Los boletines de la Zofri reportan que en 2018 la Zona Franca en Iquique vendió US$ 169 millones del sector automotriz a Bolivia. Además de US$ 303 millones en vehículos a Tarapacá y Parinacota, frontera desértica con el territorio boliviano y que responde a los contrabandistas. Si los US$ 303 millones los dividimos en un promedio de US$ 12 mil por auto, podríamos decir que al menos 25 mil autos de contrabando entran a Bolivia al año. Esos son los “chutos” que circulan sin placas por el norte de La Paz, el Chapare y en la Pampa Grande”.

El viceministro boliviano al mando de la lucha contra el contrabando, coronel Gonzalo Rodríguez, señaló en abril que se entregarán 25 puestos militares fronterizos y que hasta esa fecha el contrabando dejó “26 militares heridos, 12 vehículos del Ejército destruidos, más de 200 incautados utilizados para el contrabando y varios procesos legales a ciudadanos que protegen a los delincuentes”.