Emmanuel Macron, el hombre más importante de Francia, y su esposa, Brigitte, ayudaron al presidente Trump y a su esposa, Melania, a sembrar un arbolillo en el césped de la Casa Blanca durante una visita diplomática en abril del año pasado. No era un simple adorno, sino un símbolo de ‘esos lazos que nos unen’. Y ahora, según Le Monde, el árbol habría muerto.

Todavía es un rumor. La Agencia France-Presse lo escuchó de un diplomático, aunque la Casa Blanca no lo ha negado ni lo ha confirmado. ¿Ha sido una pequeña broma que se ha ido de las manos? ¿Es acaso otro ejemplo del famoso cóctel francés de ingenio y oscura poesía? O ¿está realmente muerto aquel árbol, y nosotros podemos ver una vez más al cielo, y saber que más allá de la sombra de la duda en la que vivimos en la comedia negra que lleva a la tragedia con más mínimo empujón? El mundo nunca lo sabrá ya que la Casa Blanca es alérgica a responder a este tipo de preguntas. Excepto que nosotros realmente estamos viviendo una comedia negra. Eso sí lo sabemos con certeza, diga lo que diga Sarah Huckabee Sanders.

El árbol fue simbólico de muchas formas, y no parece haber límites para su interpretación. Para maximizar la potencia lírica, el francés lo compró en Belleau Wood, donde 1.811 norteamericanos murieron en una crucial batalla durante la Primera Guerra Mundial. Y como explicó Gerard Araud, embajador francés, después de la fotografía el árbol fue inmediatamente extraído de la tierra y puesto en cuarentena, en concordancia con las regulaciones estadounidenses por las que el Estado pone en cuarentena “cualquier organismo viviente importado a América”, un término que ha golpeado fuertemente durante estos días si seguimos el simbolismo hacia la lógica e inhumana conclusión. El árbol sería plantado nuevamente, según lo dicho por Araud, en el mismo terreno amarillo donde se suponía que debía crecer.