Ocurrirá en las cuencas del Negro y el Colorado de acuerdo con las estimaciones de expertos en cambio climático. Un libro destinado a alumnos y docentes de escuelas primarias aborda cómo preservarla en tono didáctico. 

Los estudios de los expertos sobre el impacto del cambio climático coinciden en que las cuencas de la Patagonia norte (la del río Colorado, formado por el Grande y el Barrancas; la del río Negro, surgido de la confluencia del Limay y el Neuquén) sufrirán una reducción de su caudal de alrededor de un 20% en los próximos años. Así, con menos nevadas y lluvias, el caudal del río Negro, que oscila en unos 850 m3 por segundo de acuerdo con su promedio, pasaría a ser de alrededor de 670 m3 por segundo.

El problema podría ser aún más grave si la sequedad de esta década se consolidara: a una muy húmeda entre el 2000 y el 2010, siguió otra bien seca que ha llevado esos valores a unos 600 m3 por segundo. Si bien son frecuentes estos vaivenes, aquellos que siguen de cerca el tema están preocupados: nadie sabe con certeza si volverá un ciclo que lleve el caudal a sus valores históricos.

30 %
del agua destinada al riego llega a las plantas. El 70% restante se pierde en filtraciones, sistemas obsoletos, fallas operativas y evaporación.
Así lo describió el ingeniero en recursos hídricos Daniel Petri, coordinador por Río Negro de la Comisión de Agua, Educación y Cultura del Consejo Hídrico Federal, el organismo que impulsó la publicación de un libro destinado a generar conciencia en alumnos y docentes de escuelas primarias.

Se trata de “Las peripecias de Juana La Gota, principios rectores de la política hídrica de la República Argentina, adaptación para chicos”. Escrito por Marta Coutaz, con ilustraciones de Gisela Parano y Ariel Caronni y diseño de Marina Lozeco, aborda el desafío de cuidar un recurso tan vulnerable como vital en tono didáctico, sin la rigidez de un manual y con atractivos recursos gráficos y literarios. La semana pasada fue presentado en Neuquén, Cipolletti, Choele Choel, Río Colorado y Bahía Blanca.

¿Cómo contar la historia?
Es la pregunta que se hizo Marta cuando recibió la propuesta. La respuesta: alejarse de los manuales rígidos, crear un relato basado en el manejo de recursos literarios, ilustraciones, conceptos complejos enunciados en forma sencilla a partir de las aventuras de Juana La Gota, curiosa y sensible, su hermana Dorita la sabionda, capaz de hablar de gobernabilidad y gestión y toda la experiencia en ciclos hidrológicos de su abuela Clara, que sabe tirar el refrán justo.

“Utilizamos también fragmentos de grandes autores”, afirma Marta. Por ejemplo, del relato breve de Julio Cortázar ‘Peripecias del agua’”, que la inspiró para el título. “El cuenta como el agua está cansada de ser un líquido, por eso tiene sus transformaciones y que su preferida es la nieve, porque le permite tomar la forma de las cosas, que es lo que el agua no tiene, es bellísimo”, dice. O de los poemas Nubes I y Nubes II de Jorge Luis Borges. Hay una copla de Federico García Lorca y la poesía Puentes, de Elsa Bornemann, que relaciona con la parte de infraestructura. “No solo porque unen ciudades sino también a la gente”, explica.

Adaptar 32 de los 49 principios rectores sobre el manejo del agua aprobados tras un acuerdo federal en el 2004 fue el punto de arranque en el 2017 para la escritora, que también es ingeniera en recursos hídricos.

La manera que encontró para narrarlos es seguir el recorrido de Juana en todo el país mientras se suceden la evaporación, la condensación, la precipitación. “En cada estadio encuentra personajes típicos y situaciones en distintas regiones: así, por ejemplo, cobran vida animales del norte, del Litoral, de la Patagonia que le van contando sus vivencias y problemas en los distintos estados del agua: sólido, líquido, gaseoso, ella atraviesa todas las transformaciones”, dice.

También hay leyendas, citas de filósofos, adivinanzas, juegos y diálogos que se pueden teatralizar o llevar al mundo de los títeres. “No es un cuento ni es un manual, es un libro de lectura”, señala Marta. Y se despide con la fábula del colibrí, que cierra su trabajo: “Hay un incendio en un bosque de la Patagonia y mientras huyen los huemules, se cruzan con un colibrí que vuela en sentido contrario. “¿Dónde vas?”, le preguntan. Y les responde que va hacia el lago a buscar agua para apagar las llamas. “No va a servir de nada”, le dicen. “Puede ser, pero al menos cumplo con mi parte“.