Albertina y Santiago fueron seleccionados entre 900 postulantes. Los adolescentes de barrio Belgrano y María Selva irán a Estados Unidos con otros 48 argentinos de 15, 16 y 17 años.

 

A 50 años del histórico hito del hombre aterrizando y caminando en la luna (1969), los chicos que estudian inglés en un centro binacional de la ciudad harán realidad la ilusión de muchos. Con un buen manejo del idioma, curiosidad por el espacio e interesantes proyectos científicos, lograron conseguir la beca ofrecida por la Embajada de Estados Unidos.

Fueron seleccionados entre 900 postulantes junto a otros 48 argentinos de 15, 16 y 17 años para vivir una semana de entrenamiento en el Space Camp en el Rocket Center de Huntsville, Alabama (EE.UU.), en unos de los centros espaciales de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, más conocida como NASA (por sus siglas en inglés, National Aeronautics and Space Administration).

Ellos

Albertina tiene 15 años, es alumna de la escuela Dante Alighieri y estudia inglés desde muy chica. La ciencia es una de sus pasiones, la medicina aeroespacial su meta para los próximos años y la danza la disciplina que le permite “volar como un astronauta” en el espacio.

Santiago (17) cursa quinto año en la escuela Monseñor Carlos Macagno y estudia inglés gracias a una beca. Sus hobbies: la astronomía y el básquet.

Los adolescentes santafesinos se enteraron del concurso gracias a la Asociación del Litoral para el Intercambio Cultural Argentino Norteamericano (Alicana) donde estudian idioma. Se animaron a anotarse y con el apoyo de sus docentes completaron el extenso formulario, grabaron un video y fueron seleccionados.

Ninguno de los dos puede creer que a partir del próximo 22 de septiembre vivirán por siete días la experiencia de ser astronautas. Nuevos conocimientos, vivencias y amigos; parte de lo que van a ir a buscar.

 Predestinados

“En mi familia hay mucha relación con la ciencia y el espacio”, contó Albertina a Aire Digital y aseguró que su gusto por estos temas viene de “herencia”. “Mi tío abuelo era piloto, mi papá es ingeniero, a mi hermano le apasiona el espacio y a mí también me llega mucho la ciencia; es un tema recurrente en la mesa”, explicó la joven de barrio Belgrano. Libros de ciencia y noches de telescopio son parte de su rutina.

Santiago se presenta como un “apasionado por la astronomía” y un fanático del básquet, deporte que practica hace más de 10 años. Los recuerdos más antiguos de su interés por la “inmensidad” son las noches que compartían en familia visitando el observatorio del Centro Observadores del Espacio de Santa Fe (Code) en la costanera local para contemplar un poco más de cerca la luna. La ciencia ficción es su género narrativo preferido y hay una película que lo marcó: Interestelar. “La vimos con mi papá un montón de veces y la tenemos como «joyita»”, dijo el adolescente de barrio María Selva. Ahora será él mismo el que experimente en carne propia cómo es viajar al espacio.

Hacia el futuro

Los dos jóvenes vivirán una experiencia que seguramente va a influir en sus próximas decisiones. Y si bien Santiago, que está por terminar el secundario en la modalidad de economía, todavía no tiene en claro qué va a estudiar el próximo año; Albertina, a su corta edad, sabe que esta oportunidad tiene relación con su proyecto de vida.

“De grande quiero estudiar medicina, pero no la convencional, sino estudiando el cuerpo: cómo reacciona frente a otros espacios, ambientes y partículas”, contó muy segura. Sabe que el viaje le va a permitir conocer más sobre esta disciplina que hoy estudia la comunidad científica del mundo y hasta experimentarla en primera persona.

Propuestas

Además de un avanzado nivel de Inglés y responder varias preguntas, los chicos tuvieron que presentar un proyecto en mente o ya realizado. Sin dudas, los dos resultaron interesantes para los organizadores del programa.

Albertina hizo una propuesta relacionada con la medicina. Con ayuda de su papá, que es ingeniero químico, y un gran interés por el tema, la joven compartió su proyecto de “hacer una prótesis que utilice los impulsos nerviosos pero que esté fabricada con materiales que se usaron en las primeras naves que salieron al espacio”. Explicó entonces que este “metal específico es muy rígido, pero capta mucho las energías”. “La idea es que los impulsos nerviosos, las descargas eléctricas, vayan a esa prótesis para que puedan mover ese miembro que le falta a la persona”, dijo entusiasmada.

Santiago presentó un proyecto relacionado con la astronomía y que realizó en una cátedra del secundario. Consiste en una maqueta del espacio que permite la interacción a diferentes escalas de tiempo de los planetas. “Hasta el último planeta del Sistema Solar termina interactuando con Mercurio, mostrando distintas cosas que pueden ir pasando”, describió.

Una experiencia única

No todo el mundo tiene la posibilidad de vivir como astronauta por una semana. Albertina y Santiago reconocen que el viaje que harán es único y esperan aprovechar al máximo la experiencia. “Poder transmitir a mi comunidad todo lo que voy a tratar de aprender, para que haya mayor deseo de conocimiento de todos estos temas”, es una de las metas de la joven que está ansiosa por vivir también la cultura norteamericana. Él también quiere hacer amigos, conocer y al regreso “contar la experiencia a otros para que se animen. “Nosotros hicimos un video, lo mandamos y salimos elegidos, cualquiera lo puede lograr”, simplificó con humildad.