Dada la dimisión de Theresa May y la falta de un sucesor al frente del partido conservador británico, la reina Isabel II desconoce todavía a qué huésped invitará el próximo septiembre al castillo de Balmoral, donde la tradición manda que el primer ministro de Reino Unido pase unos días de vacaciones con ella.

La invitación incluye siempre al cónyuge del primer ministro, y resulta que esta cortesía podría ocasionarle este año un quebradero de cabeza a la monarca si, finalmente, es Boris Johnson quien termina habitando el número 10 de Downing Street. Johnson, el candidato a primer ministro favorito en las encuestas, está divorciado y no se ha casado con su actual pareja, la ex jefa de prensa de los tories Carrie Symonds, por lo que el protocolo real impediría a la reina Isabel II invitar a esta a su castillo escocés.

De los 13 primeros ministros que han pasado por Downing Street desde que Isabel II fue coronada Reina de Inglaterra, solo Anthony Eden había estado divorciado, pero cuando le llegó el turno de visitar a la monarca en Balmoral, ya se había casado con su segunda esposa, la aristócrata Anne Clarissa Spencer-Churchill.

La situación sin precedentes que planteará la eventual victoria de Boris Johnson, quien ya ha anunciado que vivirá con Carrie Symonds en Downing Street si gana, se ha visto además agravada este fin de semana, después de que el viernes pasado la policía acudiera al domicilio de la novia del ex alcalde de Londres alertados por un vecino. Después de oír gritos, varios portazos y un fuerte golpe al que siguió el silencio, este decidió llamar a Scotland Yard y ponerse en contacto con The Guardian. La noticia ha servido para recordar la agitada vida sentimental del candidato, al que a lo largo de su carrera se le han atribuido numerosas amantes, y se ha convertido en un obstáculo en su camino al número 10 de Downing Street.

A raíz de ello, expertos en la familia real británica como Richard Fitzwilliams, comentarista sobre este tema en cadenas como la CNN o la BBC, contemplan la posibilidad de que este año, si finalmente gana, Boris Johnson asista solo a la cita con la reina Isabel II en el castillo de Balmoral. “En circunstancias normales, creo que la Reina ignoraría el protocolo e invitaría a Boris y Carrie a Balmoral. Las costumbres han cambiado y le aconsejarían que fuera el primer ministro quien decidiera con quién ir. Pero este accidente lo cambia todo. Su relación sentimental es claramente más volátil de lo que podía imaginarse. Además de romper el protocolo, se correría el riesgo de avergonzar a la Reina”, explica hoy Fitzwilliams en The Daily Mail.

Otra opción que salvaría el protocolo real consistiría en que Boris Johnson y su novia no duerman bajo el mismo techo que Isabel II y se hospeden fuera de edificio principal del castillo de Balmoral. De aquí a septiembre, el posible primer ministro también tendrían tiempo de casarse con su novia, lo que obligaría a Buckingham a incluir a Carrie Symonds en la invitación. Es lo que hicieron, según los rumores, Nicolas Sarkozy y Carla Bruni, que se casaron en secreto poco antes de su visita oficial a Reino Unido de 2008 para evitar el trago de que les ofrecieran dormitorios separados en el castillo de Windsor.