Rosario: se trata de Juan Pablo Rodríguez, de la Fundación Un Tatuaje por una Sonrisa. Dice que el sueño de la pareja es pasar unos días en Capilla del Monte.

 

Hace algunas semanas el país conocía la historia de abuelos que fueron abandonados en un bar de la ciudad cuando uno de sus hijos les dijo que volvería por ellos y no regresó. La situación trascendió rápidamente y puso en manifiesto los avatares de la crisis económica y el desplazamiento de los adultos mayores que no pueden afrontar sus alquileres.

Hilda y Hugo se transformaron en los protagonistas de miles y miles de muestras de solidaridad por parte de distintas personas de toda la Argentina que no sólo buscaban darles una mano sino también “adoptarlos”.

Entre las manifestaciones de amor y solidaridad, se conoció a través de las redes sociales el testimonio de un cordobés llamado Pablo Rodríguez que además es creador de la fundación un Tatuaje por una Sonrisa y quien ofreció llevar a los abuelos ir a vivir a su casa. Pese a que la pareja fue finalmente llevada a casa de otro de sus hijos, Juan Pablo se quedó con las ganas de conocerlos, y este fin de semana viajó a Rosario para concretar ese anhelo pero también ayudarlos con alimentos y ropa.

Este lunes, en el muro en Facebook de la Fundación contó toda la experiencia y el sueño particular que tienen Hilda y Hugo, viajar algún día para conocer la ciudad de Capilla del Monte. “Hoy por fin pude conocer a los abuelos, Hilda y Hugo, viajamos a Rosario junto a Guille y Julito, anoche repartimos comida en la calle y nos acostamos muy tarde, nos levantamos 6 de la mañana, partimos rumbo a rosario , nos comimos una multa por 7 kilómetros de exceso de velocidad, pero todo valió la pena desde el momento en que se abrió la puerta de la casa de Raúl (otro de los hijos de los abuelos) y allí estaban los dos viejos sentados, tristes y alegres a la vez por la visita de nosotros aunque sin conocernos nos abrazaron de entrada.

Y conto además: “Solo les voy a agregar que ellos únicamente necesitan y desean reubicarse , que el estado u obra social PAMI los ubique en un geriátrico con atenciones mínimas, no necesitan ni ropa ni nada, solo quieren y desean reubicarse y poder terminar sus vidas dignamente. Ojalá algún responsable se haga eco de este pedido”.