Pasaron las elecciones en Santa Fe y el sufragio feminista se encontró con la horma de su zapato: sin un líder claro, se diluyó entre candidatos disímiles, mientras que Amalia Granata supo captar la intención de los votos “pro vida” y logró representación en la Cámara de Diputados.

Analía De Luca

 

La diputada provincial electa Amalia Granata genera pasiones: no es para menos, superó su propia expectativa electoral y, además, superó a candidatos con muchos años de trayectoria y más experiencia en campañas, y con más de 280 mil sufragios fue la tercera fuerza más votada.

Inmediatamente, figuras como Miss Bolivia, Rocío Rial y Pablo Echarri, twittearon contra Granata tras las elecciones. Además, la diputada electa luego se cruzó en televisión con “Pampita” y hasta una obstetra le escribió una carta abierta, que se viralizó en las redes, en la que explicaba la importancia del aborto libre.

Mientras los que adhieren a su postura pro vida se pueden cuantificar en relación a los votos que obtuvo, los que no adhieren se pueden cualificar según sus “opiniones”, sobre todo a través de las redes sociales: que Granata “no estudió” es falso: Amalia Granata egresó en 2015 de la carrera de Periodismo en el ISEC, con certificación oficial en Técnico Superior en Periodismo (DGEGP A-1446); además, cualquier ciudadano tiene derecho a elegir y ser elegido y contar con cierto grado académico no es uno de los requisitos para hacerlo; que Granata “mostró la bombacha que usó cuando durmió con un cantante internacional famoso y ahora finge recato”… su vida privada no debería cuestionarse -al igual que no se lo hace con los demás candidatos electos-, sobre todo cuando el sector que más la ataca, el feminismo radical, ratifica su lucha en el leitmotiv del sexo libre y la soberanía sobre el cuerpo… aparece, cuanto menos, una contradicción; que “representa ideologías conservadoras y obsoletas” también es cuestionable: si bien está acompañada por sectores religiosos conservadores, es innegable que una mujer como cabeza de lista hubiera sido improbable años atrás.

Además, conviene tener en cuenta que no es la primera vez que la mediática se postula a un cargo: había presentado su intención de ser diputada nacional en 2017, entonces sin éxito.

 

El aborto

Al parecer, entonces, el punto álgido contra Granata es -otra vez- solamente el debate por el aborto, como si un diputado provincial tuviera injerencia definitiva sobre una decisión que debe tomar el Congreso de la Nación; como si tener una postura definida al respecto fuera gravísimo, sobre todo cuando muchos otros candidatos “esquivaron el bulto” con respuestas ambiguas sobre su opinión al respecto durante la campaña; y como si el trabajo que fuera a realizar la legisladora electa desde su banca tuviera relación únicamente con la interrupción voluntaria legal del embarazo.

Haciendo un análisis simple, se puede inferir que el éxito electoral de Granata generó cierta conmoción en el sector del feminismo radical porque, en realidad, no se lo esperaban. Sin embargo, hilando más fino, el éxito electoral de Granata también pone a flote las contradicciones del discurso feminista radicalizado: ¿puede o no puede una mujer ejercer su libertad sexual? ¿Puede o no puede una mujer tener opinión formada sobre un tema cualquiera? ¿Puede o no puede una mujer liderar un sector político? ¿Recibe Granata la tan mentada sororidad?

El éxito electoral de Granata también pone a flote las contradicciones del discurso feminista radicalizado: ¿puede o no puede una mujer ejercer su libertad sexual?

 

¿Puede o no puede una mujer tener opinión formada sobre un tema cualquiera? ¿Puede o no puede una mujer liderar un sector político? ¿Recibe Granata la tan mentada sororidad?

 

“Formen un partido y ganen las elecciones”

En tanto Walter Ghione, segundo en la lista de Granata, aseguró que como con el debate por el aborto se encontraron con diputados que “habían dicho una cosa y después votaron de otra”, entonces decidieron ir ellos mismos a representarse en los comicios. “Nosotros decimos claramente que tenemos esta postura y el que no está de acuerdo que no nos vote”, indicó.

Además, aclaró que solo gastaron “20 mil pesos en folletos (…) que no sirvieron para nada”. “Para nosotros fue esencial el uso de las redes sociales. Hicimos mucha campaña ahí y a través de grupos cerrados como Whatsapp. Hoy esas herramientas nos permiten llegar de forma más directa y eficiente”, explicó también.

Es el método que usó el equipo de Jair Bolsonaro (integrado también por sectores cristianos, como el partido de Granata) para ganar las elecciones en Brasil, o Andrés López Obrador en México. Consiste en utilizar las iglesias cristianas (católicas o evangélicas) como los partidos utilizan sus comités o unidades básicas, y movilizar a los creyentes a militar por el partido, con el añadido de las redes sociales, fundamentalmente el uso de Whatsapp.

Así, Ghione le muestra a sus detractores en primer lugar, que tal vez las onerosas campañas tradicionales son algo obsoleto; en segundo término, que las redes sociales se pueden usar, indistintamente, para fustigar a Granata o para que Granata obtenga votos; finalmente, que como también lo había explicado en una oportunidad la ex Presidente Cristina Fernández, la forma de cambiar las leyes no es con marchas ni escraches, sino presentándose a elecciones. Y ganando.