Las tumbas están vacías. Un largo equipo formado por el personal de la Fábrica de San Pedro en el Vaticano, abogados, un perito legal y el profesor de Medicina Legal Giovanni Arcudi se habían personado esta mañana a primera hora en el cementerio teutónico del Vaticano con el objetivo de abrir dos tumbas de dos princesas alemanas fallecidas en el siglo XIX. Pensaban que allí podían estar los restos de Emanuela Orlandi, la hija de un funcionario de la Santa Sede que se esfumó sin dejar rastro hace más de tres décadas. Pero no se encontraban ni siquiera los restos mortales de las dos nobles que supuestamente estaban enterradas allí.

La familia de Emanuela Orlandi no ha dejado jamás de buscarla desde que la adolescente, de 15 años, se esfumó sin dejar rastro el 22 de junio de 1983 cuando se dirigía a la escuela de música de San Apolinar, en el centro de Roma. El caso de la desaparición de la joven, hija de un funcionario vaticano, es uno de los misterios sin resolver más sonados de Roma. El Vaticano se había implicado en la búsqueda este mes de abril, cuando ordenó abrir una investigación, y hace unos días accedió a abrir dos tumbas en el cementerio teutónico que se encuentra dentro de los muros de la Santa Sede para comprobar si la pista que había llegado a su familia tenía fundamentos.

Una pista falsa

Los familiares recibieron el verano pasado una carta anónima que incluía una foto de una tumba en el cementerio teutónico con la frase “busque donde indica el ángel”. Después de algunas investigaciones se descubrió que la tumba fue abierta al menos una vez y que la datación de la estatua es diferente a la de la losa, y también encontraron algunas personas que hablaban de la posibilidad de que los restos fuesen escondidos en el cementerio teutónico, por lo que decidieron pedir al Vaticano su apertura. Este cementerio se encuentra en el mismo lugar donde una vez estuvo el llamado Circo de Nerón, un lugar de martirio para los primeros cristianos.

Las dos tumbas abiertas esta mañana pertenecían supuestamente a Sofía von Hohenlohe, fallecida en el 1836, y Carlota Federica de Mecklemburgo. La llamada tumba del Ángel era donde tenía que estar enterrada la primera, pero la Santa Sede había decidido abrir ambas para que no quedasen dudas en el aire. No ha sido posible ni siquiera realizar los exámenes de ADN previstos. En ninguna de las tumbas había restos humanos, y no sólo eso, sino “que la cuidadosa inspección de la tumba de la princesa Sofía von Hohenlohe ha traído a la luz un gran compartimento subterráneo de unos 4 por 3.70 metros completamente vacío”, ha dicho el portavoz interino de la Santa Sede, Alessandro Gisotti.

El paradero de las princesas

El hallazgo no sólo supone otro revés para la búsqueda de Orlandi, sino que añade todavía más misterio a este caso digno de novela negra: el paradero de las princesas. En Italia la desaparición de Emanuela Orlandi genera una gran fascinación en los medios de comunicación. Era hija de un empleado del Vaticano que trabajaba directamente con el Papa, y se pensaba que la podían haber secuestrado para presionar a la Santa Sede. La adolescente ha sido relacionada con la CIA, el KGB, la mafia siciliana, los agentes búlgaros e incluso con el intento de asesinato del papa Juan Pablo II en 1981 por parte del turco Ali Agca. Cambió de versión varias veces, pero en una ocasión aseguró que tanto Orlandi como Mirella Gregori, otra joven desaparecida el mismo año, estaban vivas, y exigía su puesta en libertad para devolverlas a sus familias.

Otra teoría que ha circulado durante años es que la desaparición fue cosa de la banda de la Magliana, la mafia de Roma en los años 70 y 80. En el 2012 hallaron restos óseos sin identificar junto a la tumba de Enrico De Pedis, el jefe del clan, que donó una enorme cantidad para que le enterraran en la cripta de la basílica de San Apolinar, justo al lado de la escuela de música. La novia de De Pedis, Sabrina Minardi, sostuvo ante un juez que el mafioso la había matado por órdenes del expresidente del Banco Vaticano Paul Marcinkus, que quería “dar un escarmiento a alguien”. La policía italiana exhumó la tumba del mafioso, asesinado en 1990, y los huesos que encontraron cerca para comprobar si eran los de Orlandi. No lo eran.

La teoría de la conspiración volvió a despertarse hace dos años, cuando el periodista Emiliano Fittipaldi publicó un documento obtenido en una caja fuerte del Vaticano que sugería que la Santa Sede estaba implicada en la desaparición, que la niña (ahora tendría 50 años) seguía viva y que se había empleado una gran cantidad de dinero de fondos reservados para que el caso quedase cerrado. El Vaticano lo tachó entonces de “falso y ridículo”.