Hasta ahora sólo Estados Unidos, Rusia, China, India y Japón han conseguido que una de sus naves orbite alrededor del astro vecino.


El restaurante callejero situado en el bazar Kinari, en el centro de Nueva Delhi, está abarrotado. Los que no tienen silla se agrupan y empujan delante de un televisor de plasma en el que el canal de noticias hindú TV9 está retransmitiendo, en directo, el lanzamiento del cohete Chandrayaan-2, que significa vehículo lunar, para dar el tiro de salida a la que será la segunda misión lunar de India con vistas a mandar una tripulada en 2022.

No estaban solos. El evento también ha sido retransmitido por otras cadenas y por las redes sociales con más de 650.000 visionados sólo en Facebook, mientras 7.500 privilegiados han podido ver en vivo cómo los propulsores de los cohetes del Chandrayaan-2 quemaban el suelo y abandonaban la plataforma de despegue en el Centro Espacial de Satish Dhawan, el Cabo Cañaveral indio, situado en el estado de Andhra Pradesh, al sur del país.

“Nos vamos a la luna, no me lo puedo creer”, explica el joven Nayantara, de 15 años, intentando ver algo entre la muchedumbre. Viste harapos, va descalzo y tiene la cara sucia, pero sonríe como si él mismo estuviese dentro del cohete. “Tenemos mucha suerte, ahora el mundo nos mirará con respeto”, añade para, casi inmediatamente, pedirle a este reportero si tiene algo de dinero suelto “para comer”.

En parte, Nayantara tiene razón. Hasta ahora sólo Estados Unidos, Rusia, China, India y Japón han conseguido que una de sus naves orbite alrededor del astro vecino, siendo los norteamericanos los únicos que han llevado a varios de sus astronautas, encabezados por Neil Armstrong, a pisar la luna para que “la humanidad dé un gran salto”, como dijo entonces el comandante del Apolo 11, cuyo 50ª Aniversario se acaba de celebrar y que, el pasado 15 de julio India quiso conmemorar con este lanzamiento. Sin embargo, los problemas técnicos lo impidieron.

“Estoy nervioso, muy nervioso, como esto salga mal o explote vamos a hacer el ridículo”, explica Suraj A.K, de 48 años y tendero de profesión, a la vez que todos los presentes se olvidan del insoportable ruido callejero de Nueva Delhi para escuchar la cuenta atrás. “¡Allá vamos!”, dice una voz entre el gentío. Y así es. A las 14.23 horas el sueño de ir a la luna vuelve a la humanidad. “Esto es un logro para el hombre, pero también para India, creo que voy a llorar”, añade Suraj.

Sin embargo, el debate sobre si vale la pena o no ir a la luna no tarda en surgir. “India es muy pobre, no entiendo por qué nos gastamos tanto dinero en estas cosas. ¿Qué esperan encontrar en la luna? Yo preferiría que lo invirtieran en infraestructuras, hospitales y ayudas a los pobres”, dice R.J. Kapadia, oriundo de Rajastán, pero que pide mantenerse anónimo, quizás por las miradas penetrantes que le echan algunos de los asistentes.

EL PRINCIPIO DE UN VIAJE HISTÓRICO
“Hemos pasado el test brillantemente”, ha informado poco después del despegue K. Sivan, el jefe del lanzamiento. “Esto sólo es el principio de un viaje histórico para India”, ha añadido, mientras el Primer Ministro, Narendra Modi, afirmaba a través de las redes sociales que este evento “ilustra el progreso de nuestros científicos y la determinación de los indios para alcanzar nuevas fronteras en la ciencia”.

¿Cuánto ha costado esta misión? No ha sido barata, unos 141 millones de dólares, pero en comparación con las misiones Apolo de Estados Unidos, que costaron 25.400 millones, parece que la tecnología low cost de India haya conseguido un milagro. Uno que no lo es porque es fruto de los miles de científicos que están detrás de este hito que, por cierto, ha costado mucho menos que la oscarizada película Avatar (237 millones). El presupuesto total del programa espacial es de 1.800 millones de dólares, mucho menos de lo que ganó el film.

Está previsto que el Chandrayaan-2 llegue a la luna el próximo septiembre. El objetivo principal de la nave será intentar aterrizar en la región del polo sur, todavía bastamente inexplorada, para preparar el terreno para otras misiones y realizar experimentos científicos. No hay que olvidar que la Chandrayaan-1, lanzada en 2008, fue fundamental para el descubrimiento de moléculas de agua en la superficie lunar. Y esa también será otra de las misiones cruciales de su hermana: “investigar si hay presencia de agua, o cráteres con registros fósiles del nacimiento del sistema solar”, según la Organización India para la Exploración Espacial (ISRO, por sus siglas en inglés).

Los asistentes al lanzamiento en este restaurante apenas saben nada de los tecnicismos, pero eso no les preocupa: “ver la bandera de India en la luna es mejor que ganarle un partido de críquet a Reino Unido”, dice otro de los que se apretujan delante del televisor, algo nada baladí teniendo en cuenta la obsesión nacional con ese deporte.

Sin embargo, esos tecnicismos también hacen soñar: el vehículo lunar se llama Vikram, como el padre del programa espacial indio, el cual empezó en los años 60, y el rover que recorrerá la superficie se llama Pragyan, o sabiduría, según la traducción del sánscrito, el lenguaje sagrado de los hindúes. “El descenso del Vikram, que durará unos 15 minutos, será un momento terrorífico porque es nuestra primera vez”, ha explicado K. Sivan a NDTV.

Cuando el Chandrayaan-2 se impulsa y empieza a ascender surcando un cielo azul que pronto se transformará en negro espacio, en universo por descubrir, los asistentes vitorean y hay algún aplauso. “Los indios vamos a ser los segundos en poner un hombre en la luna, te lo aseguro”, cuenta Rajesh, de 37 años y abogado de profesión, sudando la gota gorda bajo un traje y corbata demasiada apretada, cuando la emisión finaliza y el camarero vuelve a poner el canal de 24 horas de críquet. El sueño de India de llegar a la luna sólo acaba de empezar.