Bergoglio escribe una carta en la que agradece a los curas “que trabajan en la trinchera” y “dan la cara continuamente”, pese al horror de los abusos sexuales y de poder de una minoría, y “el tenue susurrar del ‘siempre se hizo así’”

“Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano”

“No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas”
04.08.2019 Jesús Bastante

Pese a la crisis vocacional, los pecados (y delitos) de algunos de sus miembros y una sensación de “cansancio, fatiga, enfermedad o desolación”, el Papa Francisco ‘se la juega’ por sus curas. Por eso, con motivo del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, ha escrito una carta a los sacerdotes de todo el mundo en el que les agradece “vuestro valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio”.

La misiva, dividida en varios apartados (Dolor, Gratitud, Ánimo y Alabanza) comienza recordando a aquellos presbíteros que “sin hacer ruido lo dejan todo para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades”. Curas que “trabajan en la trinchera”, y “dan la cara continuamente”. El Papa quiere dirigirse a tantos curas que “de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal”.

Un tiempo de sufrimiento
La situación no es para menos: “En estos últimos tiempos hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual por parte de ministros ordenados”, admite Francisco, que reconoce que estamos ante “un tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios”.

“estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse”

“No es tarea fácil y de corto plazo, reclama el compromiso de todos. Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano”, se compromete Francisco.

Indignación e impotencia
El horror de los abusos en la Iglesia “no es indiferente tampoco a los presbíteros”, constata el Papa, que recuerda sus encuentros personales con sacerdotes que muestran “su indignación, y también cierta impotencia” al sentirse señalados y ver la desconfianza en el pueblo.

“Sin negar y repudiar el daño causado por algunos hermanos nuestros sería injusto no reconocer a tantos sacerdotes que, de manera constante y honesta, entregan todo lo que son y tienen por el bien de los demás”, señala Bergoglio.

“Son innumerables los sacerdotes que hacen de su vida una obra de misericordia en regiones o situaciones tantas veces inhóspitas, alejadas o abandonadas incluso a riesgo de la propia vida. Reconozco y agradezco vuestro valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio”.

Recordar la “chispa” de la vocación
Por otro lado, y recordando a uno de sus maestros, el padre Lucio Gera, Francisco invitó a “la memoria deuteronómica de la vocación”. Esto es, la vuelta a la “chispa” del comienzo del camino, a recordar por qué se hicieron sacerdotes. “Un día pronunciamos un “sí” que nació y creció en el seno de una comunidad cristiana de la mano de esos santos «de la puerta de al lado» que nos mostraron con fe sencilla que valía la pena entregar todo por el Señor y su Reino”, sostiene el Papa.

“En momentos de tribulación, fragilidad, así como en los de debilidad y manifestación de nuestros límites, cuando la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación fragmentando la mirada, el juicio y el corazón”, apunta el Papa, es preciso agradecer la fidelidad por los compromisos contraídos.

“Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas”, añade el Papa, quien invita a seguir dando “testimonio de perseverancia y aguante en la entrega pastoral”. “Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación, sin rigorismos ni laxismos, haciéndose cargo de las personas y acompañándolas en el camino de conversión”, añade.

Proximidad y cercanía con el que sufre
“Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola”, porque “nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente”.

Junto a la gratitud, Bergoglio quiere animar a los sacerdotes, que no son “inmunes al sufrimiento, al dolor e inclusive a la incomprensión”. Así, el Papa les pide “preguntarnos cómo enfrentamos el dolor”, y a no desilusionarse “con la realidad, con la Iglesia o con nosotros mismos”.

Una tristeza, advierte el Papa, que “lleva al acostumbramiento y conduce paulatinamente a la naturalización del mal y a la injusticia con el tenue susurrar del ‘siempre se hizo así’”.

“La oración del pastor se nutre y encarna en el corazón del Pueblo de Dios”, señala Francisco. “Hermanos, reconozcamos nuestra fragilidad, sí; pero dejemos que Jesús la transforme y nos lance una y otra vez a la misión. No nos perdamos la alegría de sentirnos “ovejas”, de saber que él es nuestro Señor y Pastor.”.

Dos recetas
Para ello, el Papa da dos recetas. La primera, “no desvincularnos de Jesús”. La segunda: “acrecienten y alimenten el vínculo con vuestro pueblo”. “No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas”, pues “un ministro animado es un ministro siempre en salida”.

Francisco concluye advirtiendo: “Hermanos, el dolor de tantas víctimas, el dolor del Pueblo de Dios, así como el nuestro propio no puede ser en vano. Es Jesús mismo quien carga todo este peso en su cruz y nos invita a renovar nuestra misión para estar cerca de los que sufren, para estar, sin vergüenzas, cerca de las miserias humanas y, por qué no, vivirlas como propias para hacerlas eucaristía”.

“Nuestro tiempo -añade-, marcado por viejas y nuevas heridas necesita que seamos artesanos de relación y de comunión, abiertos, confiados y expectantes de la novedad que el Reino de Dios quiere suscitar hoy”.