En la recta final hacia la encuesta oficial (PASO), irrumpe el dólar como elemento que siempre está, pero en este caso pasaría a primer plano.

Por Pablo Benito

Con la “argentinidad al palo”, solemos creer que el mundo gira alrededor de nuestro ombligo nacional. En la semana previa a las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), se recalentó las “Guerra Tibia” comercial entre China y EEUU.

El dólar estadounidense se plantó frente a la devaluación de las demás monedas internacionales, en un contexto de escalada agresiva de Donald Trump con el intervencionismo estatal a todo vapor sobre los aranceles importadores. Intervencionismo, sí.

No son los Fernández, ni Macri, no es Lavagna. ¿A quién puede perjudicar esta devaluación del peso? La pregunta es tonta, pero deberá tener respuesta: a la mayoría de los argentinos en su cotidianidad. Como es habitual.

 

¿Fin del periodo conservador?

La gestión Macri, de 3 años y medio a cargo del gobierno, modificó el modelo económico nacional y cambió el rumbo del barco de las finanzas. La metáfora sirve para explicar que se abrió al mundo, pero como se trata de un barco, por esa apertura entro agua. El barco no se hundió, pero anda tocando fondo y encallando apenas pretende alejarse de la costa.
La suba del dólar ¿es un invitado inesperado al tramo final de las PASO? Sí y no. Sí porque no se lo esperaba. No porque el nuevo modelo económico tiene alergia a los males financieros mundiales y un sarpullido en Wall Street debe ser rascado, fuertemente, por el FMI en Casa Rosada.

Valdría preguntarse si en las próximas elecciones administrativas se eligen modelos. Cómo queda la Argentina post- Macri (primera gestión); la pregunta podría ser si los modelos en pugna tienen dos centros, geográficos, neurálgicos. Washington y/o Pekín.

Si los Fernández no tienen, en su programa, transitar la áspera “Ruta de la seda”, difícilmente pueda existir “cambio de modelo”. Una transformación necesita financiamiento, incluso para renegociar con buitres y lobos vestidos de cordero (FMI).

¿Qué pasa mientras votamos?

En los primeros días de agosto el peso se devaluó 1,6% y volvió a colocarse arriba de los $ 45. En el inicio de la semana, decisiva para las PASO, el Banco Popular de China, dejó caer, el yuan, en relación al dólar, cuatro días después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, usara twitter -nuevamente- para anunciar una suba de los aranceles de importación a productos de origen chino. Esta deliberada decisión del gigante asiático no se daba desde 2008, con lo que puede deducirse que se aproximan momentos importantes en lo que es la “Guerra Tibia” comercial.

Puede leerse como una fortaleza de la Reserva Federal en términos financieros. A la inversa, puede interpretarse como una debilidad de la economía norteamericana frente al avance de la escala de producción china que se lleva puesta a la omnipotencia americana y la obliga a reaccionar.

En el plano social, cultural y político de ambos países, hay una clara demostración de la conducción del presidente Xi Jimping, al tener suficiente autoridad y control sobre la sociedad como para reaccionar con una devaluación programada, aguantando el fustazo, sobre la aplicación de aranceles a unos u$s 300.000 millones, en productos, que EE.UU. importa desde China.

 

Efectos colaterales

Mientras, en EE.UU., se suceden eventos de extrema violencia racial con masacres de supuestos “lobos sueltos”, como ha ocurrido el último fin de semana en Texas, con un saldo de 20 muertos y 26 heridos en manos de un ciudadano estadounidense que aseguró haber querido “matar a la mayor cantidad de mexicanos posible” con su demencial acción. El lobo era solitario, pero apenas desprendido de la manada. Una serie de datos son incendiarios; se trata de efectos colaterales de la impronta cultural nacionalista enarbolada por Trump para sostener la “economía de guerra”.

La masacre se produjo en Texas en donde los republicanos dirigen sus cañones por considerar que es un bastión histórico que puede frustrar el intento reeleccionista de Trump. En el relato oficial se relaciona tal posibilidad a la radicación, numerosa, de hispanos en el Estado petrolero.

Lejos de condenar el hecho de manera contundente, el mensaje de Trump parece un llamamiento al “terrorismo doméstico”, convocando a demócratas y republicanos a la aprobación de una ley de inmigración aún más dura.

Mientras las estrategias de control social y cohesión cultural de Trump, son caóticas y violentas, China, parece tener todos los anticuerpos, en alerta, para resistir los embates norteamericanos.

Ni bien comenzada la segunda semana de agosto, Trump manifestó que “China bajó el precio de su moneda a un mínimo histórico. Se llama ‘manipulación monetaria‘”. Luego de la suba de aranceles, la declaración parece una manifestación más de impotencia. Una acusación, absurda, a la soberanía de una nación por mantener su soberanía monetaria. Y un desesperado llamado a la Reserva Federal a manejar la agenda impuesta por Donald.

Efectos electorales

La suba del dólar, es inevitable y el propio Banco Central ha decidido no remar, tanto, contra corriente, interviniendo sólo en el mercado de dólar futuro y en la toma de Leliqs, pensando, quizás, en morigerar el impacto de esta nueva devaluación -en ciernes- mirando a octubre. Lo cierto es que la aceleración de las condiciones externas que determinan nuestra economía doméstica, más dependiente que soberana, marca el vértigo de la política y destroza los prejuicios. El modelo “Cambiemos”, puede recibir un cachetazo importante con lo que es apenas un síntoma -la devaluación- en un panorama geopolítico que parece a punto de estallar. “Abiertos al mundo”, no sólo las esquirlas afectan el día a día nacional, sino que la onda expansiva no encuentra límite al llegar al sur del mundo latino.

La pelea en “cancha reducida” entre Fernández-Fernández y Macri-Picheto es acercarse o alejarse de la discusión económica. Alberto ha planteado en el tramo final a las PASO la necesidad de crecer para pagar deuda y pone al FMI en el centro de la escena. Macri pide que sus votantes no tengan vergüenza de manifestar que lo votaran, quizás para relativizar el resultado de las encuestas que estarían dándolo abajo entre un 5 y un 7 %.

Datos demasiado finos e irrelevantes. La suba del dólar, en la Argentina, es un huracán que se lleva puesta la agenda política e instala, nuevamente, la recesión como objeto que puede ir para el lado de la reactivación o caer en una depresión histórica en un contexto internacional negativo, para la estructura económica actual de la Argentina.

Sí, es la clase media la que puede ser influida por este “último momento”, pero la geopolítica puede, en vías a octubre, volcarse a la habilitación de un cambio de modelo mirando más a oriente que al norte. Todo mientras un sobre entra en la caja de cartón.